LAS DICOTOMÍAS DE MISHIMA. Talleres de escritura en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE. Clave 49

21 Nov

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   “Los años verdes”, “El templo del alba” y “Después del banquete” protagonizarán nuestro próximo tributo a uno de los grandes maestros de la literatura japonesa. A los encuentros literarios y talleres de escritura en Valencia adscritos a LIBRO, VUELA LIBRE llegan esta semana las dicotomías de Mishima y los desafíos de la clave 49, que tomarán como punto de partida las instrucciones de los tres sobres plateados de la última consigna  y de estos tres fragmentos propuestos por nuestro club de lectura lunar:

Encuentros literarios y talleres de escritura creativa en Valencia adscritos a  LIBRO,VUELA LIBRE. Clave 49: LAS DICOTOMÍAS DE MISHIMA. Club de lectura

talleres-de-escritura-valenciaLos años verdes, de Yukio Mishima

“El gran problema de la teoría del interés sería resuelto si se investigara el error que hay en la teoría de la plusvalía. De cualquier modo, la teoría de la economía depende de la voluntad individual. Resulta fácil ignorar esa teoría si no se le da importancia. Pues bien, el materialismo es un hijo natural del prejuicio capitalista que afirma: «No hay nada que no se pueda comprar con dinero» o «con dinero se puede comprar cualquier felicidad». Makoto, por lo tanto, iba más allá; era mucho más progresista. Desde un principio, convencido de que lo material jamás sirve para crear la felicidad del ser humano, aprobaba tranquilamente la existencia del interés. Y si el materialismo erige al proletariado como ejemplo, Makoto hace lo propio con un leproso y una mujer estrábica.

Este extraño idealismo de Makoto se manifestaba de forma evidente en su «solución mental». En la hipótesis de que el mismo Makoto pudiera solucionar el problema de la felicidad por la vía de la razón, un problema que el materialismo pretende solucionar por la vía de la economía, alguien con tendencia a sacar conclusiones precipitadas podría pensar que Makoto cree en Dios. Nada de eso; en lo que él cree es en una razón manejada a su manera y en leyes que son productos de esa misma razón. Dicho lo cual, habrá otras personas que opinen, también precipitadamente, que la manera de pensar de este joven es propia de la Ilustración. Pero tampoco es eso.

Lo que más le interesaba a Makoto cuando estaba en la universidad, ya antes de irse al frente, era el derecho penal. Desde la aparición del penalista Ferri se viene discutiendo mucho sobre el punto de vista nuevo y antiguo en esta ciencia del derecho penal. Los partidarios del primero, de tendencia socialista, sostienen el fin instructivo de las penas y están a favor de la abolición de la pena capital. El segundo, por su parte, con tendencias nacionalistas, subraya la importancia del carácter del derecho penal como derecho público. Para Makoto, una sociedad ideal está constituida sobre los elementos contradictorios inherentes en el derecho penal.

Resulta difícil acotar las nociones que los jóvenes de la posguerra japonesa tenían sobre sus extravagantes ideales.”

Yukio Mishima, Los años verdes

talleres-de-escritura-valenciaDespués del banquete, de Yukio Mishima

“Para ser de invierno, aquel día había sido anormalmente cálido. Por la tarde Kazu asistió en el auditorio de Ginza a un recital de piano interpretado por la hija de cierto industrial que frecuentaba el Setsugoan. Cuando entre dos luces, y desde una ventana del quinto piso, contempló Ginza, claramente visible la imagen desacostumbrada de la línea desigual de los tejados, Kazu experimentó por la calle un afecto que nunca le había inspirado.

Aquí y allá comenzaban a brillar las luces de neón, y a lo lejos, la estructura metálica y las grúas de un edificio en construcción, tendidas en diagonal contra el pálido azul del cielo, se dibujaban punteadas de lucecitas intermitentes: el panorama que desde allí se contemplaba parecía exactamente el de un extraño puerto que flotara sobre la tierra. Un globo publicitario rojo y blanco, que había descansado de su trabajo diurno sobre la terraza de una casa próxima, iniciaba ahora una insegura ascensión en el cielo del ocaso, alzando un largo gallardete con un anuncio luminoso.

Kazu advirtió cuánta gente se movía a la luz del crepúsculo por encima del nivel del suelo. Dos mujeres con idénticos abrigos rojos ascendían por la escalera de incendios de la parte posterior de una casa. Una mujer con un niño sujeto a la espalda recogía las camisas que colgaban de una cuerda tras un panel publicitario situado en lo más alto de un edificio comercial. Tres hombres con blancos gorros de cocineros habían aparecido en una sucia azotea y se encendían entre sí unos cigarrillos. Estaban desocupadas las sillas junto a las ventanas del cuarto piso de la nueva construcción al otro lado de la calle, pero Kazu captó los pies de una muchacha de medias rojas cuando cruzó sobre una alfombra verde en la parte posterior de una oficina. Había algo curiosamente pacífico en los movimientos de todas aquellas personas…”

Yukio Mishima, Después del banquete

talleres-de-escritura-valenciaEl templo del alba, de Yukio Mishima

“El rey acosó al anciano con la investigación en espiral del diálogo griego, pidiéndole una prueba del altruismo del budismo e inquiriendo por qué pasan a través del samsara aquellos hombres que no poseen “yo” y respecto de la esencia que está sometida a la ley del samsara. Porque si el samsara tiene lugar a través de una secuencia de causas y efectos-una buena causa produce como premio un buen efecto, una mala causa otro malo- entonces tiene que existir una sustancia primera y eterna responsable de las acciones causales. Pero el atman, que fue reconocido como tal en los días de los Upanishads, había sido categóricamente rechazado en las enseñanzas del Abhidharma que caracterizaron a la escuela a la que pertenecía Nagasena. Por obra de esta doctrina y de su ignorancia del complejo sistema de Sólo Conciencia que se desarrolló más tarde, Nagasena se limitó a replicar:

-En el samsara no hay lugar para la esencia.

Pero Honda advirtió una belleza indescriptible en la parábola que Nagasena empleó para explicar el samsara y la transmigración, la de una bujía sagrada cuya llama no es igual en el ocaso, a medianoche y al alba y, sin embargo, tampoco es diferente porque el mismo pábilo continúa ardiendo a lo largo de la noche.”

Yukio Mishima, El templo del alba

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