JUEGOS LITERARIOS. Taller de escritura, clave J-27

11 Jun

Juegos literarios en el taller de escritura

   Juegos literarios de la clave J-27. Tres flores literarias llegan esta vez al taller de escritura adscrito a LIBRO, VUELA LIBRE en Valencia para que puedas disfrutar de otra de las experiencias creativas para fortalecer la imaginación que, a lo largo del año, ofrece su programa de liberación de talentos en curso.

Pon atención, según las instrucciones que hayas recibido en tu grupo, a la bandeja de palabras o a los tres fragmentos con los que trabajaremos en este juego literario las instrucciones de la clave J-27, porque una flor púrpura, otra azul y otra roja completarán este panel de juego de los torneos literarios, abrirán nuestro siguiente bloque de “Escritores que crean escuela” y formarán parte de los próximos tributos de las cadenas literarias de LIBRO, VUELA LIBRE a la narrativa de Chimamanda Ngozi Adichie, Penelope Fitzgerald y Vsévolod Garshin.

Torneos de escritura de Libro vuela libre en curso. BANDEJA DE PALABRAS de los juegos literarios de la clave J-27

Brazos apretados, corredores y salas, flor escondida, tazón de escaramujo, desnudarse por la noche, estampado púrpura, sol del mediodía, tela metálica, ombligo erguido, deambular inquieto, pastel de calabaza, planes futuros

 

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 Taller de escritura: JUEGOS LITERARIOS, fragmentos de la clave J-27

Juegos literarios de los talleres de escritura creativa de Libro, vuela libre en Valencia, clave J-27. Vsévolod Garshin, fragmento de “ La flor roja”:
“En el hospital encendieron las luces. En espera de la comida, la mayoría de los enfermos se recostaba en sus lechos, con excepción de algunos que deambulaban inquietos por el corredor y las salas. El enfermo, con su flor, estaba entre estos últimos. Caminaba con los brazos apretados –en forma de cruz– convulsivamente contra su pecho. Parecía como si quisiera aplastar, deshacer la flor escondida.”

Juegos literarios del taller de escritura creativa de Libro, vuela libre en Valencia, clave J-27. Penelope Fitzgerald, fragmento de “La flor azul”
“—¿Escribir? —repitió su madre, desconcertada.
—Sí, y para ello necesitará una mesa. —Sidonie aprovechó la ocasión—. Y, si quiere lavarse, también necesitará una jarra de agua y una palangana, sí, y un cubo para el agua sucia.
—Pero Sidonie, ¿te crees que no va a saber lavarse con la bomba? Todos tus hermanos se lavan así.
—Y tampoco hay sillas en el dormitorio, para que pueda dejar la ropa por la noche.
—¡La ropa! Todavía hace demasiado frío como para desnudarse por la noche. Yo no me desnudo por la noche, ni siquiera en verano, desde hace por lo menos doce años.”

Juegos literarios del taller de escritura creativa de Libro, vuela libre en Valencia, clave J-27. Chimamanda Ngozi Adichie, fragmento de “La flor púrpura “
“Hasta las manchas de la piel debidas a la edad brillaban en sus manos y en sus piernas. No aparté la vista, aunque sabía que era pecado contemplar la desnudez de otra persona. Las arrugas de su vientre no parecían ya tan numerosas, y su ombligo estaba más erguido a pesar de estar aún escondido entre pliegues de piel. Entre sus piernas colgaba un capullo flácido cuya piel se veía más lisa, libre del entramado de arrugas que cubría el resto de su cuerpo como una tela metálica. Recogió la bata y se la ató en la cintura con un nudo. Sus pezones parecían pasas arrugadas entre los escasos mechones de vello canoso del pecho. Aún sonreía cuando, en silencio, me di la vuelta y me dirigí al dormitorio. Yo nunca sonreía después de rezar el rosario. En casa, nadie lo hacía.”

30 comentarios para “JUEGOS LITERARIOS. Taller de escritura, clave J-27”

  1. droyiland 24 de diciembre de 2020 a 17:51 #

    Alma Marina

    Esperaba a que todos durmiesen para escabullirme en esa mansión llena de corredores y salas.
    Desnudarme por la noche, meterme en el mar y sentir como si el agua tuviese unos brazos apretados que acariciaban cada centímetro de mi piel. Aquel era mi ritual, mi único momento de paz y calma, mi reencuentro conmigo misma.
    Una noche en la que me disponía a repetir mi rutina nocturna, escuché un deambular inquieto tras de mí, me giré y no había nadie. Supuse que serían imaginaciones mías, fruto de mi cansancio, y continué con mi paseo hacia la playa. Una vez allí, sentí que un cuerpo delgado pero esbelto se apretaba fuerte contra el mío.
    – ¿Por qué te bañas todas las noches desnuda? –me susurró una voz que me hizo erizar la piel. Me giré y ahí estaba la señorita Alma.
    -Alma, sabes que nos pueden ver. Si se enteran tus padres, me echarán de la casa y a ti te enviarán a un convento – dije obviando su pregunta.
    – ¿Sabes que esta playa es mágica? Cuenta la leyenda que dos enamorados se adentraron en este mar a la luz de la luna y nunca más se supo de ellos. Hay gente que dice que solo fueron unos pobres desgraciados que se ahogaron, pero yo pienso que su amor era tan fuerte que el mar les concedió el deseo de vivir su romance lejos de este pueblo lleno de cotillas y gente sin vida propia.
    -Qué inocencia tienes, mi niña. Por eso me cautivas; ojalá el mundo real fuese el que ven tus ojos –le contesté apartándole un mechón de pelo rubio que caía sobre su cara de porcelana.
    Alma se deshizo de su camisón estampado púrpura, dejándome contemplar la blancura de su delgado cuerpo. Su ombligo erguido por su juventud, con tres pecas rodeándolo, eran mi universo prohibido.
    – ¿Qué haces? Estás loca, Alma.
    Me cogió de la mano y nos adentramos en el agua, que estaba más fría que de costumbre. Parecía una tela metálica. El oleaje chocaba con fuerza contra nuestros cuerpos desnudos y Alma se aferraba a mí acurrucándose en mis pechos con temor.
    En medio de aquella marejada le levanté la cara con delicadeza para que me mirase y nos fundimos en un beso apasionado que nos hizo cerrar los ojos, como si nuestros labios fueran botes salvavidas. Inmersa en aquel beso, sentí un sol de mediodía sobre mi piel, abrimos los ojos a la par y el paisaje había cambiado. Estábamos en otro mundo; el agua era cristalina. Miré hacia abajo y los pequeños peces jugaban entre los dedos de mis pies.
    -Este es el primer día de nuestra verdadera vida –Alma me miró sonriéndome, haciéndome sentir la mujer más afortunada de la tierra.
    Aquella playa era hermosa, tenía una cabaña de madera con todas las equipaciones posibles. El tiempo se paró en aquel paraíso en el que no había planes futuros.
    Estábamos en otro universo, en el que no existían las sirvientas ni las señoritas de alta cuna.
    ¿Qué era aquello: sueño, realidad o muerte? Cualquiera de las tres opciones era válida. Nuestro deseo silenciado de hacer posible nuestro amor se había cumplido.

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  2. Yuni.co 29 de diciembre de 2020 a 10:21 #

    Capitán Christmas se había metido en un buen lío, con las manos atadas y una cuerda metálica apretándole los brazos,
    intentaba idear un plan de escape; pero,
    una bestia verde, de orejas alargadas con una camiseta de estampado púrpura brillante no le dejaba pensar.

    — Veo que necesitas ayuda- Dijo entre risas con su irritable voz.

    — ¡Oh! Qué gracioso Bunnyscruch – Contestó sarcásticamente- ¡No te servirá de nada tenerme aquí encerrado! Tus planes de acabar con la navidad son inútiles, la gente siempre tendrá ilusión y los niños seguirán cantando villancicos; en el colegio, en sus casas… ¡En todas partes!

    — ¡Mientes! – le interrumpió la bestia – Mi plan es perfecto, nadie me impedirá borrar esta absurda fiesta – continuó mientras cerraba la celda.

    Cuando Bunnyscruch se fue, Capitán Christmas consiguió conectar el auricular y llamó a su hermano.

    — ¡Mateo! ¡Mateo! ¡Creo que la he liado!

    — ¡Tommy! – contestó – Mamá te está esperando para cenar ¿Dónde estás? Hay pastel de calabaza de postre.

    — ¡Bunnyscruch me ha encerrado, intenta acabar su plan!

    — Mandame las coordenadas, voy en seguida.

    Tommy se las apañó para activar el localizador, cuando de repente le entró una llamada.

    —¿Diga?

    — Amor, soy yo – Dijo una chica

    — Samy ¿Cómo estás?

    — Bien ¿Y tú?

    El chico miró a su alrededor y contestó:

    — Bien, en mi cuarto.

    — Me alegro, ¿Al final quedamos mañana?

    — Sí, claro.

    — ¡Que bien! Bueno mañana hablamos, me voy a cenar, te quiero.

    — Yo mas.

    Al colgar oyó romperse un cristal y las sirenas de la policía.

    Mateo entró por la ventana y desató a su hermano

    — Corre, vámonos, la policía se ocupará de él.

    De camino a casa Tommy le preguntó a Mateo:

    — No quiero mentirle más a Samy, ¿Qué debo hacer?

    — Tío, tienes que hablar con ella, o se lo dices o creo que la tendrás que dejar – contestó.

    — Hablaré con ella.

    Al día siguiente Tommy y Samy quedaron en la cafetería y cuando el camarero les terminó de atender Tommy dijo:

    — Samy, tengo que decirte una cosa.

    — ¿Qué ocurre? – Preguntó preocupada.

    —Eres muy importante para mí y quiero que haya plena confianza entre nosotros, pero, hay una cosa que no te he contado – Hizo una pausa para armarse de valor – Esto… Pues… Lo que quería decirte…

    — Tommy – le interrumpió la chica – No pasa nada, confío en ti, no hace falta que nos lo contemos todo, no te preocupes.

    Samy se levantó y le abrazó con todas sus fuerzas

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  3. El León juerguista 29 de diciembre de 2020 a 11:26 #

    La Reina Pícara

    Por los corredores y salas de palacio caminaba la Reina Cristina. Era bella entre las bellas, pero todavía, su Alma era más bella. Llevaba una flor escondida en el pecho que ella había cogido del bosque y que más tarde, su ayudante le serviría en forma de razon de escaramujo. La Reina estaba prometida al príncipe Alberto. De ese modo, una nueva era de grandeza se abriría en su reino. Sus recursos se complementarán con los de la noble nación del príncipe. Pero Cristina conoció a Eduardo en una recepción de palacio y entre ellos surgió el amor. Su camarista al ayudarle a desnudarse por la noche y quitarle su precioso vestido estampado púrpura observo su deambular inquieto por el aposento. Pasaron los días, y en el salón del palacio la Reina y su corte estaban esperando la llegada del Rey Ernesto, el padre del príncipe Alberto. Hizo su aparición el Rey que beso la mano de la Reina
    Os doy mi cálida bienvenida. Pero a continuación, la Reina dijo: no puedo aceptar este enlace. Señora, ¿qué decís? Yo nunca hubiera conseguido la felicidad con el príncipe Alberto. Más adelante os desvelaré mis planes futuros.

    La Riojana

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  4. Alma Viva 1 de enero de 2021 a 9:58 #

    LUNA ROJA

    En aquella noche, clara como ninguna
    yacía en mis pensamientos
    hipnotizado por la media luna.

    Ella me miraba silenciosa
    viendo desnudarse por la noche
    a mi alma que recién le abría.

    No había sitio para las palabras,
    la prosa de sus ojos
    suficiente para llenar el vacío
    suficiente para ahogar mi odio
    y brindarme calma sin brío.

    Mantuvimos los brazos apretados
    apretando uno frente al otro;
    no existía ningún sol del mediodía
    que nos despertara de aquel momento,
    de aquel espacio comprendido
    presentado por nuestros dedos.

    Los planes futuros eran ya presentes,
    su mirada con la mía
    tan fuerte como la llama de mi corazón:
    pleno, alocado, lleno de vida.

    Dejamos pasar la noche,
    quedando abrazados sin esperanza
    pero felices con nuestra templanza.

    No podía imaginar otro futuro,
    otro tiempo imperfecto más
    que el perfecto pasado contigo.

    Luna de mil ojos quedo agradecido.

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  5. Mathias Reitz 1 de enero de 2021 a 13:24 #

    Un día más, el último, mi último.
    El agudo tintineo de las llaves del guarda indica el cambio de turno. Debe faltar poco para que amanezca. El aroma a rocío y humedad convergen en una fragancia que invade el habitáculo. Esta noche ha llovido.
    El tiempo penetra por los oxidados barrotes de una celda que enclaustra un alma perdida, un alma moribunda, un alma que, en algún tiempo mejor, tuvo planes de futuro. El tiempo penetra, pero no por completo. Se asoma y saluda; cómo una niña curiosa que se interesa por una desgracia que no comprende. Pero al menos su saludo es sincero.
    Una dualidad emerge de mí y se rebela, lo niega y no lo quiere aceptar. Pero es inútil, aún el día de hoy, el último de todos. No recuerdo el origen, no recuerdo el motivo, solo la soledad; una compañera de viaje, una vieja amiga. Conmigo vino y conmigo se irá.
    Un pequeño tragaluz se oculta tímido en lo alto del cubículo; cada día más apagado, más triste; como si de una metáfora de mi propia alma se tratase. La frágil tela metálica que recubre la ventana, filtra, hasta casi desvanecer, los rayos del sol de mediodía.
    En el suelo, junto a la esquina, un comedero metálico alberga los restos del que fue mi último pastel de calabaza. El momento se acerca y arranca en mí un deambular inquieto que se intensifica exponencialmente cada segundo. Solo queda que la muerte y la soledad me acojan con mis brazos apretados entre los suyos.
    Un día más, el último, el mejor de todos.

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  6. Bill Denbrough 1 de enero de 2021 a 18:54 #

    El sol del mediodía despuntaba sobre la tela metálica que cubría a los niños, no sabían porque aquellos hombres los mantenían encerrados allí, ni tampoco porque estaban obligados a desnudarse por la noche. Cuando la luna estaba mas alta, unos hombres con batas blancas les tomaban la temperatura y les sacaban sangre. Las caras de los niños, escuálidas y pálidas, se reflejaban en el cristal de aquellas mascaras

    Julián, a pesar de su corta edad, había calculado que al menos 30 soles habían pasado por la tela, y que por lo tanto, hacia un mes que le habían separado de sus padres. A la hora de dormir, tras las inyecciones, soñaba con aquellos corredores y salas que atravesó la primera noche. Aquella vez, allí solo estaba él, y por el cristal observaban como lloraba desconsolado, a los diez soles no pudo llorar más y solo podía deambular inquieto

    Los niños no paraban de llegar, algunos más pequeños y otros más grandes, los que llevaban más tiempo paseaban mirando al suelo en busca de quién sabe qué, y los mas recientes lloraban sentados con la espalda apoyada en el cemento. Julián se preguntaba si todos vendrían de aquellos edificios extraños donde enviaron a sus padres al empezar a toser, allí todos tosían, menos él, si lo hubiera sabido habría intentado toser.

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  7. Luz trascendente 2 de enero de 2021 a 13:10 #

    SEMILLAS GERMINADAS QUE ESTÁN POR LLEGAR

    Brazos apretados que no pudieron abrazar a sus seres queridos y añoraron el sentimiento y el afecto expresado en un gesto.
    Planes futuros que fueron diseñados para un tiempo incierto e indefinido, para “cuando todo pasase”.
    Ventanas adornadas de telas de estampados purpúreos, con mensajes de esperanza y el deseo de que “todo iría bien”.
    Tiempos perdidos deambulando inquietos por corredores, salas y pasillos que acabaron mirando por la ventana al sol del mediodía.
    Flores escondidas.
    Abrazos reprimidos.
    Suspiros deseados.
    Palabras no expresadas.
    Tiempos confinados que gestaron enterradas semillas, que germinan en silencio y luchan por brotar ante la vida nueva que está por llegar.

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  8. IRIS FLOWER 3 de enero de 2021 a 18:17 #

    IRIS FLOWER:
    Ver a Eric por las mañanas tomándose su tazón de escaramujo, acompañado de un trozo de pastel de calabaza, me producía náuseas; ésa imagen tan cotidiana, me invadía una célula cancerígena alojándose en los rincones más oscuros de mi ser.

    Me tenía recluida en un edificio de largos corredores y salas espaciosas, con las paredes forradas de un vomitivo estampado púrpura.

    Por las tardes, si tardaban en llegar algunos de sus amigos, “bastardos ” es el nombre correcto, se ponía a deambular inquieto, y con los brazos apretados me golpeaba la cara, después me mandaba a una sucia habitación para que me secara las lágrimas. En esos momentos, la necesidad de mi alma y mi fé ciega, hacían agarrarme a una flor escondida llamada Iris; recordándome mi infancia, y suplicandole que me librara de éste sufrimiento, aún sabiendo que nadie acudiría a mis lamentos de dolor.
    Gritos vacios…gritos sin eco.

    Cuando acababa el día, Eric venía a buscarme para hacer lo que más le gustaba; desnudarse por la noche, sentarse al borde de la cama, y obligarme a que me pusiera de rodillas, y me acercase a él lentamente, imitando a un animal. Confiado en su arrogancia, esperé en atacarle en su momento más vulnerable. Armada con una cuchilla de afeitar, cuando oí sus gemidos, en un movimiento rápido y preciso; comencé a cortarle el cuello , cuanto más notaba sus gotas de sangre salpicando mi cuerpo, mi placer aumentaba.

    Un año ha pasado desde que maté a Eric, y ahora aquí desde mi celda, puedo ver el sol del mediodía entrando por la minúscula ventana, y soñando unos planes de futuros diferentes ,de los que él tenía pensados para mí.

    Mi alma por fin descansa, y de alguna manera me siento libre. Mi intención no es justificar lo que hice, pero pienso que son actos de la naturaleza del mal; habita en cada uno de nosotros. Todos tenemos un demonio dentro: la diferencia reside en el motivo, no en la persona.

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  9. Sombra 3 de enero de 2021 a 18:35 #

    MI PEQUEÑA VENTANA

    Le veo, desde mi pequeña y alargada ventana. Recorro los tejados de tiza, las calles de piedra y las plazas silenciadas por el frío, hasta llegar a vislumbrar las copas de los anaranjados árboles.
    Con su torpe caminar y su deambular inquieto entre los matorrales. En un ridículo intento por orientarse en la oscuridad, en busca de un lugar seguro.
    Y lo encuentra. Una pequeña cabaña colonizada por suave musgo y recubierta de hojas de parra. Abre su ajada puerta. Coge mi helada mano, tan gélida como la noche que nos rodea, y entramos.
    El suelo nos sirve de dormitorio. Siempre imaginé cómo sería desnudarse por la noche ante un hombre, pero sin experiencia ninguna, eso no entraba en mis planes futuros. No me avergüenza mostrarle mi ombligo erguido, incluso, le insto a besarlo, a pesar de mi complejo. Lo comparto.
    Y allí me encuentro, entre sus brazos apretados al contacto con mis largas piernas. Entregándole a un desconocido, mi flor escondida.
    Aun cuando mis ojos se encuentran sumidos en la oscuridad más profunda, a él, le veo. Desde esa pequeña ventana en la que se ha convertido, mi extraordinaria imaginación. La que da comienzo, a un inmenso mundo.

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  10. Kaleidoscopio 3 de enero de 2021 a 19:17 #

    Llegué a la casa de mi infancia con el sol del mediodía, y con los brazos apretados por la tensión, de volver después de tantos años, recorrí aquellos espacios en los que las diferentes emociones me transportaban a mi niñez, a aquel tiempo en donde crees que todo es posible, la vida es simple y sin dobles lecturas, los proyectos son inmediatos, y el futuro es algo tan lejano que ni se alcanza a ver.
    Esperaba a mi hermano, los últimos años no habían sido muy armoniosos entre nosotros. Habíamos puesto distancia, y no sólo física, y la muerte de mis padres había sido lo único que nos había unido de forma momentánea; pero tuve que volver para solucionar todo el asunto de la herencia.
    Todavía me removía aquella sensación de ambiente provinciano y mente estrecha de aquella pequeña ciudad de provincias. Allí me sentía como una flor escondida a la que no se le deja lucir en todo su esplendor, a la que se le apaga la magia, porque no gustaban las personas que rompían con lo establecido, las que hacían del camino uno personalizado a su imagen y semejanza, un camino, que se amoldaba a la persona, y no la persona al camino ya trazado.
    Quizás llegó el momento de desnudarse, de explicarnos de por qué cada uno escogió esa opción, pues en las poquísimas veces que nos habíamos visto, percibía en sus ojos, el reproche de irme y dejarlo, con todas las obligaciones y preocupaciones que conlleva cuando los padres se hacen mayores, y en aquellas ocasiones también, me repetía una y otra vez que las hijas no se van, que son las que tienen que quedarse para cuidar de los padres.
    Sabía lo que me esperaba si no levantaba el vuelo:
    las mismas cosas cada día, los mismos rituales, la infusión de escaramujo en el mismo tazón que mi padre tomaba cada día, a las ocho en punto como un reloj. Pero yo no quería quedarme allí para ver las horas, me apagaría como una vela, y mi alma, sin sueños ni anhelos, caminaría presa como un alma en pena, hasta desvanecerse como arena entre los dedos.

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  11. ZanelRaw 4 de enero de 2021 a 14:47 #

    El infiltrado deambulaba inquieto, pasando por corredores y salas del castillo. Le gustaba el teatro que había hecho, con esa armadura de estampado púrpura. Pero no pudo aguantar la tensión y fue a la mazmorras.
    Ahí le esperaba un preso, con los brazos apretados en cruz. Seguía teniendo esa extraña aura sobrenatural, visible incluso a la luz del sol del mediodía.
    —¿Has dado con la flor escondida, lacayo? —tronó la voz del preso.
    —S… Sí, mi señor —tartamudeó—. Pero está encerrada en una jaula de tela metálica, señor. Probablemente electrificada, ejem, señor.
    —No importa, yo me ocuparé. ¿Sabes qué hacer?
    El lacayo tragó saliva, nervioso.
    —Sí, señor. Tengo que desnudarme por la noche y causar un alboroto. Entonces, usted saldrá de aquí, cogerá la flor y… y…
    —Y te pagaré con un bizcocho de calabaza, lacayo.
    Los ojos del infiltrado se pusieron vidriosos, imaginando el enorme manjar que le esperaba.
    —Pero no te relajes —advirtió el preso—. Tengo planes futuros y espero poder contar contigo.
    La malvada risa que soltó hubiese provocado escalofríos al más valiente guerrero.

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  12. Bola de cristal 4 de enero de 2021 a 20:02 #

    Le pedí a mi madre que me comprara un libro de cuentos.
    – Tú sí que tienes cuento -dijo mi madre.
    – ¡Quiero leer y estudiar!
    – A ti no te hace falta estudiar.
    – ¿Por qué no me hace falta estudiar?
    – Angelina, eres guapa y te casarás.
    Mi madre tiene planes futuros para mí, planes que me aterrorizan y no me
    dejan dormir.
    He hecho la maleta para irme a vivir a casa de mi tía en Valencia.
    Todos los días recorro el centro histórico de la ciudad, me gusta pisar sus
    calles estrechas, largas y adoquinadas; respirar su encanto; sentir esa magia
    que me atrapa sorprendiéndome en cada uno de sus rincones, rincones que
    siempre me llevan al mismo lugar, al Museo del Carmen. Paseo despacio
    por sus corredores y salas, emocionada. Quiero saber lo que los artistas
    quieren expresar en sus cuadros. Adoro las obras de los grandes maestros,
    como Ignacio Pinazo, Joaquín Sorolla o Pablo Picasso.
    Hoy hace calor, el sol del mediodía calienta el grisáceo asfalto. Es un día
    especial para mí, he conseguido entrar en la Escuela de Bellas Artes de San
    Carlos. Es mi primer día de clase y quiero dar una buena impresión; me he
    puesto mi vestido nuevo de gasa, con un estampado púrpura y unos zapatos
    de tacón. Al entrar por la calle de Roteros, piso fuerte con mis zapatos de
    mujer, mientras me tomo en el bar de Mario un tazón de escaramujo y un
    pastel de calabaza.

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  13. Amarga Miller 5 de enero de 2021 a 12:35 #

    -Cariño, ¿estás lista? Eres la siguiente.
    Esa frase la escuchó un minuto antes de atravesar la tela metálica que hacía de telón en el salón de actos para subirse al escenario y hacer la función de fin de curso del instituto. Empezaban a sonar los primeros golpes de música y con una pisada de tacón fuerte y grácil empezaba el espectáculo. La gente no entendía bien qué era lo que tenía ese deambular inquieto, pero lo tenía. Su amiga Gracia (que empezó siendo un apodo y con el tiempo se convirtió en su verdadero nombre) le decía siempre lo mismo: “Amigo, tú no eres gran cosa, pero eres mucha cosa y eso, al fin y al cabo, es lo que a la gente le gusta. Y tú les gustas. Tienes una flor escondida que el mundo necesita ver”. Desde la guardería habían sido el uno para el otro y juntos, tras años de atravesar corredores y salas de lo que fue su guardería, colegio y ahora instituto, decidieron salir del armario en lo personal y en lo profesional.
    -Mamá, soy marica y quiero ser travesti.
    Ellos se reían imaginando que se lo decían al unísono a sus familias mientras una mueca de desconcierto se apoderaba de los rostros de sus padres. Al fin y al cabo, sus familias los habían criado juntos y asumieron que así era el curso natural de las cosas. Cuando sus padres se juntaban para ir a almorzar los domingos y hablaban de sus cosas, un día ambos comentaban que sus hijos no concebían una manera de estar en el mundo que fuese silenciosa. Eran dos personas que tenían mucho que decir, sus planes de futuro no eran como los del resto de jóvenes y eso los asustaba y enorgullecía a partes iguales. Gracia Latuya y Amparito Roca (no la del pasodoble sino la otra), que así era como se llamaban con la peluca puesta, tenían un largo camino que recorrer y hoy, tras graduarse en el instituto con los brazos apretados y el ombligo erguido por los nervios, habían dado el primer paso de muchos. Su vida y su lucha acababa de empezar.

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  14. ADDIS ABEBA 5 de enero de 2021 a 14:07 #

    PERDIDA

    Vago por el bosque con las manos atadas,
    los labios pintados de asfixia,
    y los ojos
    cerrados al sueño.

    En mi deambular inquieto
    busco la flor escondida,
    un rincón sosegado,
    un resquicio de luz
    en la maraña que forman
    todos los caminos posibles.

    Pero cada día el bosque
    viste mi horizonte con estampado púrpura,
    y siento que no habrá susurro que me oriente,
    ni brazos apretados,
    ni bienvenidas a mi espera.

    Entonces caigo de rodillas,
    derrotada
    ante un bosque infinito,
    una penumbra perenne.

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  15. Rubí 5 de enero de 2021 a 19:14 #

    La luna llena iluminaba todo el parque.
    Maelle desde la cocina preparaba el pastel de calabaza. Había encontrado la receta dentro de un viejo libro, en un cajón de la mesita de noche de su destartalada habitación de estudiante.
    Había huido de su pueblo natal a París para buscar fortuna como actriz.
    No sabía lo que buscaba, sin planes futuros, y esto le provocaba una gran agitación.
    Al final de la receta, en letras cursivas estaba escrito que si el pastel se comía a la luz de la luna, se le concederían beneficios abundantes.
    Divertida, decidió salir.
    Sacó del armario su albornoz de estampado púrpura brillante, de tela metálica, que tanto le gustaba. Una flor escondida entre sus dorados cabellos desordenados dio el toque final. Amaba la extravagancia.
    Descalza, con el ombligo erguido, cruzó la calle y llegó al parque. Deambulaba inquieta.
    Luego de un buen rato, se sentó en uno de los bancos y miró el cielo. Cada estrella en su lugar, paciente, viviente, pero en movimiento. Con un movimiento causal, universal y perfecto.
    Fue entonces cuando comprendió su camino, incierto, misterioso y bello, y agradeció estar viva.

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  16. La gatita loquilla. J 27 5 de enero de 2021 a 21:41 #

    Aquel desconocido y extraño personaje comenzó a apresurarse, debía tener prisa, siendo la noche que era y el frio que hacía; No iva provisto de mucho abrigo, con la bufanda se cubrió la cara y cuello, para evitar que se le colará el aire helado, introdujo las manos en los bolsillos del pantalón, en el derecho contaban las cuatro monedas que le quedaban y en el izquierdo comprobó que su apreciado reloj de bolsillo seguía ahí.
    Las calles permanecían solitarias,
    asi que cruzó varios semáforos en rojo, tomó un callejón oscuro, al fondo un farolillo dejaba entrar un resplandor de luz, dando al lugar un aspecto tenebroso.
    Según iva adentrándose sintió una extraña presencia, agitado miró hacia atrás volteado la cabeza, pero no vio nada, así que continuó caminando algo nervioso.
    Más adelante se divisaba una gran casa que le llamó la atención, parecía deshabitada, dado al mal estado de conservación, tenia unos enormes ventanales de madera, casi todas permanecían cerrados, excepto uno, del cual asomaba unas cortinas de terciopelo rojo, ondeadas por el viento.
    El silencio de la noche quedaba interrumpido por el chancleteo de uno de su viejos zapatos, en la adoquinada calzada del casco antiguo de la ciudad. Cuando se encontraba a la altura de la gran casa, volvió a sentir esa extraña presencia, pero esta vez con mayor intensidad que lo paralizó, un escalofrío recorrio todo su cuerpo, pero seguía sin ver nada ni a nadie, de repente la monumental puerta de roble y fresno, adornada con remaches de acero se abrió de par en par, y sin saber como se vio dentro y las enormes puertas cerradas.
    La estancia estaba alumbrada por cirios rojos y algunos candiles, que desprendían un fuerte olor a aceite de parafina, mezclado con el cítrico de las velas.
    Una hermosa escalera de mármol blanco con apoyabrazos de madera esculpida con forma de caracol, daba acceso a la parte superior, de donde provenían susurros y lamentos, creyo reconocer una de las voces así que se dispuso a subir.
    Cuando apunto estuvo de alcanzar el penúltimo escalón, la escalera empezó a desparecer de abajo hacia arriba, con suerte la bufanda se enganchó del apoyabrazos y quedó colgando, sujetandola para no ahogarse, el reloj se precipitó al vacío levitando en el aire y a continuación el zapato que si llegó a tocar tierra…

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  17. Soñadora 5 de enero de 2021 a 23:11 #

    EL DÍA DESPUÉS

    Es domingo. El día ha amanecido perezoso en el centro, como cualquier otro festivo, pero con la luz ha resucitado el bullicio juvenil de la ya conocida como “ciudad del futuro”.
    Por el deambular inquieto de nuestros pies se diría que seguimos sintiéndonos invencibles: el ombligo erguido, henchido el pecho de falsa confianza…, aún así, las manos inquietas, temblorosas, y alguna mirada perdida confieren a la incertidumbre del accidente un ligero tufillo a miedo escénico.

    Un pálido sol de mediodía nos muestra la cruda realidad: en poco más de dos horas el silencio es el único habitante en 10 km. Abandonamos la seguridad del hogar con algo de documentación y un pastel de calabaza para el camino. El resto de nuestra vida nos esperará, en pausa, un par de días, hasta despertar de este mal sueño. Mientras el tren se aleja, nos aferramos a nuestra fe con los brazos apretados.

    Somos jóvenes y triunfadores. Nada nos hace sospechar que seremos incapaces de volver a pisar este suelo, de respirar el éxito conseguido. La nostalgia efímera de los planes futuros, la acuciante sensación de tenerlo todo al alcance de nuestras manos, explotarán como pompas de jabón antes de que seamos conscientes de ello. Pese a esa nube negra que sobrevuela nuestras cabezas, nos negamos a aceptarlo.

    Una imagen se graba a fuego en las retinas de los que hoy nos vamos: las veinte cabinas amarillas de la noria que dejamos atrás, girarán llenas de sueños en tan solo cuatro días. Aún no lo sabemos, pero ellas se convertirán, junto con unos cuantos coches de choque descarriados, en el símbolo más impactante de la zona de exclusión.

    Pripyat, domingo 27 de abril.

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  18. Luciérnaga Inquieta 6 de enero de 2021 a 1:03 #

    SUEÑO DE NAVIDAD

    Como cada Nochebuena, para Marina, había sido un día de actividad frenética: Había cocinado , preparado entremeses, decorado la casa…
    En el reloj del comedor dieron las nueve. Estaba todo listo, La mesa con toda suerte de motivos navideños, velas incluidas, parecía sacada de una revista de decoración. Junto a la chimenea, el árbol se erguía iluminado.

    Un año más, Marina ocupó su sitio en la mesa. Fijó su mirada en un tazón de escaramujo que, en el centro, le recordaba la Nochebuena del año dos mil doce. En ese momento la realidad cayó sobre ella como una pesada losa. Nadie iba a compartir su mesa . Solo ella. Con su soledad. Con su pena.

    El estampado púrpura de las cortinas dañaban su vista, le recordaban la sangre, la muerte de toda su familia, cuando aquella fatídica noche, un camionero borracho impactó contra su coche. Venían del cine. Les mandó ella , como era costumbre en esa fecha, mientras lo preparaba todo. Nunca más volvió a verlos.

    Año tras año Marina siguió con su ritual de Nochebuena. Este año también. Con la mirada vacía, como hipnotizada por la tela metálica de la ventana. La angustia la invadió.

    Sonó el timbre. Debía ser un error , nadie venía a su casa en Nochebuena. Se lo había prohibido a sus familiares y amigos. Por la mirilla un destello de luz, como el sol de mediodía, la cegó por un momento. Extrañada abrió la puerta. Un hermoso joven se le presentó. Dijo llamarse Gabriel y venía a traerle su regalo de Navidad. No entendía nada.

    Se apartó y, entonces , los vio. Estaban todos. Su marido Miguel, la abrazó y noto sus brazos apretados. Su hija Ana la besó en la mejilla. Miguelito entró como un torbellino y preguntó si había pastel de calabaza. La película había sido muy divertida, dijeron. Ella no preguntó. No quiso saber nada más. El sueño por el que había rezado tantas veces se había hecho realidad. Miró a la puerta, pero Gabriel ya no estaba.

    El día de Navidad, Ángela la hermana de Marina, entró con su llave en la casa, pues no conseguía contactar con ella. Había restos de comida en la mesa. Parecía que habían cenado varias personas. Sobre la chimenea, una pequeña misiva dirigida a ella rezaba :

    “Ángela parto con mi familia, mis ruegos han sido escuchados. Soy inmensamente feliz. Os quiero a todos .”

    Entró alarmada en la habitación , el cuerpo de Marina yacía inerte. Una sonrisa se dibujaba en su rostro. ¡Por fin había alcanzado su sueño de Navidad!

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  19. Solsticio 6 de enero de 2021 a 10:15 #

    Lunes, 21 de diciembre de 2020.

    Ya está aquí el solsticio de invierno.

    Como cada año, vendrás de la mano de la luz creciente, mi particular Perséfone, mi flor escondida en el tiempo.

    Se acabó deambular inquieto por calles grises. A partir de hoy, mis pasos dejarán huellas brillantes. Desde ahora, los corredores y salas por los que circule quedarán repletos de aire iluminado.

    Se terminó desnudarse por la noche y compartir cama con la soledad. El sueño será liviano contigo, libre del peso de las sombras. Volverás a derretir mi alma con tus brazos apretados.

    Cuando retires las tinieblas de esta casa, veré tu sonrisa en el espejo de la mía. Abrirás las ventanas de par en par y sacudirás el frío de las paredes, y hasta los muebles esperarán ansiosos recuperar el color con un roce de tus dedos.

    Nos sentaremos junto a la ventana para observar motas de polvo jugando entre los rayos, me hablarás de los mundos que guardan las gotas de agua en sus reflejos, desearé comer pastel de calabaza solo porque es naranja como tu cabello…

    El sol del mediodía será de nuevo testigo de mi conversión. Con cada minuto que amplíe su presencia en la intemperie azul, así crecerá tu regalo de alegría en mí.

    Sabes que no importa cuánto tiempo te quedes esta vez. No hay más planes futuros que esta esperanza reincidente que me mantiene con vida.

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  20. Señorita Bennet 6 de enero de 2021 a 13:55 #

    Miré por la ventana, parejas de la mano y niños en bicicleta.
    El sol del mediodía deslumbra mis ojos de penumbras, resecos por el llanto.
    Saboreaba con deleite tu receta, pastel de calabaza que cocinabas para mí mientras fundías tus labios en mi boca, tus brazos apretados a mi espalda, piel con piel y tus ojos negros grabados en mi pasión y en mi deseo, ese amor enterrado cual flor escondida de mi felicidad.
    Te espero desde hace muchas lunas, horas eternas de oscuridad recorriendo los corredores y salas de nuestra vieja casa, un deambular inquieto sin rumbo, sin risas ni esperanzas.
    ¿Volverás? Quiero creer que sí…aunque la razón me susurra que te olvide y que regrese a la vida, que me espera impaciente.
    Sé que la sangre me pide pide planes futuros, que guardé el ayer en los cajones del recuerdo y que me entregué a la ilusión y al amanecer, sin ti mi amor, sin ti.

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  21. erhu1418 6 de enero de 2021 a 17:18 #

    El apartamento de Brixton era demasiado pequeño y demasiado sucio para albergar en él a ocho niños, y la desesperanza de salir de allí había quebrado todos nuestros planes futuros. Tampoco podíamos decir que éramos los únicos que pasábamos hambre y penurias, pero mamá sabía lo que era vivir bien y no podía soportar el día a día sin derrumbarse. Escribió a tía Adelaida; le preguntó si en su corazón todavía quedaba algo de aquella candidez que en el pasado regalaba sin reparos, y le rogaba que, sí así era, no dudase en responder y acogernos, que ella estaba dispuesta a admitir que todas sus decisiones habían sido erróneas.
    Como era de esperar, tía Adelaida aceptó, aunque con ciertas condiciones. Por ejemplo, mamá vestiría de negro, como símbolo de luto y de duelo propio, y no saldría de la finca durante cinco años. Nuestras normas no eran tan estrictas: tan sólo no se podía deambular inquieto por los corredores y salas, sobre todo enfrente del cuarto de la abuela mientras dormía. Tampoco se podía entrar en la habitación de la torre, bajo ninguna circunstancia, porque era demasiado alta y podíamos caernos.
    Tardamos unos meses en acostumbrarnos a la imagen de nuestro nuevo hogar: el aspecto de la típica casa señorial en su exterior, con los muros blanquecinos y columnas de mármol en el porche, contrastaba con los pasillos recubiertos por un estampado púrpura, cubierto de cenefas de flores y frutos, semi quemado y roto, que cada vez que se observaba con atención parecía que quería decirnos algo, pero no sabía cómo. La madera del suelo chirriaba nada más posar el pie y el resquebrajamiento de las paredes era más notable una vez se avanzaba más por el pasillo del segundo piso, hasta la habitación de la torre. No supe explicar la sensación que me daba la casa hasta que no me hice más mayor: miedo, tenía miedo de la casa. De haber comunicado a mi madre mis sentimientos, sé que habrían sido totalmente rechazados: quejarse de un caserón tan grande era como ignorar los inviernos que pasábamos en Londres, en nuestra única habitación, durmiendo todos juntos, con los brazos apretados y muriéndonos de frío. Le ahorré el disgusto y me tragué mis nervios.
    Lo que hice fue pasar el menor tiempo posible en la finca, y gozar de aquella libertad vetada en el jardín. Solía tumbarme en la hierba después de la caída del sol de mediodía y del almuerzo. Fue en uno de esos ratos cuando ví a Luís, mi hermano un año mayor que yo, saludándome desde la ventana de la torre. Creí que había muerto.

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  22. Mady 6 de enero de 2021 a 17:19 #

    La Mariposa púrpura
    Con brazos apretados por el dolor, volvió a entrar a la que fuera su celda de castigo durante tantos años. Un ardor miedoso se le instaló en su maltrecho cuerpo y castigada mente. Con manos temblorosas descorrió las cortinas de estampados purpura del comedor, permitiendo entrar los rayos del sol del mediodía, a través de los cuales bailaban las motas de polvo, asentadas tras su larga estancia en el hospital. No había rincón en la carcelaria morada que no le disparará la adrenalina que tantas veces le sirvió para su débil defensa, ante las vejaciones y palizas propinadas por el hombre, al que en su primera vez ofreció su flor escondida. Se sentó en el sillón preferido e intocable de él, un súbito escalofrío le recorrió la columna vertebral, miró fijamente una foto tamaño cuadro del día de su boda, un día que las horas se le convirtieron en minutos y los minutos en segundos. Los recuerdos joviales y los planes de futuro de una joven pareja que se iniciaban en la travesía de la vida con el ombligo erguido. Sueños que fueron desapareciendo para dar paso a pesadillas, que pasaron a formar parte de su día a día, siempre por culpa de ella, o eso le quiso hacer pensar el emisario de satanás.
    Se miró el esparadrapo de los goteros, que desteñían su suave piel morena. Por primera vez desde que saliese del hospital se dio cuenta que todo iba a cambiar, como un resorte se levantó decidida, y habitación por habitación fue descorriendo las cortinas dejando entrar vida en la penumbra. En ese momento decidió que no viviría más noches oscuras. Él se había ido para siempre, y se había marchado sin la moneda para Caronte, ahora le tocaría a él vivir, como hizo que viviera ella, en el infierno eterno deambulando inquieto en busca de una moneda.

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  23. Artemisa 6 de enero de 2021 a 18:38 #

    EL LIENZO
    Amanda tiene un deambular inquieto por la estancia. Un caballete y una banqueta son los únicos muebles. Un lienzo descansa en el caballete, tan blanco como el color de las paredes. Parece contemplarla con rigidez como si de una tela metálica se tratara. Tal vez la tela, aparentemente sin vida, percibe una tensión poco frecuente en la mujer. Amanda es una mujer optimista, su madre le ha enseñado todo lo bueno y bello que ve con sus ojos visionarios. Esa extraordinaria mujer le ha inculcado la mirada interior, para encontrar la flor escondida del amor. Ha sembrado en ella la constancia, la fe y la confianza a tener planes de futuro sanos y creadores. Le ha trasmitido el precioso brillo del alma, como esa luz maravillosa del medio día. Incluso, le ha enseñado a hacer esa deliciosa tarta de manzana que tanto les gusta a las dos. Amanda, llena de todos estos pensamientos, se dirige al caballete. Se sienta en la banqueta, parece una reina sentada en su trono. Posa su mirada en el lienzo, en esa ventana sin fondo. Le vienen unos pensamientos negros, escenas desagradables y las visualiza en ese lienzo vacío, como si de una pantalla de televisión se tratara. Coge una tiza de carboncillo y comienza a manchar el lienzo níveo, con trazas de gran dominio. Cuando acaba el dibujo vuelve en sí. Lo que ve le horroriza, tapa el dibujo con una tela.
    El teléfono comienza a sonar insistente. Amanda lo mira con respeto. Coge el auricular, un mar de lágrimas caen por sus mejillas. Al mismo tiempo cae el trapo que cubría el lienzo. Una figura de mujer mayor yace en el sueño eterno. Amanda pega un grito de dolor desgarrador, que se oye por todo el universo.

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  24. labibliotecademivida 6 de enero de 2021 a 18:51 #

    QUÉ DISTINTO HUBIERA SIDO

    Sola, en la triste y taciturna noche, con los brazos sarmentosos cual enredadera, el ombligo erguido y la mente inquieta, intento pensar que tan distinto sería todo si estuvieras aquí. Tu imagen grabada a fuego imposible de olvidar, pero tu voz no está, ¡no la oigo!, a pesar de mi afán y esmero es imposible…sólo escucho mi respiración.
    Furibunda me desnudo por la noche y grito tu nombre, pero sólo escucho mi eco.
    No pienso en planes futuros porque se fueron todos contigo, te llevaste mis ganas de vivir y mis días se volvieron grises y depravados, pero de esto último no te culpo. ¿Qué distinto hubiera sido todo? tengo cajones repletos de recuerdos que no me atrevo a abrir y lo único que hago es deambular inquieta pensando en verte, pero para poder hacer eso sólo hay una forma.

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  25. Robespierre Caponi 6 de enero de 2021 a 19:10 #

    Campo de reclusión de Argelers septiembre de 1939.

    Las condiciones ambientales de la playa cambiaban en cuestión de horas; del abrasador sol del medio día se pasaba al relente de la noche que en septiembre volvía a ser insoportable. La brisa húmeda del mar cruzaba a través de la corroída alambrada de tela metálica; los desvencijados barracones de madera apenas frenaban las partículas de arena que se filtraban entre los maderos de la oscura estancia. Hèctor Valls y Pujalt se resguardaban bajo el remendado capote con los brazos apretados intentando aislarse del frío.
    –Pastel del calabaza, o de manzana, eso me comería yo ahora bien a gusto. ¿Y tú Hèctor, que echas tú de menos? –preguntó Pujalt.
    –Hay que joderse: el poder desnudarse por la noche, tranquilamente, al lado de la estufa y justo antes de meterse en la cama.
    –Pues ahí sentados no lo vais a conseguir –intervino Martínez desde detrás–, yo me largo.
    El capitán llevaba unos días callado y sin dar opinión; se paseaba por el campo con un deambular inquieto, similar al que acostumbraba a mostrar en otros tiempos, observándolo todo y poniendo la oreja ante cualquier rumor que llegara del exterior.
    –Mirad, esto se va a poner muy feo, lo de la invasión de Polonia es solo el principio. ¿Por qué creéis que andan buscando voluntarios para la Legión Extranjera o para reforzar las construcciones de la Línea Maginot? En realidad tienen miedo.
    –¿Qué propones Manolo? –preguntó Valls.
    –¿Qué nos alistemos? –se adelantó Pujalt.
    –Que nos fuguemos –sentenció el capitán alzándose con el ombligo erguido–. Los franceses no van a parar a los fascistas, tengo planes futuros y nuestra hora ha llegado.

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  26. Melquíades 6 de enero de 2021 a 19:47 #

    Tabú

    «Cáncer» se había convertido en una palabra demasiado pesada. De un día para otro, la abuela que todos conocíamos, capaz de estar en varias estancias de la casa al mismo tiempo, cocinar de memoria más de cien platos para un número infinito de comensales y a la que nunca le dolió un solo dedo del pie, quedó postrada en la cama eterna de su madre víctima de un dolor agudo, extraño y desconocido en la parte baja del vientre. Aquel dolor tuvo, por supuesto, su diagnóstico oficial: impreso con letras borrosas sobre un informe médico bajo una lista de otros términos clínicos: «cáncer de colon». Sin embargo, aquellas palabras desparecieron de nuestras vidas una vez salimos del hospital tras atravesar sus interminables corredores y salas. Mi padre, que se había dedicado a deambular inquieto por la casa, preguntó en cuanto llegamos:
    —¿Qué tal? ¿Qué ha dicho el médico?
    Y mi madre, con los ojos enrojecidos y la voz rota, dijo simplemente:
    —Pues tiene eso: una masa en el intestino que le está creciendo y que le está obstruyendo ahí.
    Por algún motivo, siempre le dolió menos explicar la enfermedad que nombrarla. Para ella era como invocar a los demonios. Ni siquiera cuando la abuela se recuperó milagrosamente de la operación, pudiendo volver a comer sólidos, se atrevió a pronunciar su nombre. Tampoco cuando la quimioterapia comenzó a hacer efecto o cuando todas las pruebas apuntaban a una recuperación casi segura. Ella siempre temió el significado de aquella palabra; temía perder la batalla psicológica ante un término que sin piedad se comía a su madre por dentro.

    Hace ya casi un año que la abuela murió. La masa en su intestino llevaba meses perdiendo terreno, pero solo necesitó un par de días para recuperarlo y extenderse más allá. Aunque fueron unas semanas dolorosas, lo cierto es que el tema se me olvidó relativamente rápido y llevaba todo este tiempo sin pensar en ello. Ahora recuerdo a mi madre y experimento su temor. Delante de mí, mi médico y amiga de la infancia, con los brazos apretados contra el cuerpo, contiene las lágrimas. En mis manos, un informe borroso como el de aquel día; en mi cabeza, el tazón de escaramujo que la abuela se zampaba en sus últimas noches. «Cáncer de pulmón». El mismo nombre con distinto apellido, tanto tiempo evitado, cae como un autobús de hierro al rojo vivo sobre mi conciencia. Abrazo a mi amiga y salgo de la consulta con la excusa de ir al baño. Ante el espejo, me pregunto qué enfermedad tengo. No lo recuerdo. Una herida en el pulmón que hay que tratar de curar antes de que crezca. O algo así. Sí, algo así.

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  27. Diana 6 de enero de 2021 a 19:48 #

    AMOR

    Él se quedó pasmado en la plaza bajo el ardiente sol del mediodía, como un perfecto idiota, cuando aquellas pérfidas le dieron la noticia. “¿Y esta mierda es el amor?”, se preguntó mientras se rodeaba el vientre con sus brazos apretados, intentando calmar el dolor que amenazaba con abrirle las entrañas. Sentía que no podía respirar. En cuanto pudo recuperar el aliento, pedaleó hasta su casa lo más deprisa que pudo y se fue directo a su habitación. Tan solo quería romper aquella flor escondida en el libro que habían leído juntos durante las tardes de aquel verano. Esas tardes llenas de besos recién aprendidos y de inocentes planes futuros, tumbados sobre la hierba, en la manta de estampado púrpura que robó de casa de su abuela. Con la flor en un puño, abrió su ventana y apoyó la frente en la tela metálica, contemplando el camino por donde ella siempre le venía a buscar. Y supo que nunca volverían aquellos momentos y la odió con toda su alma, y destrozó con furia aquellos pétalos plagados de recuerdos, y finalmente, lloró. Lloró todas las lágrimas que fue capaz esa tarde, y esa noche, y a la mañana siguiente, hasta que un torrente azul oscuro de tristeza escapó por debajo de su puerta.

    Pasaron días sin que apenas hablara, apenas comiera, apenas saliera de aquellas cuatro paredes que se habían convertido en su desesperado refugio. Hasta que una noche, cuando todos dormían, la pequeña Zoe llegó sigilosa hasta su cuarto. Entró de puntillas, como si no quisiera romper con sus piececitos la nueva fragilidad de su hermano, y llegando hasta su cama, le agarró la cara con sus manitas redondas de muñeca. Sobresaltado, el muchacho se despertó y se encontró con aquellos enormes ojos de gacela que le observaban sin apenas pestañear.
    —Javi, ¿te estás muriendo? —le susurró la niña, con su vocecilla entrecortada.
    Él se incorporó en medio de una gran carcajada y la abrazó con ternura. Y mientras su mejilla descansaba en aquel riachuelo de rizos nuevos y castaños comprendió, que aquel amor rosa con olor a caramelo, era el amor más bonito y sincero que tenía en su vida.

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    • Late Lady 6 de enero de 2021 a 21:19 #

      Respecto a lo que me preguntas en tu carta, sí que guardo buenos recuerdos: las recetas familiares de pastel de calabaza, dos o tres vinilos de Joan Báez y tal vez algunos (no todos, eso sí) de los viajes a la playa en autobús.
      De los malos no me gusta hablar mucho, tú ya sabes todas las veces que me dejó un estampado púrpura en la piel, en los lugares que solo yo veía al desnudarme por la noche. Tal vez lo peor no fuera lo que me hizo, sino lo que me dejó, porque hoy por hoy todavía tengo ese deambular inquieto al despertar de madrugada, con un sentimiento que va del miedo a la culpa. También la falta de aire cuando alguien lo menciona, y mi lengua todavía se convierte en tela metálica si preguntan por qué y a dónde se marchó y yo no sé ni qué contestar.
      Supongo que solo queda eso, y tengo suerte, porque de todo lo demás ya me deshice, lo sabes bien, y me atreví a dejar crecer sobre el resto. Primero una flor escondida y, con el tiempo, un gran jardín bajo el sol de mediodía. Te vas a reír, pero siento que eso es un poco lo que soy ahora, ahora que ya puedo ser lo que yo quiero ser, y que por fin hago planes de futuro; y estoy tranquila, tranquila sabiendo que él está cerca.

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  28. Duna22 6 de enero de 2021 a 21:41 #

    LOS DÍAS

    El día empieza, el tiempo sigue y las horas avanzan. Estos días maravillosos han terminado, empiezo una nueva etapa. Deambulo inquieta por la casa, demasiadas cosas que hacer, poca organización, demasiado caos. Vuelvo a estar sola, espero impaciente el sol del mediodía, el que me hace reaccionar y me da energía, aunque no siempre sale yo siempre lo espero.
    Salgo al jardín, doy un paseo, observo el huerto del vecino, siempre tan bien cuidado, rodeado de esa tela metálica que lo entristece a pesar de su esplendor, lo contemplo entusiasmada, sé que él me mira de reojo, aunque nunca me saluda. Yo disimulo como si no lo viera y me quedo mirando fijamente todas sus cosechas. Sé que está orgulloso de su trabajo, a veces veo como cuida cariñosamente su flor escondida, la que nadie quiere que vea, yo nunca he conseguido encontrarla, pero existe.
    Vuelvo a entrar en casa e intento organizarme, tengo mucho que ordenar y clasificar, pero no me concentro y vuelvo a salir.
    Cojo el coche y doy una vuelta sin saber donde ir. Paro en una zona boscosa, por donde he pasado muchas veces, pero sin prestar mucha atención, me bajo y ando por un sendero serpenteante unos cuantos metros con los brazos apretados, alegre y sonriente, entonces pienso que tengo que volver porque tengo mucho trabajo, aunque en realidad me gustaría quedarme alli un buen rato observando el paisaje, de pronto me entran ganas de hacer un pastel de calabaza, que nadie se comerá, a lo mejor a alguien le apetece, quizá al vecino. Pero me quedo allí un buen rato más hasta que empieza a oscurecer.
    Cuando vuelvo ya he cogido fuerzas y empiezo con las tareas y pienso en los planes futuros, lo que ocurrirá en los próximos meses, el cambio que experimentaré en mi vida, en cómo me sentiré, si podré afrontar los cambios. Pero en realidad no me gusta hacer planes, los días seguirán pasando e intentaré aprovecharlos. Solo tengo que concentrarme en vivir los momentos y en desnudarme por las noches.

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  29. Hidra 6 de enero de 2021 a 22:55 #

    Es peligroso porque empieza con un deambular inquieto. Y luego caminas y andas y marchas, buscando una flor escondida jamás nombrada. Y todo son corredores y salas. Y aligeras el paso y trotas y corres y corres más y más deprisa, hasta creer que vas a morir como un caballo reventado. Pero ya no correré más, aunque el aliento del Kraken entre en mí por los poros de la nuca, porque conozco el laberinto, porque el miedo es mío.
    Seguiré hasta abrazar el olvido.

    Es peligroso tener fe en el sol del mediodía. Crees que su luz iluminará tus pensamientos y su calor prenderá en tus planes futuros, aunque te adormezcas contemplando los recuerdos ralentizados, con el ayer conspirando con el mañana, que acelera y acelera hasta echarte los muros encima. Pero no cejaré en mi fe, aunque la luz sólo destelle a través de una tela metálica, aunque el peregrino sólo encuentre un cielo estampado de púrpura, porque busco el borde de la Tierra.
    Seguiré hasta que los universos colisionen.

    Es peligroso desnudarse por la noche. En el otro hemisferio es de día y el mundo entero está observándote. Revisas en el reflejo tu juventud mientras certificas que la cuenta atrás comenzó antes de ser consciente. Sientes que flotas en las manos del aire pero tus pies están hundidos en la tierra. Pero continuaré despojándome, aunque en lo más profundo habiten seres que no necesitan ojos para reconocerme, porque busco que el Fantasma aparezca, porque deseo la piel verdadera.
    Seguiré hasta que mi sinrazón gobierne.

    Pero es peligroso.

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