Taller literario: LA LUNA DE FRUTA de la clave LF-22

   Taller literario de LIBRO, VUELA LIBRE en Valencia: LUNA DE FRUTA, clave de escritura creativa LF-22. Una luna de cosecha o una luna de fruta viene a traernos el siguiente desafío a la imaginación de los próximos torneos de temporada de nuestros talleres literarios en curso.

Taller literario en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE

Aquellos que vayáis a participar con la LUNA DE FRUTA en los torneos del taller, tened en cuenta el contenido del siguiente cesto literario y las instrucciones que se darán en las clases de escritura en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE sobre la clave LF-22:

hierbas aromáticas / dar las gracias / almacenar comida / escribir deseos / últimos arreglos 

Que el azar os ayude a cosechar, con la clave LF-22, los frutos de vuestra creatividad y disfrutéis de las siguientes recomendaciones literarias de esta jugosa luna:

Taller literario en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE: recomendaciones literarias de LA LUNA DE FRUTA

   “Cosecha roja”, del escritor estadounidense de novela negra Dashiell Hammett, y “Cosecha” —premio IMPAC 2015-, del novelista inglés Jim Crace, son las dos recomendaciones de nuestro taller literario en Valencia y de Libros de Papel, el club de lectura de LIBRO, VUELA LIBRE, para esta luna recolectora.

Recomendaciones de lectura del taller literario en curso. Jim Crace, fragmento de “Cosecha”
“Es el señor Quill, el señor Earle. Tendremos que llamarlo señor Fiddle, señor Violín, a partir de ahora. Avanza hasta las primeras filas con su torpe caminar, dejando que sea su hombro y no su pecho el que dirija sus pasos. Encuentra un taburete para sentarse junto a Thomas Rogers, coloca el instrumento sobre las rodillas y sigue frotando las cuerdas con su arco. Al principio repite la melodía de la gaita, pero poco a poco empieza a adornarla y enseguida es él quien dicta la melodía que el gaitero ha de tocar.
Rogers no parece tan complacido como el señor Quill con el entusiasmo de nuestro aplauso. El gaitero pierde confianza y aplomo. La voz del violín, al menos desde el instante en que nuestro visitante se sienta en su taburete, provoca por momentos lágrimas y risas por igual. Su cancioncilla parece a la vez feliz en su melancolía y pesarosa por volverse demasiado alegre.”
Taller literario en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE, recomendaciones literarias en curso. Dashiell Hammett, fragmento de “Cosecha roja”
“Durante cuarenta años, Elihu Willsson, el viejo, padre del que había muerto aquella noche, fue el dueño de Personville, en corazón, alma, piel y entrañas. Era presidente y accionista mayoritario de la Personville Mining Corporation, así como del First National Bank, propietario del Morning Herald y del Evening Herald, los únicos periódicos de la ciudad, y copropietario al menos de todas las demás empresas de alguna importancia. Aparte de estos bienes, era propietario de un senador de los Estados Unidos, de un par de diputados, del gobernador, del alcalde y de la mayor parte de los diputados del Estado. Elihu Wilsson era Personville y casi todo el Estado.”

Taller literario en Valencia de LIBRO, VUELA LIBREMás información y solicitud de plaza en los talleres literarios de LIBRO, VUELA LIBRE: auroralunav@hotmail.com 

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32 comentarios to “Taller literario: LA LUNA DE FRUTA de la clave LF-22”

  1. Anónimo E 22 de diciembre de 2018 a 14:01 #

    Que la peperina siga creciendo libre, por entre las laderas de la montaña.
    Que el tomillo se multiplique por las tierras fértiles del jardín.
    Que los romeros continúen floreciendo la huerta
    Y deleitarme con su sabor, en cada comida.
    Que la salvia se abra, con sus brazos poderosos
    Mezclando el terciopelo de sus hojas y su sabor persistente.
    Y el enebro, nos aderece el arroz.
    Y la ruda nos proteja de los malos espíritus.
    Almaceno hierbabuena con menta.
    Para que se abracen en infusiones exquisitas.
    Doy las gracias a la madre tierra, de rodillas y mirando al cielo.
    Mi olfato se abre volviendo a los instintos primitivos.
    Mi deseo de la Alhambra.
    Vuelo en mi memoria fresca de hierbas aromáticas.
    De jardines moros. De jardines míos.

    El tercer ojo.

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  2. Xirena 24 de diciembre de 2018 a 18:43 #

    No podía creer que hubieran estado allí durante todo ese tiempo. Había mirado bajo el sofá tantas veces… Ella siempre insistía en que se le habían caído, entonces apartaban muebles, revolvían cojines, rebuscaban en la vitrina, vaciaban los cajones pero solo encontraban racimos de hierbas aromáticas de muchas formas y colores diferentes. Estaba tan triste que quisieron comprarle otras. Ella las rechazaba y sonreía con tristeza. ¡Estaban en la casa! decía. La familia dudó que hubieran existido puesto que nunca las habían visto. La melancolía se convirtió en su mejor compañera y su memoria empezó a desdibujarse hasta ser un esbozo de lo que había sido. A veces preguntaba por ellas pero las olvidaba dos segundos después.
    Paloma sí había creído sus historias, sus aventuras, la promesa de ver ese lugar fantástico a través de ellas. Cómo le hubiera gustado dar las gracias a su abuela por ese regalo que había llegado a sus manos de esa manera tan extraña. Las miró. Estaban limpias y brillantes a pesar del polvo. Con los ojos cerrados abrió sus patillas doradas y se las puso encima de las orejas. Abrió los ojos y miró a través de los cristales.

    Xirena.

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    • Anclauca 22 de enero de 2019 a 10:08 #

      Anclauca vota a Xirena

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  3. Valencia 30 de diciembre de 2018 a 21:13 #

    LA TIENDA DE LOS DESEOS
    Elisa entró en aquella tienda por primera vez. Olía a una combinación de incienso y hierbas aromáticas, que recordaban a menta y a eucaliptus. Se percibía de fondo una tenue música instrumental, que invitaba a la paz y a la meditación.
    La joven dependienta sonrió a la vez que le preguntó con voz suave y melodiosa:
    −¿En qué puedo atenderle señora?-
    −Busco unas hierbas aromáticas que me ayuden a vivir la vida con esperanza -contestó Elisa.
    La joven dependienta, sin perder la sonrisa, le dio una pequeña bolsa de papel en la cual había dibujadas unas flores que recordaban a la flor de la lavanda, con una pequeña inscripción en la cual rezaba: “Para escribir deseos”.
    Elisa sonrió al ver el pequeño paquete que le había entregado la joven dependienta y comenzó a pensar en la frase del sobre y en cómo escribir un deseo que le ayudara a vivir la vida con esperanza.
    Elisa cogió un bolígrafo y arrancó una hoja de un pequeño bloc que había sacado de su bolso. Inspiró tres veces el olor a las hierbas aromáticas del sobre. Cerró los ojos. Buscó en lo más hondo de su corazón un deseo profundo y a continuación escribió:
    −Las mejores lecciones las aprendemos en los peores momentos.-
    Después de escribir su deseo, volvió a guardar el bolígrafo en el bolso. Cerró los ojos nuevamente buscando en su interior la fuerza para vivir y dejándose acompañar por la música de fondo que se escuchaba en la tienda. Cogió la pequeña bolsa de hierbas aromáticas, aspiró nuevamente su aroma profundamente y mirando a los ojos de la joven dependienta se despidió. Era consciente de que la tienda de los deseos no era simplemente aquella tienda que olía a incienso, a menta y a eucaliptus. Era la tienda en la cual se podía encontrar aquello que sacia nuestros mayores deseos.

    VALENCIA

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  4. Azarina 31 de diciembre de 2018 a 8:35 #

    EL MERCADO

    El amanecer con su niebla baja cubría el ajetreo de los comerciantes, ocupados en la colocación de sus mercancías y en los últimos arreglos. Según la mañana iba avanzando, hombres y mujeres, despojados del sueño alzaban sus voces: bonito y barato, llévese una prenda y consiga el 50 por ciento de descuento en la segunda.
    Aún recuerdo esos momentos impregnados de nostalgia, acompañada de mi madre, su mano sudorosa me sujetaba con fuerza, mis ojos de niña querían acaparar todas las sensaciones a mi alrededor: juguetes amontonados, comida fresca, hierbas aromáticas procedentes de nuestros bosques, y mucha ropa venida de no se sabe de donde.
    Todas las imágenes fugaces de mi infancia, recuerdos, y al final un pellizco en mi interior de adulto, de repente vuelvo a la realidad.
    Hoy de camino al mercado, donde no es imperante almacenar comida como antaño, disfruto de la algarabía, ello ha dejado de ser una constante de los miércoles del pasado. Mi cámara interior aparece y se diluye, como el agua, deja un sabor inerte, me giro por los gritos de un niño, llama a su madre, su pelota ha ido lejos y la quiere, la mujer con un turbante rojo, expresión cómica, se la devuelve. La madre le da las gracias, y oigo: telas baratas, calidad única, aproveche la ocasión.
    Me voy alejando de la calle principal, los puestos empiezan a languidecer, las fincas que confluyen a derecha e izquierda como cajas de galletas se mezclan en la atmósfera, mientras muestran sus pertenencias: pantalones colgados, calcetines por doquier, camisetas desgastadas. Ello me despierta.
    Continuo mi pequeña y excitante travesía, en una calle adyacente ocupo una mesa exterior de la cafetería, contemplo los últimos retazos, hace tanto tiempo de ello.

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    • Codora 20 de enero de 2019 a 20:01 #

      Yo Codora voto a Azarina 🙂

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  5. John el Ciego 2 de enero de 2019 a 16:43 #

    SIN AMIGOS

    Avelina se encontraba en los últimos arreglos de la mesa, la Noche Buena comenzaría pronto, pensó.
    Para esa noche, lo principal y que más destacaba en el centro justo de la enorme mesa, era una gran vela, ya encendida.
    Era una de las promesas que le había jurado a su pobre padre cumplir en vida , y claro, lo haría, que era preparar todos los años en esta fecha la mesa con los mejores manjares que pudiera conseguir, en honor a su príncipe azul, Teodoro.
    La vela representaba en la vida la perfección y la belleza, según su padre; ninguna de estas dos virtudes había conseguido Avelina. Su nombre se debía, a la fe que siempre sus padres le habían profesado a este aplique.
    Voy a ver si termino pronto de preparar la mesa no sea quE Teodoro, mi gran amor, se adelante este año, pensó.
    Viendo que la hora se acercaba y Teodoro no daba señales de vida, comenzó muy pausadamente a dar cuenta de aquellos alimentos tan ricos que había preparado para esta ocasión.
    Terminó de cenar, sola, otro año más lo mismo, masculló, se levantó dio las gracias en voz alta al icono principal al mismo tiempo que le ahogaba la llama presionándola con sus macilentos dedos.
    Almacenó toda la comida sobrante, muy bien arreglada en el frigorífico.
    Me parece que ya va siendo hora de que rompa la promesa después de 10 años, pensó.
    Se miró al espejo, no era muy agraciada, bajita y “rechoncheta”, como le gustaba a su padre llamarla.
    La gente no le solía mirar a la cara, pues daba como vergüenza.
    Tenía una dentadura que era un poema; sus dientes según les daba la luz, así se veían; nadie se ponía de acuerdo en el color exacto, desde amarillo ocre a marrón oscuro, desde lejos ya se podía apreciar como entre ellos no había mucha confianza.
    La boca era como una diminuta cueva semi oculta, por el vello.
    Salió, como alma en pena y muy decidida, pensando : Me voy al Pub del Negro a tomarme dos güisquis, y dos porretes ya que con esa luz, que tanto me favorece, no me será difícil ligarme a uno y traérmelo a dar cuenta de estos manjares.
    John el Ciego

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  6. elfo 4 de enero de 2019 a 17:06 #

    Miles de rayos de sol recordaban al pequeño Roy que tenía que vestirse rápido para
    recoger los deseos de los habitantes de Murat, que siempre vivían con esperanza para encontrar alivio: a sus dolores de huesos, migrañas, artritis mientras que otros buscaban aliviar su alma. Cuando llegaba a la puerta de cada vecino la golpeaba con sus frágiles nudillos y salían a abrirle,entonces Roy les pedía que escribieran un deseo, lo recogía y lo metía en su saquito roído por las ratas. Cuando ya los tenía se dirigía a casa de Neri, una anciana que vivía en la ladera del valle,se los entregaba y a cambio Roy recibía un pequeño desayuno de: leche de vaca, pan y huevos.Al cabo de un rato desde la cocina se oía gritar:
    –¿Roy has acabado tu desayuno?
    –Si,ya estoy listo para acompañarle a coger las hierbas aromáticas
    Muy bien, pues vamos que tenemos mucho que andar.
    Al atardecer después de una larga caminata llegaban a casa,se sentaban juntos y mientras el pequeño abría las bolsitas Neri metía en ellas:harpagofito,verbena,árnica y ataba con una cuerdecita el deseo para cada vecino. Al amanecer todo el pueblo recibía su saquito y agradecidos llenaban la carretilla del pequeño con manjares de sus huertas

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  7. FRISIA WELL 5 de enero de 2019 a 13:35 #

    EL NÉCTAR DE LA FELICIDAD

    Era muy pequeña cuando su madre le enseñó a dejar volar su imaginación en busca siempre del mismo lugar idílico y paradisíaco. Todavía era demasiado ingenua en aquellas noches, ya lejanas, cuando nada más meterse en la cama, las cálidas manos de su madre le acariciaban la frente y su voz aterciopelada le transportaba lejos, muy lejos, hacia un lugar inexplorado, dulce y fantasioso, rebosante de frutas y olores varios, lleno de color y de luz. Todas las noches cerraba sus ojos y se dibujaba una sonrisa en sus labios mientras su sueño profundo la conducía hacia el reino de la bondad y la alegría infinita.
    Su sueño mágico fue apagándose conforme fue cumpliendo años. Al ir creciendo, el sabor afrutado se transformó en ácido, cítrico y, en ocasiones, amargo. Ahora, ya no era pequeña, estaba sola y ya nadie arropaba sus sueños. Nadie acariciaba su frente ni su pelo ensortijado. Nadie.
    Una noche de invierno, la voz aterciopelada de su madre se ahogó en un estertor de muerte y se apagó siendo ella aún demasiado inocente como para saber que la vida es una mezcla de sabores dulces y salados.
    Los invitados la esperaban en el salón. Desde la cocina Melissa escuchó la algarabía de la fiesta así que enjugó sus lágrimas como pudo. Era Nochevieja. Continuó preparando el postre, cortando en taquitos la fruta, con una exactitud milimétrica. Pequeños trozos de manzana, fresa y melocotón caían en el bol en una combinación perfecta y se mezclaban con el zumo de naranja y unas cucharaditas de azúcar. Hacía años que no preparaba el postre que su madre llamaba “luna de frutas”, igual que su cuento preferido. El aroma de la fruta recién cortada le hizo rememorar tiempos pasados. Con una pequeña cuchara probó la macedonia. Inmediatamente su sabor dulce invadió su paladar igual, que la imaginación, sus sueños de infancia . Con la boca llena de “luna de frutas” y una sensación plena, que ya ni recordaba, se dirigió al salón con una amplia sonrisa dibujada en su rostro.
    FRISIA WELL

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    • Mili Casasús 6 de enero de 2019 a 17:01 #

      Mi boto es para Frisia well

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    • Valencia 24 de enero de 2019 a 18:41 #

      Me ha encantado.

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  8. Anclauca 5 de enero de 2019 a 18:52 #

    TIEMPOS DE HAMBRE

    Longina Albert nació en tiempos de guerra y creció en los del pan y cebolla. Tiempos en los que el hambre formaba grandes colas a las puertas de la Casa de la Caridad de Valencia, en una España gris y deprimida. La España de la cartilla de racionamiento, el estraperlo, el frío y sobre todo… el olvido.

    Una España donde demasiados niños quedaron a cargo de familiares o vecinos que con dos sillas y una remendada manta improvisaban una cama para descansar. Donde la recosida ropa era incapaz de mitigar el frío y evitar los dolorosos sabañones. Donde la ayuda siempre llegaba gracias a la solidaridad de lo que menos tenían.

    Esa vivencia fue la responsable de que Longina , con su escasa pensión de apenas 500 euros, almacenara comida en su despensa. A ella ya no le hacía falta, podía irse a la cama con un caldo escaso de ingredientes apenas condimentado con alguna hierba aromática. Longina sabía cual era el destino de aquellos alimentos.

    ¡La historia siempre dando vueltas en espiral! ¡Siempre cíclica, aunque disfrazada de libertades volvía vestida de mentiras!

    Los inmigrantes no son los culpables, de la escasez, ni de la miseria. Ellos solo son víctimas de un mundo donde no deberían existir fronteras, ni vallas, ni mares donde se desafía a la muerte, se repetía Longina una y otra vez.
    Los inmigrantes no son ladrones, ni delincuentes, ni asesinos, solo son los grandes damnificados del ansia enfermiza por el poder y el dinero que llega a ellos en forma de drama, violencia y tragedia.

    Porque el mundo debemos construirlo nosotros, dijo esta vez en voz alta poniendo sonido a sus pensamientos mientras llenaba su desgastado carro de la compra con comida y otros enseres.
    Porque hay cosas que no debemos arrancar nunca de la memoria y era ella, su memoria, la que la acompañaba, a finales de cada mes, a las puertas de la Casa de la Caridad de Valencia.

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  9. Irene 5 de enero de 2019 a 20:01 #

    Se despertó sin ropa, con un olor a hierbas aromáticas que provenía de él. No sabía qué hacia en esa cama con un desconocido, ni como había llegado allí. Miró por debajo de la sábana y se encontró con una espalda corpulenta y con un culo tan admirable como desnudo.
    Observó la habitación con curiosidad, de color verde pastel, muebles de diseño en blanco, su ropa cuidadosamente doblada en una silla y una pulcritud poco habitual. Se levantó rápidamente en busca del baño y se duchó con productos de higiene masculina. Vestida y con los últimos arreglos de maquillaje se sintió más segura y capaz de enfrentarse a una situación sin precedentes.
    Miró al compañero nocturno que dormía como una marmota; recorrió su cara parándose en cada centímetro, su nariz ligeramente aguileña, sus labios carnosos, su pelo castaño con un corte impecable y color de ojos desconocido. Era guapo sin lugar a dudas: “menos mal que no es un tipo repugnante” pensó Marina dando gracias.
    No se atrevía a husmear el resto de la casa, ni a marcharse sin descubrir los detalles de la
    noche anterior, pero este pensamiento le producía una inquietud que iba en aumento. Ese hombre ahí tumbado, posiblemente había hecho el amor con ella, había acariciado sus senos, su vientre y había penetrado en su boca buscando su lengua.
    Una angustia feroz se apoderó de ella, se levantó de la silla, echó una última ojeada al desconocido y salió del apartamento con avidez. El joven se despertó y asomado a la ventana contempló como Marina se alejaba bajo la lluvia, en esa fría mañana de otoño.

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    • La Jardinera 25 de enero de 2019 a 17:37 #

      La jardinera vota como mejor narrad@r a Irene

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  10. Mia Maier 6 de enero de 2019 a 19:36 #

    La niña elevó una ramita azul y zarandeó una segunda pintada de rosa.
    —Señorita Sánchez ¡Qué gusto verla!¡Olvidé darle las gracias por sus galletitas! ¿Cómo están sus nietos? —Dijo rotando uno de los palitos. Un estrépito de cristales sonó dentro de la casa, desvió allí su mirada.
    Un niño desde la carretera, agitó los brazos y la llamó. Ella soltó las hierbas aromáticas.
    —Elvira, han quitado el avión, hay un agujero enorme en el Parterre, todos los niños de Valencia están allí jugando ¡Corre! —Elvira echó un último vistazo a su casa, el viento de aquella tarde enrarecida ondeaba una cortina saliendo por la ventana.

    Los niños se lanzaban barro en medio de aquel oasis, se deslizaban hasta el fondo del hoyo, modelaban figuras imposibles. El olor a fértil tierra se mezclaba con el azufre, con el sudor infantil. Todos se recreaban en sus efímeros juegos, la novedad es un aliciente incomparable. Se iluminaron las farolas, Elvira, embadurnada de lodo y emociones corrió hasta su casa.
    Tocó varias veces la puerta, nadie le abrió. Decidió saltar una de las ventanas y entró con sigilo a aquella penumbra. Sólo podía vislumbrar una débil luz en el salón, presionó su mano contra la boca para no emitir ruido alguno, caminó por el pasillo, había libros por el suelo, ropa, una lámpara, la mesita donde siempre soñó aprender a leer partida por la mitad. Alzó la vista y vio a su padre arrodillado, sollozando, su madre allí tendida, con el labio partido, moretones maxilares y una alfombra de sangre. El padre la miró, ella tembló, la cálida orina empezó a filtrarse por las medias hacia el suelo. Sus últimos arreglos fueron doblarle el cuello de la camisa, como si nada hubiera pasado, se levantó despacio, rehuyó a la niña, caminó, pasó por su lado, el corazón anunciaba un salto al vacío. Él posó un instante su mano sobre el pomo de la puerta, un instante de tregua, último instante de barro e infancia.

    Mia Maier

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    • FRISIA WELL 20 de enero de 2019 a 9:44 #

      Yo, Frisia Well, doy mi voto a Mia Maier.

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  11. 👽 6 de enero de 2019 a 21:33 #

    Es una playa común, rodeada de montañas verdes que, con la densa humedad, desprenden ese intenso aroma de hierbas aromáticas. Solo se oye el mar, y hoy de buena mañana la arena se encuentra virgen por el viento. Mis pies, que se hunden apenas en la arena, dejan una huella incompleta. Miro el camino recorrido y pienso: ¿Que está mal en mí? ¿Es porque camino despistado? Me detengo, y ahora miro mis pies y me fijo en como se elevan ligeramente sobre la superficie, como si pesase menos que el viento. No quiero marcharme, así que presiono fuerte mis pies contra la arena con todas mis fuerzas. Arrugo los dedos, flexiono las rodillas y agacho la cabeza, pero sigo abandonando el suelo poco a poco. Hay un barco pesquero destrozado, viejo, blanco y azul, que se encuentra a unos pasos de mi, el cual debo abrazar. Respiro cada vez más fuerte, y el sudor resbala de mi nariz a mi frente. El sol me está observando en el horizonte en su ejercicio diario de amanecer. Puede verse como me estoy cayendo hacia arriba. Pero consigo llegar al navío varado cuando ya prácticamente no tenía esperanza, y me encierro en el cuarto donde se solía almacenar comida. Me siento en el techo, cierro los ojos con mucha fuerza, y empiezo a dar las gracias.
    Hoy casi he sido como uno más, valiente, pero por desgracia para mi orgullo, no lo ha visto nadie.

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    • Darel Alkira 17 de enero de 2019 a 16:53 #

      Yo, Darel Alkira, voto a CaraAlien

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    • van Beren 23 de enero de 2019 a 15:25 #

      Voto por 👽

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  12. La jardinera 7 de enero de 2019 a 14:07 #

    Este texto es de uno de vuestros compañeros/as que concursa con el seudónimo de “La jardinera” y que se ha subido por equivocación en otra entrada:

    “Se acercaba el día , Alejandro estaba ultimando los arreglos, para desaparecer de la ciudad como hacia cada fin de semana. Este finde coincidía con La Noche vieja. Su madre siempre entristecía cuando llegaban los Viernes, Marta pensaba: si yo, hice peor a su edad, pobre de mi madre y de mi abuela, cuantas gracias les tengo que dar.
    Si Marta no hubiera vivido según sus sueños Alejandro no existiría. El padre de Alejandro falleció cuando el tenía 12 años, Alejandro y su madre mantuvieron un silencio sepulcral durante mucho tiempo.
    Marta trabajaba y llevaba la casa , poco tiempo tenía para verlo. Pronto , se hicieron bellas e indispensables las palabras que Marta le dejaba casi todos los días a su hijo, Marta intentaba suplir con esto su ausencia, cualquier folio, papel o espejo le sirvieron. Cuando llego el finde de noche vieja no iban a coincidir para despedirse. Marta le dejo escrito en toda la puerta de la casa sus mejores deseos para noche vieja y año nuevo.
    Alejandro lo leyó, fue una sorpresa entrañable , a la que correspondió a la otra parte de la puerta: “Eres lo mas bonito del mundo” feliz año. Para Marta fue el mejor regalo de Navidad, tan solo con una barra de carmín.
    Marta se dijo así misma: “Esto es el elixir de la vida”

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  13. van Beren 7 de enero de 2019 a 16:54 #

    UNA CARTA DE ÚLTIMA HORA

    Baltasar observaba el cielo estrellado del desierto mientras saboreaba su té de hierbas aromáticas. A su alrededor, los pajes realizaban los últimos arreglos. La caravana estaba casi lista para arrancar la noche más mágica del año.
    —Señor, ha llegado una última carta para ti –le llamó la atención un paje.
    —Miedo me dan siempre estas cartas, Ibrahim –dijo Baltasar, tendiéndole la mano–. Dámela.
    Ibrahim le entregó la carta. La abrió con presteza. Su mirada se endureció y, sin apartar la vista de la carta, se agachó para dejar sobre la arena del desierto su té. Una vez erguido de nuevo, cogió la carta con las dos manos. Sus ojos de mago viajaron hasta Saná, Yemen, hasta lo que otrora fuera un buen barrio de la ciudad, hasta un edificio a medias derruido, hasta una habitación a la que se accedía pasando por encima de una pared de escombros; hasta la casa de Amyad, un niño de 9 años, que había perdido a su padre durante el golpe de estado de 2014 y a su madre hacía apenas unas semanas por una infección que no hubiera sido un problema en occidente. El niño estaba sentado en el suelo, sucio y vestido con ropas de adulto. A su lado, dentro de un barreño tenía algo de comida. La visión de Baltasar fue todavía más allá; atravesó el pecho de Amyad y observó su corazón: era grande, estaba sano, tenía luz, y era bueno.
    Apartó la mirada y arrugó la carta en su puño. Una lágrima le recorrió la mejilla. Ibrahim lo observaba con tristeza.
    —¿Otro que pide simplemente paz, señor?
    —Sí, Ibrahim –dijo Baltasar, apretando la mandíbula–. Dos mil años y todavía no les hemos podido llevar ese regalo.
    —La paz no se regala, señor; no es un regalo. Bien lo sabes.
    Baltasar cerró los ojos y pareció envejecer, como si las palabras de su paje le hubieran echado encima de golpe los dos milenios que llevaba haciendo ese trabajo. Ibrahim esperó un instante, en silencio.
    —Prepararé el regalo para el niño, con el extra habitual.
    —El amor no es suficiente, Ibrahim.
    —Como siempre nos has dicho, tal vez no sea suficiente, pero es el mejor regalo que podemos hacerle.
    Baltasar bajó la mirada y lanzó un largo suspiro. Luego, asintió levemente.
    —Te doy las gracias, Ibrahim, amigo.
    —Y yo a ti, señor.
    Ibrahim hizo una ligera inclinación con la cabeza y se dirigió a la caravana. Baltasar alisó la carta de Amyad y se la guardó entre sus ropajes, a la altura del corazón. Y esperó para partir.

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  14. Betty Boop 7 de enero de 2019 a 18:19 #

    Por Betty Boop.

    SUEÑOS EN UN FRASQUITO DE PERFUME

    Como cada día, Anna camina por las estrechas y húmedas calles del pueblo hacia su pequeña botica. Las ganas le faltan y la fatiga la acompaña.
    Frente a la desgastada persiana de hierro, suspira al introducir la llave. Unas horas más entre ungüentos, alcoholes y perfumes, de los cuales, estos últimos se amontonan en cajas al fondo del almacén. Como sus sueños.
    Cada vez menos, permanece en ella el etéreo pensamiento de que quizá, con un poco de suerte, aparezca un desconocido y descubra con agrado, la implicación entre las hierbas aromáticas y el gusto personal.
    Se acerca la Navidad. Prepara con movimientos lentos los últimos arreglos en la tienda. La estancia se ve colorida, más que su rostro. Se supone una buena fecha para las ventas y los turistas. Pero la carretera principal parece no mostrar más desvíos que los marcados como “Zona de descanso”.
    Atrás quedaron las esperanzas que sus padres depositaron en ella. Le pesa tanto la herencia como sus años. Y aún con los anhelos frustrados y las ilusiones atadas a un largo hilo de alguna cometa, no olvida escribir sus deseos en un trozo de papel blanco. Deseos que dobla y ata a ese delgado hilo donde dar las gracias por sus logros son sus principales letras. Porque, a pesar de no ser reconocida como una gran perfumista, ha tenido la suerte de desarrollar su afición en un pueblo perdido y llegar al cuello de sus habitantes. Ninguno de menor importancia que los de una gran ciudad.
    Quizá mañana.

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    • Azarina 20 de enero de 2019 a 7:26 #

      Azarina vota a Betty Boop

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  15. Darel Alkira 7 de enero de 2019 a 18:35 #

    YULE

    Entrada la noche una sombra se vislumbraba a la luz de la luna dejando atrás el bosque. Según se acercaba a la hoguera iba descubriéndose la silueta de una mujer, de edad incierta pero con un semblante que inspiraba fortaleza y sabiduría. Traía en su regazo un pequeño cordero que trataba de zafarse del abrazo castigador que lo oprimía. Lo dejó atado cerca del fuego y pasó a la casa de piedra. El frío era desgarrador allí dentro. Un agudo escalofrío me recorría el cuerpo al tintineo de los cascabeles que colgaban del techo atados con plumas, abalorios y hierbas aromáticas. La mujer entró a un cuarto donde debía almacenar su comida durante el invierno. Seleccionó un cuchillo afilado y volvió al exterior, junto a la hoguera.
    ──Señor mío── gritó alzando el cuchillo. ── Heme aquí un solsticio más dispuesta a servirle con mi acción y mi palabra. Le doy las gracias por permanecer a mi lado. La siembra de nuevos cultivos está hecha, los animales han comenzado el apareamiento. Da comienzo así mi ofrenda.
    De un solo movimiento rajó con el afilado la yugular del cordero. Se acercó el animal a los labios y comenzó a lamer la herida mientras éste aún pataleaba. Cuando se dio por saciada paró, su tez estaba por completo cubierta de sangre. De pronto giró su rostro para mirarme. Su mirada gris penetraba mi corazón.
    ──Señor mío. Mi ofrenda es la vida de esta presencia que nos contempla. El resto de sus días están condenados a complacerte, desde hoy y por siempre. ¡Bebe!──dijo ofreciéndome el animal muerto. ── ¡Bebe! ¡Bebe! ¡Bebe!
    Desperté en mi cama con un extraño sabor de boca. Al abrir los ojos solo un sollozo pudo emitir mi garganta. Toda mi sábana chorreaba sangre. El denso olor me asfixiaba.
    Esa fue la última vez que pude conciliar el sueño. El resto de mis días y de mis noches los ocupo rastreando a mi alrededor buscando sangre fresca. Como fiel siervo que soy del Señor de las Sombras.

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  16. Namasté 7 de enero de 2019 a 20:00 #

    DESEOS

    Escribir deseos cada noche.
    Como si al cerrar los ojos
    Al cruzar los dedos…
    Tocara cada lunar de nuevo.

    Juntando constelaciones
    Contando los minutos
    Almacenando comida…
    Deseos.

    Me niego a que Peter Pan
    no crea en nunca jamás.
    A no mirar los márgenes
    que descuadren esquemas.
    A la abundancia de los sueños
    que escriben cartas
    para descifrarlas luego.

    La magia sólo quiere que la creas.

    Dar las gracias, inicio del juego.
    Empieza mi primer deseo…

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  17. Codora 7 de enero de 2019 a 22:06 #

    El final siempre obliga a evocar el principio. Las metas alcanzadas comienzan siempre por el paso más arduo, que en momentos de éxito se recuerda con orgullo. La constancia le había acompañado desde el principio en aquel gran proyecto.
    Había empezado quince años atrás con la reforma de su viejo apartamento. Lo había hecho con la delicadeza de un pintor impresionista, usando únicamente sus manos para construir tabiques que separaran las estancias, colocar alegre papel pintado y amueblarlo con gusto. Construyó una gran despensa donde poder almacenar comida para las esperadas cenas familiares. No hubo una bisagra sin engrasar, una mota de polvo o un cuadro torcido. Se aseguró también de guardar espacio para los objetos venideros: La mitad de los cajones, la mitad de los marcos de fotografías. La mitad de su cama y de los sueños que en ella dormiría. Todo tenía que estar listo para poder ser completado (y compartido) en cualquier momento. La razón de su hazaña estaba aún por llegar. Cada tarea terminada, le provocaba un pequeño episodio de ternura, un triunfo por el que dar las gracias por aquello que le permitía seguir adelante, ya fuera su propia fuerza de voluntad, el apoyo de sus seres queridos o el de un Dios cualquiera que pudiera velar por él.
    Los últimos arreglos habían llegado a su fin y por primera vez miró con otros ojos aquel lugar. Deslizó delicadamente la yema de sus dedos por las superficies pulidas de los muebles, mientras recorría las habitaciones de aquella silenciosa casa, disfrutando de su obra culminada. Había oscurecido ya, pero la luz de la verdad le iluminó como no lo había hecho nunca. Lo comprendió todo, comprendió aquella naturaleza intrínseca al ser humano, aquella por la que se llena una vida de vacíos en vez de llenar los vacíos de una vida.

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  18. Helvia 7 de enero de 2019 a 22:53 #

    Subimos al panel también, y en hora, a pocos minutos de que finalice la primera fase de los torneos, este texto que el compañero o compañera con seudónimo Helvia no ha podido subir por problemas técnicos:
    EL PUENTE
    Encaminó sus pasos por el puente hasta el punto exacto en el que estaba enganchado el candado con la leyenda “HyL” a rotulador rojo; rojo pasión, había dicho ella. Rememoró el día que lo compraron y lo colocaron, luego se pusieron a escribir deseos en un pequeño papel que introdujeron en una de las oquedades de la parte baja del muro, para acabar besándose en la noria donde fueron los héroes de la ciudad por un día.
    Cerró los ojos, y percibió el fresco aroma a hierbas aromáticas; destacaba la fragancia a lavanda. Le hubiera gustado, pensó.
    Todos esos años de sentirse vivo y ahora su pérdida lo había devuelto a la insoportable mediocridad, al sobrevivir día a día con un trabajo que ya no lo motivaba y unos hijos con los que la comunicación era mínima.
    Quería agarrarse a lo afortunado que había sido por encontrar un ser como ese, y daba las gracias por ello, pero la echaba tanto de menos que había vuelto a tomar medicamentos contra la úlcera.
    Los últimos arreglos en el alumbrado navideño tampoco ayudaban.
    Miró hacia su izquierda, hacia lo que hace siglos se conocía como extramuros, y que suponía continuar con esa melancolía que le impedía vivir. Luego giró despacio la cabeza hacia el lado opuesto, donde el centro ciudad vaticinaba una bulliciosa vida social y cabía la esperanza de encontrar una segunda Lena Avellaneda.

    Sus ojos brillaron antes de tomar una moneda del bolsillo pequeño del pantalón y lanzarla al aire.

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  19. Betty Boop 16 de enero de 2019 a 13:24 #

    Yo Betty Boop, quiero votar al seudónimo, Codora. Gracias.

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