ÁLVARO CUNQUEIRO. Ejercicios literarios de la clave AC.13

14 Sep

Ejercicios literarios de la clave AC-13. La escritura imaginativa y rica en matices de Álvaro Cunqueiro regresa de nuevo a los talleres de escritura creativa de LIBRO, VUELA LIBRE en Valencia para invitarnos a un ejercicio de ritmo literario y al puzle de lectura de la clave AC.13.

ejercicios literarios de la clave AC.13 en los talleres de escritura creativa de LIBRO, VUELA LIBRE en Valencia
Las conspiraciones, los amores y las guerras soñadas de “El año del cometa”, la novela que inspiró nuestro primer ejercicio de ritmo con este autor, y la novela publicada en 1969 con la que ganó el Premio Nadal, titulada “Un hombre que se parecía a Orestes”, inaugurarán los próximos tributos literarios a este excepcional escritor gallego que tanto nos ha regalado en ámbitos de la escritura tan distintos como la narrativa, la poesía, el teatro o el periodismo.

Tributos en curso del taller de escritura creativa de LVL: ÁLVARO CUNQUEIRO, ejercicios literarios de la clave AC.13


Talleres de escritura en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE. Ejercicios literarios de la clave AC.13. Álvaro Cunqueiro, fragmento de “El año del cometa”:
“Era la voz de Paulos, que se acercaba mezclada con el aroma de los membrillos que estaban puestos a secar en un tablero, junto a la ventana. Pero Paulos no estaba. Los caminos todos del mundo eran como hilos de los que María podía tirar, para hacer nudos, para hacer ovillos. Entre todos los hilos, uno, caliente como los labios de un niño, sería el que trajese a Paulos desde sus lejanías. A Paulos, atadas las manos con un hilo, sonriendo, llamándole María.
-Me perdí, María, en el laberinto, en uno que hay a mano izquierda yendo para Siria, viajando por el mar. Gracias a que me até el camino a la cintura, y lo llevé conmigo por todas aquellas vueltas y revueltas, y en las tinieblas, y que ahora a tí se te ocurrió tirar de él. Si no llegas a tirar, tardaría más de mil años, o más, en el viaje de regreso. Dentro del laberinto hay una ciudad, y en el medio y medio de la ciudad, un pozo de tres varas de hondo, en el que canta una sirena. Le dices al agua que le cubre que se vaya, echas una moneda de oro, y el agua se va. La sirena queda en seco. Te llama por tu nombre, que lo adivina, y te pide un regalo. Yo le tiré una manzana. Me dijo en la lengua de allí, en la que esperar se dice amar, y viceversa, que esperase a las doce de la noche. En esto, llegó un moro con una carretilla y se llevó los huesos de los otros enamorados, muertos allí, antes de que yo hubiese llegado. Entonces fue cuando tu empezastes a tirar, y el camino en mi cintura era como tu brazo derecho ciñéndome, como cuando se me ocurre enseñarte a bailar las danzas corteses de Gaula. Respiré cuando vi que entre los huesos de los enamorados muertos no iban los míos.
-¿Los reconocerías?
No hay nadie, creo, que pueda reconocer sus huesos.
María se durmió recostada en el aroma de los membrillos, en la voz de Paulos, que casi eran la misma cosa. ”
Puzle de lectura de la clave AC.13 de los cursos y talleres de escritura en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE. Álvaro Cunqueiro, fragmento de “Un hombre que se parecía a Orestes”:
“A hora de alba salieron los dos reyes de la ciudad, Eumón en su árabe inquieto y Egisto montando su viejo bayo Solferino, y formaban el séquito los dos ayudantes de pompas de Eumón y el oficial de inventario de Egisto, elegido porque tenía montura propia, y cerraba la compañía una mula cargada con las piernas de repuesto de Eumón, conducida por un criado etíope que en las cuestas se subía encima del petate, el cual iba envuelto en una lona blanca. Que quedaba por decir que Eumón tenía, para disimular en ellas la suya achicada temporalmente, unas piernas de madera de abedul con juego de tuercas en la rodilla, todas del mismo tamaño de su pierna natural, pero con diferente hueco, correspondiendo éste al distinto bulto de la pierna, según iba creciendo, que mermar lo hacía en un día. Salieron a hora de alba, pues, los ilustres monarcas, y bajaron por el camino real a pasar el río por el vado del Sauce, eligiendo en la encrucijada el atajo que conduce, por entre colinas olivares, a la robleda grande, que quería mostrarle Egisto a Eumón el campo en donde, en los días de la arribada de Agamenón, pensaba salirle al encuentro a éste, poderosamente armado.”

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