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MECÁNICA POPULAR. Talleres literarios, bloques en curso

25 Mar Mecánica popular. Talleres literarios en Valencia de LIBRO; VUELA LIBRE

   La literatura minimalista de Raymond Carver regresa al bloque de actividades en curso de nuestros talleres literarios en Valencia  con otro de sus relatos más impactantes:  “Mecánica popular“.

Mecánica popular. Talleres literarios en Valencia de LIBRO; VUELA LIBRE

Talleres literarios en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE. MECÁNICA POPULAR, texto de referencia:

 Recomendaciones de lectura de los talleres literarios en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE. Raymond Carver, “Mecánica popular”
“Aquel día, temprano, el tiempo cambió y la nieve se deshizo y se volvió agua sucia. Delgados regueros de nieve derretida caían de la pequeña ventana -una ventana abierta a la altura del hombro- que daba al traspatio. Por la calle pasaban coches salpicando. Estaba oscureciendo. Pero también oscurecía dentro de la casa.
Él estaba en el dormitorio metiendo ropas en una maleta cuando ella apareció por la puerta.
–¡Estoy contenta de que te vayas! ¡Estoy contenta de que te vayas! –gritó–. ¿Me oyes?
Él siguió metiendo sus cosas en la maleta.
–¡Hijo de perra! ¡Estoy contentísima de que te vayas! –Empezó a llorar–. Ni siquiera te atreves a mirarme a la cara, ¿no es cierto?
Entonces ella vio la fotografía del niño encima de la cama, y la cogió.
Él la miró; ella se secó los ojos y se quedó mirándole fijamente, y después dio la vuelta y volvió a la sala.
–Trae eso aquí –le ordenó él.
–Coge tus cosas y lárgate –contestó ella.
Él no respondió. Cerró la maleta, se puso el abrigo, miró a su alrededor antes de apagar la luz. Luego pasó a la sala.
Ella estaba en el umbral de la cocina con el niño en los brazos.
–Quiero al niño –dijo él.
–¿Estás loco?
–No, pero quiero al niño. Mandaré a alguien a recoger sus cosas.
–A este niño no lo tocas –le advirtió ella.
El niño se había puesto a llorar, y ella le retiró la manta que le abrigaba la cabeza.
–Oh! Oh! –exclamó ella mirando al niño.
Él avanzó hacia ella.
–¡Por el amor de Dios! –se lamentó ella. Retrocedió unos pasos hacia el interior de la cocina.
–Quiero el niño.
–¡Fuera de aquí!
Ella se volvió y trató de refugiarse con el niño en un rincón, detrás de la cocina. Pero él les alcanzó. Alargó las manos por encima de la cocina y agarró al niño con fuerza.
–Suéltalo –dijo.
–¡Apártate! ¡Apártate! –gritó ella.
El bebé, congestionado, gritaba. En la pelea tiraron una maceta que colgaba detrás de la cocina.
Él la aprisionó contra la pared, tratando de que soltara al niño. Siguió agarrando con fuerza al niño y empujó con todo su peso.
–Suéltalo –repitió.

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