Juegos de escritura creativa. Clave J-63

11 Dic

Juegos de escritura creativa de la clave literaria J-63 en los talleres literarios online y presenciales en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE: paneles en curso. Nuestra comunidad de escritores está a punto de volver a festejar el inmenso potencial creativo de los integrantes de los diferentes grupos de su taller de creación literaria, que en esta edición 2022-23 harán frente a nuevos desafíos a la imaginación, como los que aguardan en el interior de este cesto de bolas navideñas y en los calcetines de Papá Noel que reposan sobre la bandeja de nuestro hombre de nieve.

Juegos de escritura creativa del taller literario en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE

El comando liberalibros ya tiene preparada la CESTA DEL ESCRITOR 2023, con productos básicos para los futuros procesos de creación literaria del ganador de esta edición. Para participar en los torneos literarios 2022-23 de LIBRO VUELA LIBRE, sigue las instrucciones de tu grupo en el aula creativa de nuestro taller de escritura en Valencia y elige entre las diversas posibilidades de participación.

Cesto de bolas navideñas. Juegos de escritura creativa de la clave J-63 en el taller literario de LIBRO VUELA LIBRE (3 de 5):

Juegos de escritura creativa de la clave J-63. Bola navideña de color TURQUESA (3 de 5):

Planificador de terciopelo / un hombre veloz como una nube / olor a limpio / sabor a algodón / un rincón junto al lago

Juegos de escritura creativa de la clave J-63. Bola navideña de color PLATEADO (3 de 5):

Gotas de mercurio / una mujer con gafas plateadas / olor a ceniza / sabor a termo / una ventana frente a la fábrica

Juegos de escritura creativa de la clave J-63. Bola navideña de color VIOLETA (3 de 5):

Una bombonera / un personaje melancólico o romántico / olor a lavanda / sabor a crema de berenjena / su sillón preferido

Juegos de escritura creativa de la clave J-63. Bola navideña de color VERDE MAR (3 de 5):

Bloques de esperanza / alguien confundido / olor a verbena / sabor a elixir / detrás de la maleza

Juegos de escritura creativa en el taller literario de LIBRO VUELA LIBRE. Palabras comodín de los calcetines navideños (1 de 2, opcional):

1- Algunos saquitos / caja de sorpresas

2-Generación de los que sueñan / lado más tierno

3- Un país entero / un solo participante

4- Plantar cara / color vino

Primer bloque de tributos de los torneos literarios de LIBRO VUELA LIBRE. Edición 2023:

Curso de escritura creativa, tributos de la clave J-63. Gustave Flaubert, fragmento de Salambó: Matho tiró muy suavemente de la lámpara. Y entonces pudo ver a Salambó, que dormía con una mano en la mejilla y el otro brazo extendido a lo largo del cuerpo. Los bucles de su cabellera se esparcían a su alrededor con tal abundancia que parecía estar acostada sobre plumas negras, y su amplia túnica blanca se ondulaba en suaves pliegues hasta sus pies, siguiendo el contorno de su talle. Apenas sí podían percibirse sus ojos por entre sus párpados, medio cerrados. Las cortinas, tendidas perpendicularmente, la envolvían en una atmósfera azulada, y el movimiento de su respiración, que se comunicaba a los cordones, parecía mecerla en el aire.

Curso de escritura creativa, tributos de la clave J-63. Anaís Nin, fragmento de Diario I (1931.1934): En mí se produjo un gran cambio, pero no hubo cambios a mi alrededor. Más allá de ciertos límites, era muy poco lo que yo podía hacer por mi padre o con él. Maruca es su esposa, abnegada y completa; y ella es también su secretaria, copia para él la música, le escribe las cartas, le ayuda en sus relaciones sociales, es su administradora, etc. Henry, pasado cierto límite, necesita independencia, no cuidados. Rank adivinó que llegaría a ocurrir esto: que la mujer no podría encontrar un papel total suficiente para invertir en él todas sus energías.

Curso de escritura creativa, tributos de la clave J-63. Knut Hamsun, fragmento de Trilogía del vagabundo: Piensan partir dentro de dos días. Viajarán juntos: este es el fin.

Bien podría comparecerlos; la vida es bella, pero es duro vivir. Era de suponer que se había llegado a un resultado: ella no le había llamado en balde ni él había venido en vano.

El acto había terminado. Pero ahora tienen que venir varios actos más, muchos actos.

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36 respuestas hasta “Juegos de escritura creativa. Clave J-63”

  1. Eduardo Tell 24 de diciembre de 2022 a 7:56 #

    Reposo
    Finales del mes de diciembre. Ese día mi blando corazón se transformó en roca. La noche no era noche. Las luces navideñas vestían la calle de olor a verbena, y los transeúntes mostraban su alegría como figurados bloques de esperanza. Tras la ventana de mi pequeña habitación veía cantar y bailar a grupos de jóvenes. La generación de los que sueñan que la vida les traerá fortuna.
    Reclinada sobre el sofá de mi buhardilla, la sudoración, el temblor y el aumento de mi ritmo cardiaco habían desaparecido. Me fijé en el palo de santo que seguía quemándose sobre el aparador. No había dado resultado. El ambiente no tenía ni armonía, ni paz, ni tranquilidad. Ese hombre, maduro, indecente y de mal talante, me hacía la vida insufrible. Levanté el vaso de vodka y su sabor a elixir me calmó.
    Ya había pasado y aún estaba allí. Frente a mí. Sin inmutarse. Relajado, como nunca había estado.
    Las moraduras de los ojos me impedían ver con claridad la escena que tenía delante. Mis puños aún permanecían apretados. Logré distinguir la escena. Su cabeza reclinada a la derecha. Su boca abierta y salivando. Su camisa teñida de rojo oscuro y opaco. Apenas pude ver la parte plateada del cuchillo que llevaba en el pecho. Reposé mi cabeza y descansé.

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  2. Sueño 27 de diciembre de 2022 a 15:25 #

    Anhelo

    Cogidos de la mano, Juanito y Lucía avanzan por el sendero sin mirar atrás, sin querer inhalar el olor a ceniza que les envuelve. Con un caminar contrito sin herencia de las fuerzas de ayer, se aferran a las incipientes energías de hoy. Su mirada desvencijada rima con los harapos que cubren sus cuerpos: famélicos, deshidratados…
    Pasan muchos días, no saben cuántos, con un amargo sabor a termo que impregna sus lenguas, lenguas que han relamido los últimos vestigios de agua.
    En la marcha hacia su incierto destino, encuentran a una mujer con gafas plateadas que, impotente, no les puede seguir. Cruzan sus miradas y, ella, con lágrimas pesadas como gotas de mercurio, siente escapar su última oportunidad. La tierra negra, de los campos yermos que les rodean, la acogerá en su último sueño con la soledad que arropa a los viejos.
    Avanzar, avanzar deprisa, ese es el lema, seguir adelante, llegar al lugar donde desaparecerán las tinieblas de una civilización que agoniza; la avaricia insaciable de los poderosos ha sumergido en la nada a los vivos. Arrastrados como peces muertos por la corriente de la inmundicia, los pobres y desvalidos luchan; tarde, sí, pero batallan para recuperar la Tierra.
    Pasan muchos días, no saben cuántos, y, por fin, llegan al lugar de la esperanza. Nubes rosadas engullen al gris que los ha acompañado y la tierra empieza a escupir un reflejo como de color vino.
    Lucía y Juanito se miran; una mueca ya olvidada, semejante a una sonrisa, se dibuja en sus rostros.

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  3. Anna Ferrando 28 de diciembre de 2022 a 12:16 #

    EL CALENDARIO DE LAS RUPTURAS
    La primera ilusión floreció al hilo de la primavera. Cómo no dejarse llevar por las blusas holga da s cuandonel calor comenzaba a apretar. Llegó agosto, y no quisiste viajar conmigo. Te dejé.
    En septiembre me propusiste ir al cine. Fuimos. Yo no lo sabía, pero vimos la misma película, y en noviembre me confesaste tu secreto: siempre habría otro jardín. Y te dejé.
    En Navidades me regalaste una acuarela de la casa que compraríamos. Fue por principios de marzo, que me recordadts que no estábamos solos. Y te dejé.
    Pero a medidos, la ciudad rebosaba de olor a verbena. Y bailamos y nos besamos, bajo una lluvia radiante, en la plaza. En abril, te fuiste de viaje sin pensar en mí. Y te dejé.
    Uno a uno, destrozas los bloques de esperanza con los que yo me empeño en construir un presente de dos. Y te dejo.
    No a é si será por el brillo de tus ojos chiquitos o por el sabor a elixir de tu boca… pero el caso es que mis manos ya fraguan otro bloque. Lo pintaré de un verde brillante y lo adornar con flores. Y lo dejaré sobre tu almohada, para que lo rompas.

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  4. Thorcristhofer 29 de diciembre de 2022 a 17:36 #

    LA FINA LINEA
    El vuelo transcurría con una placidez casi escalofriante, silencioso. Mi compañero estaba totalmente dormido, apoyado en el hombro, sonreí. Alcé la vista del libro y por encima de las gafas observé el pasaje; había dos niñas pequeñas, con sus padres pintando unos cuadernos, una señora de edad avanzada ojeaba una revista.
    Me sobresaltó la azafata sacándome de mi ensimismamiento, desprendía olor a limpio. Traía la bebida, un batido con sabor a algodón, dulce, como el que tomaba en mi infancia, lo saboree. Nos dirigíamos a Toronto, quería volver a un rincón junto al lago Ontario donde fui tan feliz. La vida afloraba por mis poros. Miré por la ventanilla, el cielo se confundía con el inmenso océano transmitiendo quietud. Me sumergí nuevamente en la lectura.
    En un instante todo se transformó. Tras un fuerte estruendo las mascarillas se soltaron, sonaba un zumbido ensordecedor. Era un caos, una pesadilla, perdíamos altura vertiginosamente.
    Las niñas comenzaron a llorar aferrándose a sus padres, la señora rezaba acurrucada en un rincón, el compañero de asiento, ya despierto, chillaba frenético. La angustia era palpable y seguíamos descendiendo …
    En medio del pánico vi que el ala estaba partida, un motor en llamas. Me abrace al libro. Toda mi existencia discurrió fugazmente.
    El océano ,ahora tan cercano, ya no era azul. Lo veía color vino, color sangre.

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  5. LA CIERVA 30 de diciembre de 2022 a 19:09 #

    LA ÚLTIMA CAMPANADA
    Al son de las campanadas. Comía las uvas, como el país entero. Olía a la ceniza de la pólvora y los fuegos artificiales. Con ropa roja, como manda la tradición. Una mujer con gafas plateadas se asomaba a la ventana, frente a la fábrica de cava. Celebraba el año que daba sus primeros pasos y los días que se acababan. Rezumaban los recuerdos, con añorada esperanza. Se vislumbraba a María. Sola. Como cada mañana. Con la certeza no expresada de que el siguiente año todo cambiaría. Con la tele de fondo, retransmitiendo las campanadas.
    Un año más. Pasaban ante sus ojos los recuerdos de muchos días. Como si fueran diapositivas intermitentes, que narraran en imágenes, la vida capturada en pequeños instantes.
    La vida se acababa como quien apura una copa de cava después de un brindis. Los médicos se lo habían dejado claro: le quedaba como mucho un año de vida. El maldito cáncer se había vuelto a reproducir. Tenía una extraña sensación de sabor agridulce, entre el agradecimiento por tanto bien recibido y la incertidumbre de un futuro incierto.
    Quería morir, como había vivido. Saboreando la vida a tope, apurando la copa, tanto en los momentos dulces, como en los instantes amargos.
    No cambiaría nada de lo vivido, porque todo había tenido un sentido, o había aportado algún aprendizaje. La vida y sus burbujas habían llenado de gas su mundo.
    Llenó la copa hasta los bordes. Quería brindar, aunque estuviera sola. Brindaba por tanto bien recibido, por tanta experiencia acumulada a base de sufrimiento. Brindaba por lo que dejaba atrás y por lo que la nueva vida le abría por delante.
    Doce, once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos y…. uno… Feliz Vida Nueva.

    LA CIERVA

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  6. vivirdiaadiaenindonesia 31 de diciembre de 2022 a 0:01 #

    AUTOR: Guayarmina

    LA MONTAÑA DE FUEGO

    El inconfundible olor a ceniza me llevó a rememorar aquellos días. Tenía tan solo cinco años cuando subí a aquel promontorio por primera vez. El espectáculo resultaba extraordinario: una especie de fuegos artificiales rompía la negrura de la noche y, multitud de partículas, doradas, rojas y naranjas, surcaban el cielo como brillantes confetis. No entendía por qué mi madre, de normal tan risueña, mantenía la boca sellada, por qué sus ojos lucían tristes y preocupados.

    —Mira, mamá, parecen las bengalas de mi tarta de cumpleaños.

    Cincuenta años después, la historia se repetía. Los más supersticiosos se planteaban si Yurena, la antigua diosa de La Palma, la que las leyendas daban en llamar Hija del Diablo, habría regresado: la montaña escupía fuego, escupía piedras y terror. El magma bajaba la ladera como agua de una cascada: sin pausa, sin frenos…, acompañado de una estela de humo, una estela tóxica, como gotas de mercurio desparramadas.

    Miré a la encorvada mujer con gafas plateadas que no apartaba la vista del horizonte, mi madre. Su casa, cobijo de cuatro generaciones, ya no existía. Al igual que las de docenas de vecinos, había sido engullida por una marea pedregosa impasible ante los sentimientos humanos.

    Alargué una mano y apreté las suyas. Sus palmas guarecían un par de amarillentas fotografías. Una sensación acuosa recorrió mis dedos. Silenciosas lágrimas descendían por sus mejillas descolgándose hasta alcanzar el papel. Y el papel las absorbía, lenta pero implacablemente. Los ropajes de mis abuelos se fueron acartonando, pero sus rostros se mantuvieron intactos: los ojos directos al espectador; la sonrisa serena.

    Se me erizó la piel. ¿Mera casualidad o había algo más? ¿No serían en verdad mis abuelos quienes enjugaban el llanto?

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  7. Orapma 2 de enero de 2023 a 18:54 #

    Al volver del colegio, subía las escaleras de mi casa, de dos en dos, hasta el tercer piso y me dirigía directamente a una habitación, distribuida de tal forma que servía para todo. En un ángulo la máquina de coser, que mi madre la hacía funcionar muchas horas del día, aunque también le daba tiempo a prepararnos ricas comidas que nos repartía en una mesa cuadrada, platos jugosos: lunes lentejas, martes guisado, miércoles paella…
    El último rincón del comedor, imprescindible, la radio, allí oía música, novelas que escuchaba mi madre. Le gustaba sobre todo un serial: «UNA MUJER CON GAFAS PLATEADAS», era interminable. También oíamos un concurso, «caja o dinero», ese programa si que me gustaba. Seguramente de allí salió mi afición a los concursos. Justo debajo de la radio, teníamos una mesa camilla que en invierno desprendía calor y olor a cenizas a través del brasero.
    Cuando salía del colegio si el camarín estaba abierto, cruzaba por la galería alargada que comunicaba con la calle, donde se apreciaba un profundo olor a jazmín. Pequeñas florecillas que inundaban el lugar y que yo acumulaba en una bolsa de plástico, ya que era mi juguete favorito. Las sumergía en agua, dejándolas un tiempo reposar para sacar después su jugo oloroso. Con ese líquido elaboraba colonia, llenaba frascos de todos los tamaños y los vendía a mis clientes invisibles. Cuando me cansaba de crear perfumes, me pulverizaba con el, ya que habia quedado con Roger Moore «El Santo», era mi novio, lo adoraba. Me quedé soñando y mis ojos observaban, desde mi balcón, una ventana frente a la fábrica por donde paseábamos cogidos de la mano, hasta que sono una voz estridente. Nena quieres hacer el favor de estudiar, que mañana tienes examen.

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  8. Marusela 2 de enero de 2023 a 18:59 #

    LA ÚLTIMA CARTA

    Sigo pensando en ti y te escribo la última carta de despedida, donde te digo todas las cosas que nunca te dije. Poniendo punto final a nuestra relación.
    Al principio de nuestra historia, creé una imagen tuya que no corresponde a como eres; Nuestra vida en común no ha sido fácil, es difícil definir tu comportamiento. Levantas bloques de esperanza entre los dos.
    No te importa dañar a las personas de tu alrededor para conseguir aquello que deseas. Tu carácter es fuerte y lo peor es que siempre has querido tener la razón, nunca has visto tus errores.
    Rechazas a las personas que opinan distinto a ti.
    Lo que ocurrió en la cena ayer me desagradó. No debiste contradecirme delante de los amigos dejándome en ridículo. Me sentí como alguien confundido sin saber que decir o hacer. En ese momento pensé: “esto tiene que terminar”.
    No admites que nadie te dé un consejo ya no hablamos, nos gritamos: siempre dices, “no grites que nos pueden oír los vecinos”. Lo único que te importa es el qué dirán si nos oyen.
    Intenta no ser tan subjetiva y no critiques según te caiga bien o mal la persona. Parece que te sientes muy cómoda cuando organizas alguna discusión quedándote tu fuera de ella. Eres de las personas que ‘tiran la piedra y se esconde detrás de la maleza’.
    Mi hermano no te cae bien, siempre que estamos reunidos mencionas el tema que a él no le agrada sabiendo que se iniciara una discusión. He llegado a la conclusión de que eres una persona tóxica, no escuchas las opiniones y argumentos de los demás cuando no te interesa el tema. Tu siempre quieres ser el centro de atención en los temas de conversación y eso es imposible.
    Ayer cuando estábamos discutiendo oí una frase que me llamó la atención, uno de los amigos comentó, “otra vez peleándose, es preferible que se separen. Por el bien de los dos deberían dejar de verse”. Totalmente de acuerdo con él, y con esta carta doy por terminada nuestra relación.

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  9. Eme R. 2 de enero de 2023 a 19:44 #

    Querida profesora.
    El único recuerdo que tengo de ella es una bombonera. La que tenía siempre encima de la mesa para nosotras, cuando nos reuníamos semana tras semana para leer libros prohibidos.
    La sala estaba llena de estanterías, apuntes, carpetas, y revistas de distintos países en un desordenado orden. La casa olía a lavanda; olor que ha seguido siempre conmigo.
    Cuando nos descubrieron, todas salimos perdiendo, ninguna tuvo tiempo de hablar con las demás. Me sacaron del país, y lo único que supe fue que a la profesora se la llevaron presa.
    No se qué pasó con ella, pero cuando regresé, a un país ya libre, las noticias que me llegaron fue que pasaba el tiempo, en su sillón preferido, recitando párrafos de libros antes prohibidos.
    Que impotencia no poder darle las gracias por lo que hizo con todas nosotras. Aunque nunca las he vuelto a ver, nos abrió la mente, nos abrió caminos a otros mundos; otros mundos que, ella, todavía pudo conocer, pero no disfrutar por mucho tiempo.
    Ahora escribo. Periodismo. Mi escritura fue y sigue siendo reivindicativa, y todo se lo dedico a mi querida profesora.
    F I N

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  10. Anclauca 2 de enero de 2023 a 20:15 #

    INSTANTES DE QUIETUD

    Detrás de la maleza, una bicicleta, con aspecto de haber tenido muchos dueños, sirve de sostén a diferentes accesorios malabares que un artista callejero utiliza cuando el telón del semáforo en rojo se abre. Durante cuarenta y cinco segundos, el joven malabarista muestra su habilidad ante la mirada de conductores que, por un breve periodo de tiempo, arrinconan sus pensamientos para observar cómo un colorido paraguas se sostiene en su frente, cinco mazas vuelan en el aire impulsadas por sus manos y una pelota rayada con los tonos del arcoíris revolotea entre sus pies. Alguien confundido mira de reojo mientras el artista hace virguerías tratando de captar su atención.

    Es entonces cuando mis ojos atrapan en un círculo la imagen e iluminan, con una potente luz cenital, el espectáculo. La compacta oscuridad que destaca la imagen y la aísla del sumiso realismo de lo cotidiano solo permite el paso a clarinetes, saxos y trompetas que, como pinceles en el aire, completan un cuadro expresionista de colores violentos que esparcen alegría.
    Cuando el círculo se difumina, el negro que realzaba la nítida imagen desaparece. El rugir de los motores y el avisador sonoro de los automóviles me devuelve a la realidad. Bajo la ventanilla, saco el brazo espero a que el joven se acerque: una ola de vida me saluda tendiéndome un sombrero de bombín boca arriba del que brotan girasoles: ”¡Muchas gracias, señora! ¡Que tenga un bonito día!”

    Miro sus ojos y un olor a verbena, con poder mágico para cambiar el más descuidado estado de ánimo, confirma que cuarenta y cinco segundos de arte tienen la capacidad de apelar a los sentimientos más profundos del individuo, capacidad que nos hace humanos y nos diferencia de las bestias.

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  11. Alarido 3 de enero de 2023 a 10:23 #

    LEY, CAMINO Y MODELO DE VIDA, ¿CONCEBIMOS ESPERANZAS?

    Acomodado en su sillón preferido, mi padre estaba sumido en un duermevela; la brisa le acariciaba el rostro y sus manos acariciando algunos saquitos con olor a lavanda. En las fronteras del sueño y la realidad repetía las antiguas plegarias: Que llueva antes de la siembra, que brille el sol y que no granice.
    En la tranquilidad del jardín escuchaba la suave y saltarina caída del agua, siempre regular, siempre cambiante. Fijó su mirada tranquila llena de sabiduría atemporal en mí y me rogó que me calmara.
    –No te enfrentes a mí, pareces la superficie encrespada del mar y yo soy como su fondo eternamente tranquilo. Ha faltado el grueso de un cabello para que me increparas, ¿verdad hijo?
    –Te ruego padre que intercedas ante mi tío, tu hermano mayor, para que me permita cortejar a su joven esclava Badra o bien, cómprala para nuestra casa, hazlo por mí. Tiene trece años, es discreta, simpática, pudorosa, reservada y es una delicia ver cómo se las ingenia para mantener las distancias.
    Tú mismo dijiste de ella que era agradable de mirar cuando se alejaba y sabía volverse sin perder la naturalidad por ello, ¿no lo recuerdas?
    No conozco la intención de mi tío, ¿me temo que querría quedarse con ella para casarse, como esclava de placer o para tareas domésticas. ¿Casarse cuando ya tiene dos esposas? Temo que los deseos de mi tío me arrebaten a la bella y dulce Badra.
    –Hijo sé que no has merodeado por esos antros del placer en busca de esclavas que saciaran tus apetitos carnales, incluso sé que es la primera vez que vas a amar y podrías tener a las mujeres más bellas de Kabul, ¿por qué no eliges la que más te plazca?
    –No padre, no quiero esos furtivos placeres de los hombres, no deseo ninguna otra mujer, Badra es la que quiero, cuando pienso en ella me invade una sensación de pureza inimaginable.
    –El Islam dispone que la virtud se sitúa muy cerca del vicio y tú no lo tienes. Tu tío es un personaje melancólico o romántico no sabría definirlo, pero en su juventud fue un hombre de amor ardiente y en sus brazos cayeron las mujeres más hermosas, te profesa un sincero cariño y te obsequia con su más preciada esclava. Puedes ir a por ella, la encontrarás en su casa y está avisada de tu llegada.
    Corrí al encuentro de mi amada. Los músicos ciegos tocaban junto a las celosías de las ventanas que protegían a las mujeres de las miradas extrañas.
    Badra inmersa en un cálido edredón blanco se refugió en mis brazos como si hubiera encontrado el asilo deseado. Con inusitada ternura y enigmática sonrisa me pidió incluir en el contrato matrimonial una cláusula que prohibiera la poligamia. Badra era mía y quise mirar el futuro sin miedo, con conciencia, la amaba.

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  12. Irisada 3 de enero de 2023 a 11:09 #

    LA CRISÁLIDA SE VESTIRÁ DE MARIPOSA

    Si al cerrar los ojos quisiera ser otra persona, déjame en mi despavorida huida sin detener mis pisadas temblorosas.
    Y si intento liberar mis cadenas, pero tintinea mi cuerpo débil y desnudo como una rama seca, cobija mi piel con ternura.
    Todavía no ha llegado el momento de andar sin zapatos que me opriman, de manera que no arrojes mis pies descalzos a las cenizas de la hoguera.
    Cuando en esta larga espera descubras que soy alguien confundido, toma mi mano para suavizar mi camino.
    O, quizás, un día logres ver volar lágrimas de mis ojos azorados, entonces búscame detrás de la maleza como un tallo quebrado y escondido.
    Como no ha llegado mi tiempo de derribar muros ni de luchar con furia, no dirijas la atención de la derrota hacia mi persona, porque no es cobardía ni desidia quien me gobierna.
    Cuando consiga respirar el olor a verbena de valles engalanados con la fragancia y los colores florales, llegará la primavera, y extenderá la mullida alfombra de hojas verdes que expande belleza y no cierra límites.
    A pesar de que es lenta la retirada del velo ante los ojos ajenos —que convierten el viento en cuchillas afiladas—, ya falta menos para cruzar el frondoso ruido de mi cabeza que rumia veloz. Mientras, atraviesa el tiempo entre mis manos. ¡Y como un estallido!, aparecerá la crisálida desnudando la verdad: la respiración armoniosa, me mantendrá; el corazón pleno, será silencio; un poso tibio con olor a café, perdurará en el aire; una ola de mar, traerá un suspiro aliviado; y por fin, surgirá la paz desde el lado más tierno y sincero.

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  13. Nuni 3 de enero de 2023 a 11:21 #

    Carta a los reyes Magos

    Queridos Reyes Magos del Oriente: mi nombre es María.

    No os había escrito nunca porque en mi casa está prohibido los Reyes y los regalos y cualquier cosa parecida. Mi madre hace jabones con la grasa de los bares pero les pone olor a lavanda y los vende en el mercadito, siempre dice que “no está el horno para bollos”, y mi padre, bueno en realidad es un señor que cambia mi madre todos los años así que no cuenta y mi hermano mayor trabaja en el circo o puede que en el zoo porque hace de camello, debe de estar muy ocupado porque lo veo muy poco. Resumiendo: en mi pequeñísima casa por llamarlo de alguna manera, no os imaginéis que es una bombonera porque está asquerosa, se grita mucho, se pasa frío y se come poco y muy mal. Lo que más me gusta de mi vida en estos momentos es mi novio José y los caramelos que nos trae la seño que no sé de dónde los saca pero tienen sabor a crema de berenjena y ya está.

    Bueno, voy a ir al grano que me disperso: esta situación ya no la aguanto más así que me voy a escapar para siempre, me voy con mi novio José que ya nos hemos puesto de acuerdo y en su casa también son un desastre con el tema de la Navidad y además ya no va al cole porque se pasa el día trabajando en la carpintería de su padre. Viviremos en las montañas libres y de novios para toda la vida.

    Ahora sí, voy al grano con lo que quiero pediros: lo que quiero es que me deis un embarazo, o sea que me lo pongáis en mí. Quiero empezar a formar mi propia familia y a partir de entonces disfrutaré de las Navidades y de la vida con los míos y los que yo quiero. Además, mi madre siempre dice que “Quien no corre vuela”, así que cuanto antes sea mejor.

    Mi novio José está muy de acuerdo con lo del embarazo, pero dice que si queréis traer al niño ya nacido pues que también aceptamos.

    Muchas gracias Reyes Magos del Oriente en nombre de los dos.

    María y José

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  14. Tadea Soriano 4 de enero de 2023 a 9:27 #

    EL SILLÓN DEL PRINCIPITO

    Su mente se alejó de nuestras vidas hace tres años. Durante la pandemia del Covid permanecimos juntos, aunque fue duro el saberme un desconocido para él, me reconfortaba que no se separara del libro que siempre nos unió: El Principito.
    Cuando su cuerpo comenzó el tránsito hacia el útero materno, desandando lo aprendido; ingresar a mi padre en una residencia fue inevitable.
    Desde ese día, cada domingo por la mañana, recorro en coche los quince kilómetros que me llevan a su hogar; imprescindible eufemismo para acallar mi conciencia.
    Me siento junto a él, le gusta dibujar, el pulso firme es quizá lo único que le pertenece.
    –La serpiente me quedó más gorda de lo previsto, parece una bombonera.
    –Sí padre, la tuya se zampó dos elefantes o el roscón de Reyes enterito – le contesto, palabra, mueca, mueca y palabra en perfecto desatino.
    Hoy, que por momentos no sabes quién soy, dónde estás y ni siquiera tu nombre; de tu boca sale fácil lo difícil; me pides que te regale una boa constrictor.
    –Está prohibida su venta –le comento, aunque ignoro si sigue la conversación o está instalado en ese lugar de abandono donde se cobija o si, ni siquiera, entiende mi contestación estúpida.
    De pronto me mira fijamente y me pregunta: ¿Pueden comprarse rosas rojas?
    –Sí, sí, rosas rojas, las que quieras.
    –¡Vale!, deseo una rosa roja con olor a lavanda –dice de un tirón.
    Mientras pienso en su petición, mi padre rompe el silencio.
    –En ocasiones sueño que estoy sentado en un sillón, en ese instante recuerdo quien eres. A medida que me desplazo hacia el borde del asiento para levantarme, el olvido me invade.
    Su sillón preferido permanece en mi salón, incapaz de deshacerme de él.
    –¡Ya lo sé, ya lo sé! –continua mi padre elevando la voz: No deseo una boa ni tampoco una rosa. Quiero el sillón de mis sueños.

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  15. Basilisco 4 de enero de 2023 a 11:41 #

    Prioridades
    Se dispuso a estrenar un lluvioso sábado con el ánimo renovado. Recordando la cena de empresa de la noche anterior se sentó ante el portátil y abrió el correo. Al acercar una taza humeante de café a sus labios, la soltó sin consideraciones, acabó estallando contra el suelo y esparciéndose como diminutas gotas de mercurio. Se quedó colgada ante la pantalla; sin parpadear, sin atender al estropicio, sin una mínima exclamación y sin caer en la cuenta de que desde el edificio de enfrente una mujer con gafas plateadas la observaba con indiferencia. Perpendiculares a sus ojos, dos regueros comenzaron a dibujarle en la cara los raíles de una vía que se iba trazando con la desaparición de un maquillaje reciente.
    Llevaba días sin atender al correo personal, con intención lo había dejado para entretenerse en navidades, había priorizado sumergirse en las compras y los otros menesteres regidos por los cánones prefestivos. Un comunicado de la empresa fechado quince de diciembre había provocado que todo su apartamento comenzara a desprender un fuerte olor a cenizas; que todas las palabras regaladas, todos los anhelos cimentados y todos los deseos compartidos la noche anterior anclaran a su garganta un intenso sabor a termo.
    Una combinación lacerante y dolorosa de letras «… causas técnicas… no renovaremos su contrato el próximo uno de enero…despido objetivo…», acalambraba el presente y desdibujaba el futuro. Alzó su mirada ahogada, buscando complicidad, otra mirada indiferente le hubiese bastado, el edificio de enfrente le respondió con persianas bajadas y diversas modalidades de cortinas, incluida la lluvia. Nunca se había considerado de la generación de los que sueñan, tal vez había llegado el momento de comenzar, para no ahogarse.

    Autoría: Basilisco

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  16. MV28 4 de enero de 2023 a 12:18 #

    Fue en otoño, cuando los árboles se vuelven amarillos y siguen siendo hermosos, y en el otoño de mi vida, cuando ya era difícil seguir siendo hermosa. Un hombre veloz como una nube apareció de pronto, llenándolo todo de ilusión, de amor, de pasión… Así, inesperadamente, dio un vuelco a todo lo viejo, lo antiguo, que siguió allí, viejo y antiguo, pero con otra luz, con olor a limpio de alcanfor y sabor a algodón, como si lo hubiera pintado mi existencia entera con una pátina de barniz opalescente. Qué hermosos y cortos días. Qué feliz fui.
    ¿He dicho que fue veloz como una nube? Se acabó tan rápido que costaba creerlo. Le pedí, le supliqué una cita más, un último encuentro de despedida. Me lo concedió. Fuimos a un sitio precioso que vi en una agencia. Las fotos me hicieron pensar en lo bonito que sería ir allí con la persona amada, con él. Era un romántico hotel en la montaña, y no estaba lejos. Había un rincón junto al lago, un mirador con bancos llenos de corazones grabados por los enamorados que habían pasado allí antes que nosotros. Quería que recordara esa última noche conmigo, que por lo menos eso perdurara en su memoria.
    Nada salió como lo había previsto. Hacía mal día y el bello lugar estaba desapacible y frío. En el mirador no se veía más que brumas. Pensé que parecía que iba a salir una criatura bestial de sus aguas oscuras, y ya sabía su nombre: el olvido. Estuvimos allí una tarde, una noche y una mañana; no salió el sol ni una vez. A la mañana siguiente nos fuimos, y cuando me dejó en casa todo acabó. Pensé, derrotada: “Has hecho lo que has podido, pero no has tenido suerte”.
    Además, me dio un regalo envenenado: un planificador de terciopelo, que me haría recordarlo un año cada vez que lo usara. En realidad, no hacía falta. Hasta hoy, no lo he vuelto a ver.

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  17. CJ35 4 de enero de 2023 a 21:46 #

    Un homenaje a la tieta de Serrat .
    Con la copia de la llave la conserje pudo abrirnos la puerta.Nada más abrir nos sorprendió el olor penetrante que desprendía la vivienda . Era una mezcla dulzona , que no identificamos de primeras.Junto al olor algo agobiante sobresalía otro que nos era muy familiar , el de lavanda. El gato salió disparado ,como alma que lleva el diablo, escaleras arriba… Los hombres pasaron delante de nosotras, les seguimos pegadas a ellos, temiéndonos lo peor . Empezó a temblarme el cuerpo entero de puro nerviosismo, no quería admitir lo que ya me gritaba la razón.
    El piso permanecía en semi penumbra, las contraventanas entornadas, apenas dejaban penetrar el fuerte sol del mediodía.A pesar de estar ya en invierno , este día de Navidad resultaba ser un día muy soleado en la ciudad de Barcelona. Mi hermano , que era quien encabezaba el grupo, no necesitaba ayuda alguna para moverse por el ático sobrado de recuerdos de nuestra infancia, este era nuestro segundo hogar.
    El salón parecía ordenado como de costumbre, así como las demás estancias situadas a ambos lados de un largo pasillo estrecho.Decenas de fotos colgaban de las paredes, fieles testigos de las andanzas de mi hermano Joanot y mías por el mundo, desde nuestros primeros pasos hasta nuestras recientes bodas.
    Al final del pasillo,desde el interior de la alcoba de la tieta , un rayo de sol se filtrada a través de la puerta . Ella la solía dejar entreabierta a propósito para que Mel , su gordo y ocioso gato , pudiese deambular a su antojo durante la noche. Mi hermano al llegar a la habitación y encender la luz lanzó un grito de sorpresa y exclamó: -¡Deu meu , està morta !…Nada más oírle me precipité a su lado y sin reparar en nada más , me acerqué a mi tieta, le cogí con cuidado una muñeca ya fría e inerte y tras tomarle el pulso, comprobé que efectivamente , estaba muerta . Metida en la cama, tapada hasta la barbilla con un grueso edredón , la cabeza recostada en un cuadrante, con el pelo arreglado de peluquería, pulcramente metido en una redecilla, parecía dormida. Una dulce sonrisa en los labios, parecía invitarnos a despertarla y a que se apresurase en venir a comer a casa, junto a toda su familia , que la esperaba…Me sentí desfallecer , pero mi hermano me rodeó los hombros a tiempo y evitó mi caída , tiernamente me apoyé en su pecho no sin antes sorprenderme al ver lágrimas gruesas en sus ojos.
    – ¡Vaya ! , pensé, sorprendida , luego va de duro por la vida !
    -¡ Con razón no le cogía el teléfono señorita , señaló la conserje !.Con aparentes ganas de desaparecer del marrón que se le había presentado un día tan señalado como hoy.
    -¡ Seguro que le están esperando para comer,váyase tranquila , no la necesitamos más!
    Se retiró al momento , visiblemente aliviada por haberse librado tan rápido de algo tan desagradable.
    Miré a mi alrededor, frente al espejo de cuerpo entero , toda la ropa , de la Tieta estaba cuidadosamente colocada para vestirse con su habitual elegancia, todo listo para celebrar el dia de Nadal. Había colocado: sus mejores medias de seda, su recatada ropa interior de algodón,sobre el respaldo de una silla al lado de un espejo de cuerpo entero .Su traje de chaqueta recién salido de las manos de su modista , olía a tela nueva que junto a sus guantes de cabrillo color canela, completaban la estampa de una mujer elegante pero siempre contenida.
    -¡Sempre presumida , la tieta!. Sobre el tocador, el foulard de seda que le regalé para Reyes¡ Le encantó ese color entre purpura y vino !. Un frasco grande de colonia se había derramado sobre la espesa alfombra , al pie de la coqueta , impregnando la estancia e incluso el piso entero, con la penetrante fragancia . Aspiré con gusto el apreciado aroma , el característico olor de mi querida tieta Montsé.
    Su mejor legado.
    Me dediqué a repasar lo sucedido una y otra vez. Volví a mi antiguo hogar con muchas dudas y reproches para el funeral.Con esa sensación de fracaso que me atenazaba desde hacía días.
    Mi enorme habitación, seguía intacta con todos los detalles salvo por un mueble que eché en falta nada más entrar en la estancia : mi viejísimo sillón .Pregunté por él a mi madre..
    -¡Está en el sótano!, me dijo mi madre. Efectivamente allí lo encontré, bajo una sábana vieja que amarilleaba bajo la cantidad de polvo. Los años y sobretodo el exceso de uso ,le habían causado estragos. Su cuero que siempre me había recordado al chocolate, había virado al color de la mostaza..Sus tachuelas que parecían de oro, se habían tornado verdosas, de ese mismo color que tanto me llamó la atención en mi visita años atrás, a Liberty Island al visitar la gran dama de New York . Ese día mi abuelo, me regaló por mi cumple años, dos de sus bienes más preciados :Su máxima de vida: El valor de la libertad como bien supremo y el otro, no menos valioso para él aunque material: Su amado sillón.
    En realidad , tras jubilarse, se iba a mudar a nuestra casa , al cuarto de invitados y ese voluminoso y decrépito mueble no iba a caber en tan poco espacio. Por fortuna, bajo la cubierta a dos aguas de nuestro hogar, mis padres,como regalo por mi Bar Mitzva, habían instalado mi habitación

    .¡ Un desván entero para mi uso y disfrute!. Una de las mejore ventajas de ser hijo único.
    Con reticencias, situé el enorme asiento, bajo el mayor de los tragaluces, allí recibía la luz de pleno. Mi madre me felicitó , según ella, había escogido el lugar perfecto.
    -¡ Así si quieres leer, no te castigarás la vista !.Siempre tan práctica. Mi padre, escritor, subrayó mi buen gusto mismamente.
    -¡Podrás escuchar el viento y la lluvia , contemplar la luna y las nubes. Admirar los primeros copos .¡Todo un lujo !.
    Mi abuelo , no alabó la excelente situación estratégica escogida pero debió de gustarle, ya que hasta mis diecisiete años de edad, época en que desgraciadamente falleció, solía subir para disfrutar de nuestro sillón compartido…
    Cada tarde, iba alternando mi postura sentado a su lado: A horcajadas sobre unos de sus mullidos brazos, como un verdadero cowboy o como un piel roja en su tipi, cruzando las piernas sobre la alfombra. Leíamos en voz alta por turnos, comentábamos los fragmentos más sobresalientes, y sobretodo disfrutábamos de nuestros amados libros .Las lecturas me las solía sugerir él,
    -¡ Para disfrutarlas de nuevo! , decía, y yo me sentía alagado al descubrirlas de la voz de este gran amante de la literatura en cualquiera de sus formas y estilos.
    Corrimos peligrosas aventuras en” la Isla del tesoro”. Aprendí el valor de la amistad con “ les tres mosqueteros” y me emocioné ante el dolor de un pueblo que se extingue con“ El último mohicano”.
    Mi amado sillón me había esperaba pacientemente para asaltar mis recuerdos en mi reticente memoria de hombre siempre ocupado,¿ Quién sabe si me podría proporcionar un poco de alivio ? . Cogí un viejo libro olvidado, recubierto de polvo y con un penetrante olor a moho y me puse a leer.
    El hombre triste.
    A menudo recuerdo algunas anécdotas del bar de mi pueblo que regenté durante toda mi vida. Entre muchas de ellas me conmueve todavía la que yo llamo : El hombre triste. Solía llegar temprano , pedir un cortado y sentarse a leer el periódico en una de las mesas que daban a la calle . Apenas saludaba con un leve movimiento de cabeza – ¡Buenos días, un cortado por favor! Varios meses le observé a la espera de poder mantener alguna pequeña conversación anodina, como sucedía con todos mis parroquianos. Nunca participó en ninguna de las charlas, ni expresó opinión alguna.Algunos clientes me preguntaron sobre él sobre su procedencia o la razón por la cual todos los días sin falta se sentaba en la misma mesa y permanecía callado y reflexivo durante unas dos horas.¡ Era un misterio! Pasado un tiempo,todos se desinteresaron de él. Se había fundido su figura con el mismo local:Estaba la barra , las mesas y las sillas , el viejo perchero atestado de abrigos , la máquina de tabaco , el jukebox , el pinball y el hombre silencioso del fondo, junto a la cristalera que daba a la plaza .
    Un buen día no apareció, pensé :-¡ Debe de estar enfermo , parece mayor, un mal catarro !
    Transcurrieron tres días,una semana y más de seis meses¡Nada!.Nos olvidamos de él. Sin más
    Un año largo después , un joven desconocido de apariencia cuidada y con gesto amable entró en el bar.
    No aparentaba tener más de treinta años.Parecía preocupado y algo triste.
    -Hola buenos días , un café con leche con dos tostada con mantequilla , por favor !
    -¡Ahora mismo caballero !
    Mientras preparaba su pedido le observé con atención. Sus rasgos me resultaban familiares..
    -Perdone si le molesto , pero su cara me suena mucho !.¿Es usted de por aquí ?
    -No,no soy de aquí, soy de Madrid,capital .Suelo venir poco, viajo mucho por mi trabajo.
    -¡Pues perdone me habré confundido, aunque me recuerda mucho a alguien, pero ahora mismo , no sé muy bien a quién !.
    -No pasa nada tranquilo., me siento ahí un rato a leer la prensa. ¿Cuánto le debo ?
    -Ahora mismo se lo llevo , y le cobro entonces ,caballero.
    El joven , fue a sentarse al fondo justo frente al ventanal del fondo y allí al ver su perfil recortado sobre el cristal, leyendo, caí en la cuenta : Era la viva imagen del desconocido que durante varios meses , frecuentó el bar. Se lo comenté al servirle y él sin apenas extrañarse me aclaró, que el extraño caballero era su abuelo. Las monjitas, que le cuidaban le habían contando que su único interés del día, era venir a sentarse varias horas aquí mismo , por una muy buena razón. La visión de la plaza mayor del pueblo era inmejorable desde aquí. Entre ese cuadrilátero flanqueado de soportales con su vieja fuente recubierta de musgo , habían transcurrido todos los acontecimientos trascendentales de su vida. Allí, sentados en el poyete de la sacristía, se atrevió a pedirle matrimonio a su novia de siempre, Angelita .El último acto, el recién funeral de su amada esposa, tiñó su rostro de una infinita tristeza.
    -Y ahora ,¿ dónde está, está bien ?
    Dije preocupado por mi enigmático cliente, por el que de repente sentía una gran simpatía .
    -Sí ,Todavía está bien fisicamente hablando, su memoria es la que le ha abandonado, tiene alzheimer desgraciadamente. Conociéndole como le conozco, sé que venía para hacer acopio de sus recuerdos. Conocedor del imparable deterioro de su memoria, quería revivirlo todo.

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  18. Hugo (Nacho) 5 de enero de 2023 a 8:04 #

    AROMAS Petra disfrutaba en su jardín. Había llegado a tener una gran colección de plantas aromáticas que cuidaba diariamente con mucho esmero y a las que se refería como “sus nietas”. Se paseaba entre los matorrales olorosos ataviada con botas de agua, falda larga gris de franela, una camisa blanca con bordados rojos y verdes, y una chaqueta de lana azul marino. Para poder ocuparse convenientemente de “sus nietas” completaba su atuendo con unos guantes de jardinería, y llevaba a la cintura y encima de su falda, un cinturón de cuero del que colgaban tijeras, pinzas, y una azada, una pala y un rastrillo todas de pequeñas dimensiones.

    Sin duda era el olor a lavanda el que más le embriagaba, el que más le transportaba a otros lugares. Pero también le atraían muchos más como la albahaca, el romero, el estragón, el eneldo o la hierbabuena. Para verificar el estado de salud de sus plantas todas las semanas Petra cortaba pequeños esquejes que recogía en una bombonera, regalo de su madre. A continuación se dirigía a la caseta que tenía en un costado de su jardín, y colocaba los esquejes encima de su mesa de trabajo, donde usando juegos de tinturas, lámparas y lentes de aumento, observaba detenidamente su crecimiento, los posibles parásitos y tomaba fotografías. Si en esos momentos de estudio detectaba problemas, volvía al jardín con herbicidas, abonos o conectaba los dispositivos de riego.

    Una vez finalizado el día, y después de despojarse de sus utensilios de trabajo, Petra se preparaba una cena sencilla que casi siempre se componía de una sopa de legumbres y una tortilla con queso. Después de la cena, se hundía plácidamente en su sillón preferido, y allí repasaba detenidamente las fotos que había tomado de “sus nietas” durante el día.

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  19. Pueblo5 5 de enero de 2023 a 14:08 #

    SABOR A RAÍCES
    Salgo una noche especial con la ilusión de un niño que descubre a su paso el mundo que le rodea.

    Mi ciudad por estas fechas está llena de ilusión y color. Las calles traen bloques de esperanza y unión en unas fiestas tan esperadas.

    Paseo entre personas de diferentes culturas como alguien confundido que no encuentra la salida. De pronto, un olor a verbena invade el ambiente. Alcohol, risas, bailes, roces, miradas… Una lástima que las pantallas de los móviles sean las estrellas invitadas. Decido sentarme y pedir algo de beber antes del gran acontecimiento. El licor de naranja, un sabor a elixir que recorre ahora todo mi cuerpo. Cuando termino de secarme las lágrimas al escuchar el himno regional, sé que por fin ha llegado el momento.

    Me desplazo rápidamente a la zona del río para disfrutar del tan ansiado espectáculo. Detrás de la maleza se encuentra una gran multitud, observando como yo, la belleza de los fuegos artificiales. Una música especial, que recoge el espíritu de toda una comunidad, Valencia. Esa ciudad que decide plantar cara a los problemas, que no se rinde, que sigue confiando en sus pasos. Un último cohete de color cobrizo da por finalizado el acto.

    Valencianos, valencianas y todo el mundo presente, unidos por un ritmo que hacen singulares las calles de Valencia. Una provincia que invita a otros muchos a que la caminen para que algún día sientan aquello que nos hace comunes. El formar parte de un mismo lugar.

    «Germans, vingau»

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  20. Esperanza 6 5 de enero de 2023 a 17:10 #

    Artesano

    No deja de llover sobre los bloques de Esperanza 6, la colonia donde vive Zareb. Desde hace varios días se queja en su fuero interno de la humedad que estropea el papel, por eso lo trata con mayor delicadeza aún. En este momento está transcribiendo una obra de teatro de Shakespeare, encargo de un coleccionista de Ciudad Central.

    El apartamento es pequeño y sencillo; le pertenece, como unos cuantos almacenes para el material y los libros. Nadie diría que es rico, pero lo es. En un mundo casi por completo digital, la pasta de celulosa, la cola, la tinta…, son bienes escasos y caros; se pueden utilizar otros elementos, pero importan tanto las palabras como la belleza y la conservación del producto. El hombre recuerda haber leído que en el siglo XXI las editoriales destruían libros a toneladas porque no llegaban a ser vendidos nunca, pero le resulta inimaginable. ¿Qué mundo de superabundancia se podría desprender de algo tan valioso?

    Hoy, como todos los días, disfruta del proceso lento de su trabajo. Los trazos de la pluma dibujan palabras precisas y arrancan del papel un ligero olor a verbena y vainilla, tan familiar y reconfortante como una taza de té. Sin embargo, el artesano tiene una honda preocupación: es miembro de una especie en extinción, uno de los últimos amanuenses o escritores a mano de la lengua única (todas las demás se perdieron con la tendencia secular a adoptar el idioma del imperio).

    Justo cuando remata la última línea de «Hamlet», se oye un zumbido que procede del intercomunicador. Nadie llama desde hace semanas y no espera visita. ¿Alguien confundido? El hombre se limpia las manos de tinta con un trapo y se levanta con esfuerzo para acercarse a la puerta. A través de la pantalla se presenta una joven con el pelo oscuro recogido en una coleta y una mochila a la espalda: «Hola, soy Sofía, me mandan del ministerio». Aunque está más acostumbrado a las voces escritas, capta la ilusión y el cansancio en el tono de la chica, que ha recorrido media galaxia.

    Zareb sonríe, sus plegarias han sido escuchadas por el ministro de Cultura e Historia. Por fin, una aprendiz.

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  21. Calíope 5 de enero de 2023 a 18:53 #

    UN BESO EN EL ROYAL

    Como todos los días, Marta regresaba del trabajo en el autobús del extrarradio. Sumida en una apatía que se había convertido en su compañera, miró su reflejo en el cristal. No reconocía a aquella mujer madura de pelo mitad negro, mitad cano, ni su cara repleta de surcos que le hacía ver en qué se había convertido. Poco antes de la gasolinera, una mujer de gafas plateadas, cuerpo rechoncho y sonrisa pícara se acercó a ella y le preguntó la hora. La ignoró. Como una autómata, pulsó el botón de su parada –el antiguo Hotel Royal– y se apeó.
    Había oscurecido y la fachada del edificio ofrecía un aspecto casi fantasmagórico, alejado de los tiempos de esplendor que le dieron renombre.
    Cuando pasó junto al callejón donde antaño se encontraban los contenedores de basura del Royal, percibió un raro olor a ceniza. Una bruma la envolvió y Marta, asustada, quiso dar marcha atrás, pero no pudo. Notó como si unos brazos fuertes la arrastraran hacia la oscuridad. En ese momento una figura de aparente forma humana se acercó a ella. Marta notó un dulce y tibio aliento. Un beso, húmedo y ardiente, le hizo perder la noción del tiempo; solo deseaba seguir unida a aquella boca, retener para siempre el placer que la invadía. De repente, todo terminó. La niebla se difuminó, como pequeñas gotas de mercurio, dejando un estela plateada que poco a poco fue desapareciendo.
    Marta regresó todos los días de su vida a aquel callejón, incluso cuando años después fue demolido, pero el suceso nunca volvió a producirse. Nadie entendió jamás su obsesión por aquel edificio. Murió sola, en su pequeño apartamento del Barrio Sur, pero hasta su último
    momento recordó aquel suave beso, en el oscuro callejón del Hotel Royal.

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  22. MIRANDA LATINO 5 de enero de 2023 a 19:07 #

    TORMENTA MENTAL.

    Ese día Carmen se levantó revuelta, con el paso cambiado, abrumada por pensamientos turbadores que la incitaban a volver a la cama y no levantarse jamás.
    Los días así se habían convertido en una costumbre, y Carmen empezaba a tener claro que mucho tiempo así no podría continuar.
    En su mente atormentada había imaginado un planificador de terciopelo para su vida, suave, sin aristas, sin problemas; y no el planificador de arpillera, áspero y poco confortable que la invadía.
    Esta existencia convertida en caja de sorpresas la estaba trastornando y necesitaba encontrar un modo de volver a sentir el olor a limpio en el ambiente, la paz, la calma.
    Definitivamente comprendió que su salud mental estaba empezando a quebrarse; este pensamiento aun la atormentó más y le hizo más difícil continuar con las rutinas matutinas.
    Pero ahí estaba ella, en pie, dispuesta a enfrentarse de nuevo a este día que ella percibía tan difícil.
    Por su mente pasó la idea de una vida ideal, sola, en una casa en un rincón junto al lago, sin teléfono, ni problemas. Sin gente.

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  23. Apollonia Vitelli 5 de enero de 2023 a 19:17 #

    PASEO POR LA PLAZA

    -La he matado…- decía Ángel serenamente mientras daba pasos suaves, pasos inocentes que desconocían la gravedad de lo que acaba de hacer, pasos llenos de delirio y alucinaciones -. Ahora estás callada, te quiero mucho.

    Ángel repetía este mismo diálogo una y otra vez, que se veía interrumpido por gritos ahogados de pavor y espanto de sus vecinos, acompañado por el apacible sonido de sus pies arrastrándose sobre la acera de la plaza del pueblo y el fuerte olor a lavanda, el olor de su niñez.

    Junto a su sombra le seguía un camino de goterones de sangre, que caían chorreando del pesado paquete que guardaba bajo el brazo izquierdo, que estaba torpemente envuelto en un manto que solía ser blanco, pero ahora estaba teñido de color vino, que le hacía sentirse cada vez más sediento.

    Siguió andando torpemente, con la mirada nublada, balanceándose de lado a lado y repitiendo la misma melodía, como solía hacer cuando era niño con los cánticos eclesiásticos en el coro de la iglesia. Cerró los ojos y continuó andando a paso lento, sin saber si estaba vivo o muerto. Ignoraba si todo era una alucinación o si el cuchillo que empuñó con tanta fuerza era real; si la sangre que le caía por el brazo y la palma de la mano, dejando un rojizo rastro que llevaría a la policía a la escena del crimen, era uno más de sus delirios; si ese sabor a crema de berenjena, que empapaba su boca, no era más que uno de sus desvaríos que le llevaban de vuelta a su infancia.

    Se escuchaban cada vez más gritos y sintió el acercamiento de desconocidos, la aproximación de un peligro, y abrió los ojos. Echó a correr sin pensar y sus piernas, pesadas y torpes, tropezaron causando su caída y la de la cabeza de su madre, recién decapitada, que rodó ensangrentando el pavimento de la plaza. En ese momento de caos y confusión, Ángel deseó estar acurrucado en su sillón preferido, en el único lugar dónde encontraba la paz y sus delirios parecían muy lejanos.

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  24. ael 5 de enero de 2023 a 20:56 #

    La espera.
    Tumbada en su sillón preferido esperé toda la noche. Truenos retumbaban a lo lejos y goterones de lluvia golpeaban los cristales. El crepitar del fuego me arrullaba y me invitaba a caer a los brazos de Morfeo, pero me negué; encendí cinco velas de un fuerte olor a lavanda y dejé a mi mente divagar por recuerdos y memorias.
    …Un pastel con sabor a crema de berenjena humeaba sobre el mantel mientras encendías la radio; nos sentamos y las risas llenaron la habitación como el pastel a nuestros estómagos…
    Abrí los ojos y lágrimas recorrieron mis mejillas obligándome a aceptar los hechos. Diez años después parece que esa noche fue ayer.

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  25. Jaume Negre 6 de enero de 2023 a 8:02 #

    Bloques de esperanza
    La noche era oscura, sin el apoyo de la luna nos adentramos en la última etapa del viaje; cruzar el estrecho. Las cuatro tablas que amarramos para surcar el mar se agitaban de forma violenta a merced de las olas. Hambrientos, extenuados, mojados, con los huesos calados por la humedad y, en el horizonte las luces de Europa, como faros alumbrando nuestro destino. Por fin llegamos a la costa junto con los primeros tonos albos del cielo, luz suficiente para divisar de cerca la costa deseada. Unos feos bloques grises de hormigón se convirtieron en bloques de esperanza, dónde decidimos desembarcar. Podríamos escondernos fácilmente y salir cuándo fuera seguro.

    Alguien confundido nos observaba desde la orilla, tuvimos miedo y salimos corriendo del rompeolas de hormigón, no sabíamos si era amigo o no. No podíamos arriesgarnos, habíamos salido de casa hace unos meses atravesado un desierto y cuatro países andando, por una vida mejor. ‹Aguanta un poco mas›, me decía. Con la memoria de mi familia en la mente, aquella que depositó sus esperanzas de una vida mejor en mi viaje, salí corriendo en dirección a unos matorrales, dejé solos a mis compañeros, detrás de la maleza me oculté en silencio.

    Perdí la noción del tiempo hasta que el sonido chirriante de una sirena me devolvió a la realidad. Con la respiración entrecortada, cada vez más fuertes las palpitaciones en mi pecho, abrí los ojos, agudicé el oído. Unas voces masculinas se entremezclaron con los ladridos de un perro; me estaban buscando. Frustrado, con el corazón en un puño, decidí arañar una última oportunidad: correr. La fuerza de toda mi familia me impulsó, corrí veloz en dirección opuesta a las voces. Unos brazos vestidos de verde me agarraron con tanta contundencia que frenaron mi carrera. Entendí que estaba derrotado, mis sueños se derrumbaron junto mi cuerpo; sus risas, me apuñalaron el alma.

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  26. MORGANA 6 de enero de 2023 a 16:31 #

    MELÁNCÓLICA ADOLESCENTE.

    Gitana, te bajabas las medias de seda al compás de una triste soleá. Tus ojos negros, como la noche destilaban una negrura impenetrable; déjame quitarte la ropa, gitana.

    OLOR A LAVANDA
    Desprendía tu piel tostada un suave olor a lavanda. Tu mirada era ardiente; ahí supe q te habías enamorado y, rompiste el hechizo de la luna.

    SILLON PREFERIDO
    Miraba como el agua del mar se retorcía, sentada en mi sillón preferido, el azul turquesa, invocaba a la sirena; llevádle mi amor a Targadis q muero de pena.

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  27. Ada 6 de enero de 2023 a 17:46 #

    El Tejedor
    Todos pensaban en un hombre veloz como una nube, considerado un héroe, cuando en realidad se movía con la lentitud, cuidado y cariño necesarios para, en su caminar cada mañana, no pisar los gusanos que comían las hojas caídas al suelo de la morera, su árbol preferido, y respirar tranquilo el aire que tantos instantes de felicidad evocaban en él.
    Paseos en compañía, los que ahora recorría solo, caminando hacia un rincón junto al lago, de la mano de su ausencia cuyo tacto aún podía sentir. Al llegar, tiraba una piedra para dibujar los círculos en los que comunicaba con imágenes que desaparecían y otras resurgían. Hablaba horas con estas sus presencias.
    Agotado, la líquida pantalla se volvía efímera y el lago recobraba la calma.
    Entonces, hombre veloz cogía agua en su mano para beber. No podía abandonar el lugar sin ese sabor a algodón, el mismo de la blusa en el día de la despedida.
    De vuelta, retomó su tarea como planificador de terciopelo; lo preparaba con pulcritud, en su taller, invadido por el perfume de olor a limpio.
    Gentes a muchos kilómetros venían a encargarle la confección del tejido para sus trajes, porque era el mejor en la profesión. Los clientes le llamaban “Excelencia” por lo excelente de su trabajo, no por poseer título alguno.
    Satisfacía los deseos de los encargos con la inusitada rapidez que ninguno de sus colegas podía alcanzar; llegó a ser nombrado “el hombre veloz como una nube” en dia de tormenta.
    Pero, del trabajo que más orgulloso se sentía, era del suave tafetán de terciopelo brillante y colorido que tejió para arropar a su anhelada cuando al alba le esperaba en el lago.

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  28. Havana 6 de enero de 2023 a 18:04 #

    La Casa del acantilado
    Brétema es un pueblo pequeño, tranquilo y acogedor. Igual que tantos otros posee leyendas sobre casas encantadas, algunas con tanto peso que parecen negarse a morir. Sobre el acantilado, y protegida por una fina lluvia, se levanta una construcción que siempre ha protagonizado el folclore de sus habitantes. Sin importar quién las cuente, sus historias finalizan con la inexplicable y trágica muerte de quienes la habitaron. Todos la recuerdan en ruinas y encantada. Junto a Simón pasé años invadiendo sus paredes para compartir confidencias, juegos infantiles y otros pasatiempos menos inocentes. Ninguno de los dos presenció nada hasta aquella noche… En la que prometimos no volver jamás.

    Tras años encadenando malas decisiones, regreso al hogar. Me sorprende ver que, a excepción de algunas tiendas, las calles del municipio son idénticas a como las recordaba. Me dirijo hacia la casa del acantilado para reconciliarme con el pasado. Al observar el escenario, descubro que no es ningún lugar mágico: sus cimientos han sido devorados por la vegetación, perdiendo todo su embrujo. No recuerdo haber tomado la decisión de entrar, pero ya estoy paseando por el segundo piso cuando un extraño olor a limpio me inunda las fosas nasales. Bajo las escaleras con miedo a que los peldaños no sean capaces de soportar mi peso y con la sensación de que cada vez estoy más lejos del final. En el comedor respiro aliviada. Me concedo unos segundos para perderme en los recuerdos de todo lo vivido y, sin darme cuenta, ensimismada, tropiezo contra un bulto. El pavor me recorre de arriba abajo. Intuyo lo que voy a encontrar. Mi cadáver yace sobre un suelo mugriento y deshecho, envuelto en tantos tejidos que mis labios fácilmente podrían tener sabor a algodón. Al verme ahí tirada, junto a mi antiguo planificador de terciopelo, recuerdo que las leyendas jamás desaparecen y que aquella última noche que todavía titila en mi memoria me convertí en la víctima de mi amigo y amante.

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  29. E. White 6 de enero de 2023 a 19:19 #

    HOJAS DE CEDRÓN

    Solo tendrá quince segundos —treinta a lo sumo— para permitirse el lujo de mirar atrás, y prolongar sobre su piel una pizca de la memoria que anticipa el estremecimiento del vello, rubio y erizado, de sus brazos. Cuando empieza a planteárselo se parece más a alguien confundido que a él mismo. El dedo índice titubea unos instantes, pero lo tiene muy claro. Actúa con decisión: tres, dos, uno… Cierra los ojos. Inspira profundamente.
    Las notas de salida le cuentan una melodía que conoce de sobra. El olor a verbena —fresco, cítrico, verano puro— lo invade todo, y sus labios no pueden evitar curvarse hacia arriba mientras sigue aspirando con fuerza, intentando fijar la esencia en su garganta para siempre, consciente de que es imposible.
    Cuando empieza a soltar el aire, poco a poco, la ve. Ella siempre le espera recostada en un pequeño claro, detrás de la maleza, lamiendo con deleite unas gotitas color vino que se pasean por el dorso de su mano derecha. El dulzor de los frutos rojos, bailando en la comisura de sus labios, le reclama.
    —¡Has vuelto! —sonríe la muchacha con júbilo en los ojos, con la naturalidad absoluta de su cuerpo desnudo y joven.
    Él corre a abrazarla conteniendo la respiración, haciéndose fuerte en los dedos, en las manos, en los brazos…; para hacerla suya solo un momento y no ceder a la presión infinita de su pecho, aunque solo sea un momento.
    Cuando se besan, quince segundos —treinta a lo sumo— valen el mundo entero, y el mundo tiene el sabor a elixir mágico que debe tener la vida de verdad.
    —Te quiero —susurra entre los rizos de Irene. Sí, se llama Irene. Y absorbe el aroma de su cuello, que es como el agua de un arroyo que arrastra una canción de gardenias recién florecidas.
    »Te quiero —repite, temiendo que los ojos se le acaben desbordando.
    Ella le mira como la primera vez, con el sol bañándole la frente, brillando en sus ojos aguamarina que se abren en otra sonrisa.
    —¿Por qué estás siempre tan serio, Jonás? —pregunta con voz de niña.
    —Porque el amor es una cosa muy seria —le responde él, relajando la expresión en un amago de carantoña.
    —¿Seguro?
    Entonces ella empieza a hacerle cosquillas y, solo por un instante, Jonás se deja llevar. Ríen juntos, sueñan sin saberlo y se revuelcan sobre la hierba fragante y verde: las últimas notas, las de un beso que sabe a despedida. Por más que pretenda obviarlo, el corazón de la fragancia es un adiós.

    Jonás abre los ojos. Siempre regresa llorando. El dedo índice vuelve a acariciar el vaporizador. Sabe que no podrá castigarse muchas veces más. El cristal verdoso del frasco no miente: apenas queda perfume, y es lo único que conserva de su mundo, de la tierra. En la nave hay semillas de muchas de las plantas que crecieron allí alguna vez, pero pasarán años hasta que pueda volver a oler un cedrón, y será en otro planeta.
    De Irene, entonces, solo le quedará la luz de las estrellas que ya no existen.

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  30. A.G.O. 6 de enero de 2023 a 20:11 #

    Desperté en un lugar desconocido con un característico olor a lavanda. Me incorporé sobre
    una camilla. Las luces de emergencia se encendieron con mi primer movimiento. En un
    instante de luminosidad la habitación se convirtió en un precioso invernadero de tulipanes.
    Me puse en pie, aunque las piernas me temblaron, y avancé entre las flores. De repente las
    luces iluminaron una preciosa puerta de metal blanca. Me dirigí hacía ella hasta que…
    ¡Bum! pateé sin querer un recipiente de cristal. Una bombonera. Me agaché y recogí una de
    las delicias del interior. Me la llevé a la boca y la devoré de un bocado. Un horrible sabor a
    crema de berenjena me hizo escupirla casi de inmediato. Decidí seguir caminando y así
    estuve un buen rato hasta que desistí. La puerta se alejaba cada vez que daba un paso. Me
    senté en una maceta. La tierra húmeda me manchó el pantalón. Me dejé caer hacía atrás
    con los ojos cerrados. Cuando los volví a abrir deseé no haberlo hecho. Una gran sonrisa
    macabra me estaba esperando. Había una persona mirándome fijamente, pero eso no era
    lo único terrorífico que tenía. Esos rizos castaños, esos ojos azules, esos hoyuelos,… todo
    eso era mío. Era yo pero no lo era. Me levanté rápidamente con cuidado de no golpearla.
    Ella se incorporó y sacó la mano que llevaba escondida en la espalda y se abalanzó hacía
    mí con un cuchillo por delante, casi rozándome la cara. Su sonrisa se ensanchó y me
    enseñó los dientes. Volví a retroceder y cuando me atacó cogí su muñeca. Ella miró
    fijamente nuestras manos y luego saltó a morderme. Golpeé su cuello cuando sus dientes
    se posaron sobre mi piel. La chica cayó al suelo. ¿La había matado? la respuesta fue un no
    absoluto, por lo que la cogí y la arrastré hasta la camilla. Una vez acabé corrí hasta la
    salida, sin recordar que antes me había sido imposible llegar. Pero esa vez lo fue. Aunque
    en cuanto puse un pie en el exterior lo odie de inmediato. Cincuenta cabezas se giraron a la
    vez. Todas idénticas. Todas con la misma mordida en la muñeca. Todas iguales a mí.

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  31. Aguila dorada 6 de enero de 2023 a 20:13 #

    EL POETA
    Su sillón preferido estaba solo, vacío, nada enturbiaba la tranquilidad de la estancia con olor a lavanda.
    La paz reinaba en la casa, le acompañaba la soledad, impregnando las paredes de silencio, un silencio amargo.
    El habitante de ese hogar era un personaje melancólico o romántico, como se le quiera llamar, con dones de poeta. De su garganta siempre brotaban hermosas palabras de amor, majestuosas, como el vuelo de las aves, capaz de hipnotizar a los gélidos inviernos y ofrecer primavera a los campos cubiertos de nieve.
    Pero su belleza iba más allá de sus palabras dulces, aterciopeladas. Era un varón guapo, culto, delicado, tan sensible que le dolía la vida. No entendía muy bien el mundo en el que se encontraba
    encerrado. Prisionero sin barrotes, cautivo de su propia mente. Esa mente que veía algo más que la de los demás. Esa mente que amaba el bien en un mundo en el que reinaba el caos. No podía permitir que su corazón sufriera por más tiempo. ¿Cobarde o valiente?, no sabía lo que era. ¿Quién tiene la medida exacta de lo que es cada cosa? Él solamente tenía noción de su pesar, de su angustia, un malestar que le ahogaba y no le permitía seguir hacia adelante. Aparentemente parecía que lo tenía todo, pero eso era de cara a los demás. Tenía que plantar cara a la vida o soltarse de ella, no quería demorar por más tiempo su agonía.
    Un color vino tinto salió de sus venas cayendo al suelo, mientras susurraba su último poema de amor: “Yace el amor ahogado en sangre en un mundo que no sabe de su verdadera existencia”.

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  32. Rigoberta Sanchez 6 de enero de 2023 a 20:47 #

    El reloj de antaño
    Me la habían colado con todo el misterio del más allá; no podía mover cosas, ni poseer cuerpos. Tampoco hacer que las muñecas hablasen, y ni siquiera parar el tiempo, que es lo que más deseaba conseguir.
    Llegué a la conclusión de que los fantasmas alucinantes serían los americanos, porque nosotros, los patrios, tan solo flotábamos por ahí sin destino concreto. Con suerte, si alguien nos recordaba, permanecíamos por unos instantes al lado de la persona que nos nombraba en su cabeza. Para mí, transportarme junto a mi Lola cada vez que me recordaba era infinitamente mejor que poder hacer girar crucifijos. Pero el tiempo era una bomba de relojería a punto de estallar, hacía años que Lola tenía Alzheimer , temía que se olvidase de mí , y con ello, desaparecer en la horrible y absoluta nada.
    Todos los fines de año sentían una presión en mi inexistente pecho y con cada nuevo año parecía borrársele un viejo recuerdo de la mente.
    Lo único que habitaba en mí eran unos férreos bloques de esperanza que cada año me permitían intentar parar aquel maldito reloj de la puerta del Sol. Justo en el instante en el que sonase la canción de Mecano, y Lola me recordarse con más claridad.
    Quedaban veinte minutos para las doce y me colé entre la multitud con olor a verbena, a pesar de ser un ente, no logré librarme de los empujones. Subí como pude al reloj, por escaleras y pasadizos interminables .Entre la maleza divisé los entresijos de una de las noches más emblemáticas del año: la capa de Ramonchu, el vestido de la Pedroche o la elegancia de Anne Igatiguru.
    Cuando por fin llegué a la sala de los mecanismos, me asomé para ver la multitud desde arriba, y comprendí que no importaba que el reloj se parase, pues cada alma tenía su propio tiempo, aunque al mundo entero le encantase compartir el olor a elixir del nuevo año y la celebración al unísono de un país entero mientras terminaban de masticar trozos de uva.
    Tras darle vueltas a aquel pensamiento, desaparecí de aquel lugar y aparecí junto a mi Lola, estaba escuchando la canción y me había evocado.
    —A los que ya no están echaremos de menos — Cantaba entre lágrimas, no sabía cuánto tiempo duraría aquel encanto en el que mi Lola me recordase, así que aproveché aquella noche como si yo fuese su último recuerdo.

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  33. B.Sito 6 de enero de 2023 a 21:15 #

    ¡SORPRESA!

    Surgió sin más de detrás de la maleza, como si saliera por la puerta de su casa una mañana cualquiera para ir a trabajar. Nos saludó muy cortésmente a Sara y a mí, mirándonos con calidez a los ojos. Tuvo que levantar con cierto esfuerzo las rodillas para sortear los pequeños matorrales que le separaban de nosotros, forzando las hechuras del pantalón de tela de un convencional traje chaqueta. Ya desde la carretera se volvió y me guiñó un ojo. Tano, nuestro perro, nos miraba extrañado, parecía preguntarnos: “¿alguien confundido?”. Estuvo gracioso. Sara, sin embargo, mantuvo el rostro inalterable, apenas transmitía con gesto rígido ese vacío que tenía a nuestro amor en vilo desde hacía meses; desde luego yo no esperaba otra reacción de ella. Le cogí la mano con decisión y la arrastré conmigo hacia la maleza. Fue una temeridad, por lo que no me tuvo que haber sorprendido lo que ocurrió: caímos en una especie de fosa, yo, Sara y el perro. Era profunda, como unos dos metros, menos mal que el terreno estaba alfombrado con una densa capa de yerba y hojas. Entonces sí que le cambió la expresión a Sara, con el tobillo resentido se levantó quejándose. Yo no sabía qué hacer, empecé a sentirme culpable y me bloqueé. El perro husmeaba nervioso explorando en segundos los cuatro metros cuadrados que formaban la fosa, y de repente desapareció. Tras un momento de desconcierto encontré una entrada camuflada entre las ramas y nos introdujimos en un espacio que surgió maravilloso, iluminado por farolillos de colores y con olor a verbena. Parecía la vivienda de un hobbit. El grupo de gente que allí estaba, de unas doce personas, comenzó a cantar de inmediato “cumpleaños feliz”. Tras los segundos que necesitó nuestra vista para adaptarse a la nueva luminosidad comenzamos a identificar los rostros de nuestro amigos. Miré a Sara, su boca rígida se había convertido en una media luna creciente. Me relajé y suspiré. Tano y yo nos miramos compartiendo un pensamiento: qué difícil es hacerla sonreír.

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  34. Casandra 6 de enero de 2023 a 21:27 #

    La celebración
    Juan se sentó en el borde de la acera, su ropa impregnada de olor a verbena y en su boca, el sabor a elixir de sexo clandestino. Detrás de la maleza, se oía el rugir de dos descendientes de grandes felinos. El maullido ronco, en esa delgada línea de separación entre el goce y el sufrimiento, dentro del continuo del dolor y el éxtasis. No quería entrar en esa caja de sorpresas que era su casa y que, la mayoría de las veces, se convertía en la caja de Pandora. Sobre todo, en las celebraciones de Navidad. Algunos saquitos de mierda se iban diseminando como una cacofonía en forma de puyitas que pretendían ser graciosas, pero no. Por el arbellón más cercano asomaba el hocico inquieto de una rata. Y en el charco que quedaba a sus pies, se había quedado atrapado el reflejo de una farola. Todo lo que percibía le transmitía una extraña calma no exenta de belleza. Retrasaba a conciencia el momento de tocar a la puerta. Mamá, como cada año, empezó a preparar la mesa de la misma manera en que se hacía en su infancia. Mantel rojo y caminos de mesa blancos; los cubiertos, ubicados con precisión, a la distancia justa. Una sinfonía rancia que le proporcionaba una falsa estabilidad. Como la matriarca que era, los detalles siempre quedaban a su cargo: esa responsabilidad era algo irrenunciable y un secreto placer. Disimulaba (a duras penas) un estrés que no sentía y que contribuía a la imagen de mater amantísima, dedicada, discreta y elegante. La consigna consistía en tratar a mamá como a una niña frágil y sensible a la que has de amagar cualquier atisbo de realidad que pudiera desmontar su estupendo mundo de pueril fantasía. Se le atribuía una difusa afección cardíaca que arrastraba desde los 10 años. El fantasma del delicado corazón de mamá había sido cuidadosamente alimentado por su devoto esposo. Así, para evitar peligros, mamá no se enteró de los abusos que recibió su hija Violeta. De hecho, nadie se enteró, ¿A quién iban a creer? ¿A una niña de 12 años o al señor Notario, amigo de papá, y al que llamaban tío Pascual?
    -Juan, hijo, pero ¿Qué haces ahí? Entra ¿Y Piluca? Tío Pascual ya ha llegado

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  35. Amapola 6 de enero de 2023 a 22:48 #

    Una sirena encallada
    El desig d’ estimar ens transporta,
    el teu món és un encanteri
    d’ on es desprenen paraules màgiques,
    somnis delerosos al nostre abast.

    Sirena encallada a la mar,
    asseguda als meus ulls d’ enamorat;
    em parles amb dolçor primerenca,
    m’ encissen els teus llavis de sal,
    em desperte a trenc d’ alba
    per assaborir el misteri,
    em captiva la teua pell salada.

    Al vaixell de ma vida he amagat la tristor
    de l ‘ ombra amagada a l’ hivern,
    el silenci pertorbador del rossinyol,
    el desesperat pessic de la fam …

    Només vull que desapareguen els plors,
    la vergonya impròpia i el desamor.
    Visc estimant-te, abraçant la mar brava
    pujaré al teu altar de bromera
    junts farem màgia, serem als dos mons.

    Amapola

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