Los hermanos Karamazov en el club de lectura Luna de Papel

25 Nov

El club de lectura en Valencia Luna de Papel trae esta semana al panel de recomendaciones en curso de nuestro taller literario un clásico escrito por uno de los mejores representantes de la novela rusa: Fiódor Dostoyevski.

Recomendaciones del club de lectura en Valencia Luna de Papel

Tres pequeños cofres de madera, tres dilemas y los debates éticos de Los hermanos Karamazov , la última novela que escribió este gran maestro del realismo ruso, darán que hablar en los próximos torneos literarios de LIBRO, VUELA LIBRE a los seguidores  de la clave 490 y ocuparán un lugar destacado en nuestros tributos a los grandes novelistas rusos del siglo XIX.

Visita la primera galería de fragmentos de los ejercicios de escritura de la clave 490 y aguarda las instrucciones, los cofres y los dilemas literarios que le correspondan, en el próximo sorteo de claves, a tu grupo.

Club de lectura en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE. Galería de ejercicios de escritura de la clave 490

Taller literario: puzles y ejercicios de escritura de la clave 490. Tributos a los grandes maestros de la literatura rusa en curso. Fiódor Dostoyevski, Los hermanos Karamazov, fragmento 1:

«Iván Fedorovitch avanzó hacia el tribunal con extraña lentitud, sin mirar a nadie y con la cabeza baja, como si se hallara entregado a sus reflexiones. Vestía muy correctamente, pero impresionaba su aspecto enfermizo y el color terroso de su rostro; parecía un moribundo. Tenía la mirada turbia. De pronto, alzó los ojos y miró lentamente a su alrededor, contemplando al tribunal y al público.»

Recomendaciones del club de lectura en curso. Ejercicios de escritura de la clave 490. Puzles literarios y tributos a los grandes maestros de la narrativa rusa. Fiódor Dostoyevski, Los hermanos Karamazov, fragmento 2:

«Iván le escuchaba en silencio, contemplándole con su turbia mirada. De pronto, sus labios esbozaron una sonrisa, y tan pronto como el presidente hubo concluido de hablar, soltó una carcajada

Recomendaciones del club de lectura en Valencia de LIBRO, VUELA LIBRE. Ejercicios de escritura de la clave 490. Puzles y tributos literarios a los grandes maestros de la novela realista rusa. Fiódor Dostoyevski, Los hermanos Karamazov, fragmento 3:

«Fetiukovich quedó muy satisfecho con esas respuestas, muy ventajosas para la causa que defendía. Por otra parte, el interrogatorio de Gruschenka no duró mucho, pues no tenía que añadir a lo ya dicho nada particularmente interesante. »

Club de lectura. Fragmento de escena de Los hermanos Karamazov:

El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. Él, lento, una sonrisa de piedad en los labios, continúa avanzando. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. Él les tiende los brazos, les bendice. De Él, de sus ropas, emana una virtud curativa. Un viejo, ciego de nacimiento, sale a su encuentro y grita: “¡Señor, cúrame para que pueda verte!” Una escama se desprende de sus ojos, y ve. El pueblo derrama lágrimas de alegría y besa la tierra que Él pisa. Los niños tiran flores a sus pies y cantan Hosanna, y el pueblo exclama: “¡Es Él! ¡Tiene que ser Él! ¡No puede ser otro que Él!”

Cristo se detiene en el atrio de la catedral. Se oyen lamentos; unos jóvenes llevan en hombros a un pequeño ataúd blanco, abierto, en el que reposa, sobre flores, el cuerpo de una niña de diecisiete años, hija de un personaje de la ciudad.

-¡Él resucitará a tu hija! -le grita el pueblo a la desconsolada madre.

El sacerdote que ha salido a recibir el ataúd mira, con asombro, al desconocido y frunce el ceño.

Pero la madre profiere:

-¡Si eres Tú, resucita a mi hija!

Y se posterna ante Él. Se detiene el cortejo, los jóvenes dejan el ataúd sobre las losas. Él lo contempla, compasivo, y de nuevo pronuncia el Talipha kumi (Levántate, muchacha).

La muerta se incorpora, abre los ojos, se sonríe, mira sorprendida en torno suyo, sin soltar el ramo de rosas blancas que su madre había colocado entre sus manos. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora.

En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor. Es un viejo de noventa años, alto, erguido, de una ascética delgadez. En sus ojos hundidos fulgura una llama que los años no han apagado. Ahora no luce los aparatosos ropajes de la víspera; el magnífico traje con que asistió a la cremación de los enemigos de la Iglesia ha sido reemplazado por un tosco hábito de fraile.»

Fragmento de Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski

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