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Jose David Moncayo en el club de lectura de LIBRO VUELA LIBRE

30 Jul

Jose David Moncayo, autor de El hombre de los dientes blancos y antiguo integrante de los talleres de escritura creativa en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE y de la antología que recoge su selección de talentos, es el próximo invitado del club de lectura de su comunidad de escritores, que este verano, en sus recomendaciones de temporada, continuará combinando grandes obras de la literatura universal con publicaciones de autores que hayan formado parte de la apuesta por voces nuevas de sus cadenas literarias.

Jose David Moncayo en el club de lectura en Valencia y los talleres de escritura de LIBRO VUELA LIBRE

Recomendaciones en curso del club de lectura en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE: entrevista a Jose David Moncayo

Club de lectura de LIBRO VUELA LIBRE: Bienvenido, Jose David. El hombre de los dientes blancos, tu reciente novela publicada, es la siguiente recomendación de lectura de la comunidad de escritores de LIBRO VUELA LIBRE este verano. Comenta, por favor, para los seguidores de sus cadenas literarias y para los escritores en formación que actualmente forman parte de sus talleres literarios cómo empezó tu vinculación con la palabra.

Jose David Moncayo: Desde pequeño estuve interesado en la lectura y escritura. Disfrutaba muchísimo cuando recibía libros por mis cumpleaños. Creo que por ese motivo hoy disfruto tanto con la literatura, pues viví los libros como regalos y juegos, y muchos de los personajes que encontré allí se convirtieron en mis grandes amigos.

Por otro lado, siempre tuve una gran imaginación. La lectura potenciaba aún más esa cualidad y por eso comencé a escribir. Tenía una libreta en la que escribía relatos y, al lado, dibujaba las escenas que describía. Pasaba mucho tiempo con mis libros y mis libretas.

Club de lectura en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE: ¿Qué te aportan la escritura y la lectura actualmente?

Jose David Moncayo: La escritura me permite desarrollar mi parte creativa. Una vez que me siento delante de mi libreta u ordenador nacen nuevos mundos e historias que me sorprenden a mí mismo. Siento y noto cómo sienten cada uno de mis personajes y eso me hace sentirme libre y vivo.

Por otra parte, escribir se convierte cada vez más en una meditación, una pausa para encontrarme conmigo mismo y alejarme un tanto del estrés que genera la sociedad presente. En esos momentos vivo, sueño y veo otros mundos y todo se torna posible.

Club de lectura en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE: ¿Sobre qué temas o en qué géneros te gusta más trabajar, Jose David? ¿Cómo es tu proceso creativo?

Jose David Moncayo: En mis relatos abundan todos los géneros. Siempre dejo salir las ideas y, una vez las veo en el papel, decido darles forma y hacerlas evolucionar en uno u otro camino.

Creo que escribir es un arte y hay que dejar salir al artista. Cada historia o relato lleva su propio ritmo y me gusta dejar que esas ideas fluyan libres. Ya llegará el momento de las correcciones y el proceso crítico más adelante.

Club de lectura de LIBRO VUELA LIBRE.: ¿Qué te motivó a escribir El hombre de los dientes blancos? Háblanos de tu novela, de sus peculiaridades, de sus principales características.

Jose David Moncayo: El hombre de los dientes blancos me sorprendió a mí mismo, incluso siendo el escritor. Desde la primera página me dejé llevar y la obra fue desplegándose ante mí y creándome cierta inquietud.

Es cierto que suelo leer sobre todos los géneros aunque el terror no suele abundar. En esta novela se dan ciertos episodios terroríficos y abunda también el amor, el valor y el sexo y el esoterismo. Una de las más grandes satisfacciones que me ha otorgado esta novela es el haber podido aunar varios géneros en una sola obra. Considero que, gracias a esta combinación, la obra presenta una clara dualidad y lucha entre el bien y el mal, el ser bueno o ser malo, vencer o declararse vencido.

Club de lectura en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE: Enhorabuena por la publicación de tu novela, que está teniendo muy buena acogida, Jose David. Para finalizar esta entrevista con la que queremos invitar a leer este verano El hombre de los dientes blancos, ¿qué proyectos literarios tienes en este momento?

Jose David Moncayo: Tengo varias novelas por finalizar. En su momento tuve que dejarlas y más tarde, en lugar de continuarlas, comencé con otras obras u otros proyectos. Una vez se detiene un proceso de escritura es difícil retomarlo, al menos en mi caso, pero necesito hacer el ejercicio de ponerme de nuevo con esos proyectos pendientes. Me gustaría finalizar una de estas novelas a lo largo de este año. Siento que es un crimen tener a aquellos personajes suspendidos sin más, en esa especie de limbo. Sobre todo a algunos de ellos.

El hombre de los dientes blancos, fragmento escogido para el club de lectura en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE:

Visita el siguiente enlace de nuestra comunidad de escritores para leer un fragmento de El hombre de los dientes blancos

A TRAVÉS DEL ESPEJO, nueva sección del club de lectura de Libro vuela libre

2 May

“A través del espejo” es el nombre de la nueva sección del club de lectura en Valencia de Libro vuela libre desde la que, a partir de ahora, Sofía Ramos compartirá novelas poco convencionales para los miembros de la comunidad de escritores de nuestros talleres literarios online y presenciales.

El propio personaje de Alicia en el País de las Maravillas con el que se abre esta sección, una niña de clase media instruida con las normas sociales de la época victoriana, se sumerge en un mundo muy poco convencional, en el que le acompañarán el Conejo Blanco, el Sombrerero, la Oruga azul, la Liebre de Marzo, el Gato de Cheshire o la Reina de Corazones. Así que nuestra nueva colaboradora, a la hora de inaugurar esta ventana del club de lectura titulada “A través del espejo”, nos hace llegar su intención de indagar y rescatar esos mundos insólitos con las siguientes palabras: “Leí Alicia en el País de las Maravillas buscando evadirme, tal vez incluso maravillarme, sin embargo en un libro rara vez encuentro lo que vine a buscar. Mi atención fue capturada por aquello con lo que, en pleno siglo XXI y en la vida adulta, me sentía identificada. Me di cuenta de que, seamos conscientes o no, vivimos en parte en el País de las Maravillas. Por eso desde entonces, cada vez que veo una oruga, me pregunto dónde esconde la pipa, y si tiene algo que decir“.

Disfrutemos de nuevo de este gran clásico de la literatura, escrito por Lewis Carroll, de la mano de Sofía Ramos, que acaba de seleccionar para las burbujas literarias de nuestros cursos de escritura en Valencia las siguientes tres puertas de entrada a las aventuras de Alicia en el País de las maravillas, un lugar repleto de escenarios fantásticos inolvidables que ya protagonizaron nuestros debates literarios sobre espacios míticos e historias universales.

Alicia en el País de las Maravillas, puertas de entrada seleccionadas en A través del espejo por Sofía Ramos para el club de lectura en Valencia de Libro vuela libre

Club de lectura en Valencia de Libro vuela libre: Alicia en el País de las Maravillas en la nueva sección de A través del espejo, puerta de entrada número 1:

“¡De nada les servirá que metan sus cabezas por el pozo y me digan, “sube acá, cariño”!; me limitaré a mirar hacia arriba y replicar, “a ver, ¿quién soy?” “Decidme eso primero y luego, si me gusta serlo, subiré, y si no, me quedaré aquí abajo hasta que sea otra persona que me guste más”

Página 49, ed. Alianza editorial – ISBN 978-84-206-6428-6

Club de lectura en Valencia de Libro vuela libre: Alicia en el País de las Maravillas en la nueva sección de A través del espejo, puerta de entrada número 2:

“Alicia pensó que todo esto era bastante absurdo, pero todos parecían tomárselo tan en serio que no se atrevió a reír, y como tampoco se le ocurría nada que decir, se limitó a hacer una gran reverencia al recibir el dedal con la mayor solemnidad que le fue posible”

Página 60, ed. Alianza editorial – ISBN 978-84-206-6428-6

Club de lectura en Valencia de Libro vuela libre: Alicia en el País de las Maravillas en la nueva sección de A través del espejo, puerta de entrada número 3:

“—Pues verá usted, señor…, yo…, yo no estoy muy segura de quién soy, ahora, en este momento; pero al menos sí sé quién era cuando me levanté esta mañana; lo que pasa es que me parece que he sufrido varios cambios desde entonces.

—¿Qué es lo que quieres decir? —dijo la Oruga con severidad—. ¡Explícate!

—Mucho me temo, señor, que no sepa explicarme a mí misma —respondió Alicia—, pues no soy la que era, ¿ve usted? ”

Página 77, ed. Alianza editorial – ISBN 978-84-206-6428-6

Club de lectura de Libro vuela libre: El inmortal, de Borges

23 Dic

El inmortal, de Borges, ha sido la obra elegida para estrenar una nueva sección del club de lectura en Valencia de Libro vuela libre: En la cornisa, que, a partir de ahora, coordinará el escritor, periodista y crítico literario Jimmy Entraigües.

Jimmy Entraigües estrena con El inmortal, de Borges una nueva sección en el club de lectura en Valencia de Libro vuela libre

Los seguidores del taller de escritura creativa y de las comunidades de escritores de Libro vuela libre seguro que disfrutarán también de este primer artículo dedicado a El inmortal de Borges, que antecede a todos los que irán poblando de grandes obras y agudas reflexiones nuestra nueva cornisa literaria. El deleite está garantizado porque el estreno de esta sección de nuestro club de lectura promete, ya que está protagonizada por Borges, por uno de sus más brillantes relatos y por un excelente autor y analista hispanoargentino, Jimmy Entraigües, que ama y conoce el universo borgeano a partes iguales.

EN LA CORNISA, de Jimmy Entraigües

Breve acercamiento a El inmortal, de Borges, para el club de lectura y las comunidades literarias de LIBRO VUELA LIBRE

Dentro de ese maravilloso libro de cuentos titulado ‘El Aleph’ (1949), de Jorge Luis Borges, nos encontramos con un primer relato llamado ‘El inmortal’. De él su autor nos indica, en el epílogo del libro, que se trata de “un bosquejo de una ética para inmortales” y que su tema “es el efecto que la inmortalidad causaría en los hombres”. Así de fácil, y así de complejo (en apenas dos breves pinceladas), define Borges uno de sus cuentos más elaborados y estudiados. Resulta interesante comprobar el ordenamiento que Borges da a ‘El Aleph’ ya que se inicia sobre una de sus pasiones filosóficas para concluirla con el hallazgo de una piedra circular que contiene “todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos” como espacio infinito. Sin duda sabía muy bien cómo tomar la mano del lector para arrastrarlo por un paseo donde tienen cabida todos los tiempos, todos los espacios y todos los mundos.

Que yo recuerde, mis trabajos empezaron en un jardín de Tebas Hekatómpylos, cuando Diocleciano era emperador. Yo había militado (sin gloria) en las recientes guerras egipcias, yo era tribuno de una legión que estuvo acuartelada en Berenice, frente al Mar Rojo: la fiebre y la magia consumieron a muchos hombres que codiciaban magnánimos el acero. Los mauritanos fueron vencidos; la tierra que antes ocuparon las ciudades rebeldes fue dedicada eternamente a los dioses plutónicos; Alejandría, debelada, imploró en vano la misericordia del César; antes de un año las legiones reportaron el triunfo, pero yo logré apenas divisar el rostro de Marte. Esa privación me dolió y fue tal vez la causa de que yo me arrojara a descubrir, por temerosos y difusos desiertos, la secreta Ciudad de los Inmortales”.

La historia, según el cuento, es la traducción de un viejo manuscrito escrito en inglés, que “abunda” en latinismos y que se encuentra al final de la ‘Iliada’ de Pope. El manuscrito es comprado por la princesa Lucinge al anticuario Joseph Cartaphilus, personaje que posteriormente fallece en el mar.

El verdadero núcleo de la historia, ya atrapados por el interés del manuscrito, se inicia cuando un hombre (Marco Flaminio Rufo), tribuno del emperador Diocleciano, toma la iniciativa de buscar la Ciudad de los Inmortales gracias a la información ofrecida por un jinete procedente de oriente.

El viaje emprendido por el tribuno permite a Borges ahondar en su fascinación por el Lejano Oriente (son muchos los cuentos que contienen este enamoramiento) al tiempo que juega con la idea, subliminal, de que nosotros mismos (como cautivados lectores) somos el ‘lejano oriente’ del Lejano Oriente (otra idea muy borgiana). Todo ello es una muestra ‘simbólica’ de metas inalcanzables y horizontes difíciles a los que arribar que deja ver la irónica burla que el autor deja caer sobre el lector y la humanidad. De alguna forma, y casi tomando a su admirado Schopenhauer como referencia (“Desear la inmortalidad, es desear la perpetuación de un gran error”), Borges nos hace avanzar por el recorrido de esa afirmación hasta hacernos caer, si somos bueno lectores, en la advertencia de Francis Bacon que precede al relato: “Solomon saith: There is no new thing upon the earth. So that as Plato had an imagination, that all knowledge was but remembrance; so Solomon given his sentence, that all novelty is but oblivion”.

                  Francis Bacon, Essays, lviii

Marco Flaminio Rufo emprende confiado la búsqueda de la ciudad (también la ciudad es otra meta como lo pueden ser los ideales, los principios morales, éticos, filosóficos…), para encontrarse con un saber y un conocimiento total y absoluto. Otra nueva ironía borginana nos sale al paso al pensar que ir en busca de un conocimiento superior nos hace más sabios dejando constancia de que todo lo sabido no era suficiente y de si ese nuevo saber nos dará, realmente, mayor conocimiento o nos hará más ignorantes que antes de emprender la búsqueda o…, lo que es mucho más terrible, se nos ha enseñado tanto a perseguir nuestros sueños a través de las estrategias impuestas por otros (sí, como un bestial adelanto del pensamiento posmoderno) que nuestro gregarismo es bochornoso.  Bajo el mando de doscientos soldados y varios mercenarios, Marco Flaminio Rufo emprende el camino hacia la Ciudad de los Inmortales. Muy pronto casi todos los soldados y mercenarios traicionan al tribuno y éste llega hasta el país de los trogloditas con pocos hombres. Los trogloditas (que ‘carecen del comercio de la palabra’) son primitivos y simples; a lo largo del recorrido varios de sus hombres se amotinan y Rufo crucifica a uno de los sediciosos, lo que habilita la venganza de varios de sus compañeros de viaje. 

Proseguimos la marcha, pues hubiera sido una afrenta retroceder. Algunos temerarios durmieron con la cara expuesta a la luna; la fiebre los ardió; en el agua depravada de las cisternas otros bebieron la locura y la muerte. Entonces comenzaron las deserciones; muy poco después, los motines. Para reprimirlos, no vacilé ante el ejercicio de la severidad. Procedí rectamente, pero un centurión me advirtió que los sediciosos (ávidos de vengar la crucifixión de uno de ellos) maquinaban mi muerte. Huí del campamento con los pocos soldados que me eran fieles. En el desierto los perdí, entre los remolinos de arena y la vasta noche. Una flecha cretense me laceró. Varios días erré sin encontrar agua, o un solo enorme día multiplicado por el sol, por la sed y por el temor de la sed. Dejé el camino al arbitrio de mi caballo. En el alba, la lejanía se erizó de pirámides y de torres. Insoportablemente soñé con un exiguo y nítido laberinto: en el centro había un cántaro; mis manos casi lo tocaban, mis ojos lo veían, pero tan intrincadas y perplejas eran las curvas que yo sabía que iba a morir antes de alcanzarlo”.

La Ciudad de los Inmortales se encuentra en territorio de trogloditas  y allí llega Marco Flaminio Rufo para descubrir que el caos domina la ciudad. Incluso antes de penetrar en ella se percata de que debe atravesar un laberinto, dividido en nueve pasillos que conducen a cámaras idénticas que conducen a otros nueve pasillos. El orden no existe. Hay corredores y pasillos que no van a ningún sitio, las ventanas no ofrecen paisajes posibles, las escaleras se sitúan al revés, toda la arquitectura es delirante y opresiva. La visión es como enfrentarse a una obra de Escher o los interiores dibujados por Piranesi de escaleras, cámaras y bóvedas (obras que Borges admiraba profundamente).

El tribuno ha perdido la noción del tiempo y el espacio y su desasosiego aumentan al tratar de encontrar una salida de la laberíntica ciudad. Para su sorpresa un troglodita le espera al encontrar un escape y Marco Flaminio Rufo emprende la tarea de enseñarle a hablar (una de las expresiones del conocimiento) y le adjudica un nombre, Argos. Los esfuerzos, pese al pésimo trato que da a su compañero, logran el objetivo: Argos habla. Lo que dice da sentido al cíclico error de la eternidad: es el autor de ‘La odisea’. Aquí vuelve a tomar carta de valor Schopenhauer, quien plantea en sus obras, retomando el pensamiento budista, que la vida, a modo de sueño, es una ilusión (maya) que repetimos en cualquier punto, en cualquier geografía, en cualquier tiempo, en cualquier espacio… El pueblo troglodita, tras una lluvia, sale de su estado de silencio y el razonamiento lógico les lleva a abandonar la ciudad en busca del río que quita la inmortalidad. Marco Flaminio Rufo transmuta su nombre (otro juego borgiano: la transmutación) y, en busca de aguas que le resten el vacío de la inmortalidad, dedica su tiempo al juego del ajedrez, a escribir los viajes de Simbad, a participar en guerras que luego olvida y…, a narrar los acontecimientos de su historia.

Marco Flaminio Rufo, cual Homero, hace eco de su trayectoria vital a sabiendas de que los viajes de Ulises serán contados, escritos y narrados por otros, de que todo se repite y de que todos los hombres, como pequeños dioses (muy cercano al concepto de Spinoza) son parte de una misma unidad que forma un todo y de que todo ideal, toda búsqueda es repetitiva (no hay nada nuevo bajo el sol) sin llegar a comprenderse hasta convertirse en un simbolismo eterno, casi inmortal. Como cierre a la historia, Borges nos advierte: “Palabras, palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos”.

Grandes cuentos en el club de lectura de Libro vuela libre

10 Dic

Grandes cuentos en las recomendaciones en curso del club de lectura de los cursos de escritura creativa de Libro vuela libre: “El OJO DE ALÁ”, de Rudyard Kipling

Juan Agustín Vigil, el responsable de nuestra sección literaria Doktor In Faustus, que ya recomendó para los seguidores del club de lectura de verano de Libro vuela libre Los sonrientes, un excelente cuento de Scott  Fitzgerald, vuelve a elegir, para su sección de grandes clásicos de novela y relato corto, otra brillante obra de la narrativa breve: El ojo de Alá, de Rudyard Kipling.

Grandes cuentos en el club de lectura en Valencia de los cursos de escritura creativa de Libro vuela libre

Disfrutad de las tres atractivas puertas de entrada y de la ficha técnica de esta edición de El ojo de Alá, que Doktor In Faustus ha seleccionado para la campaña de Libros de papel de nuestro taller de escritura en Valencia, y del talento de este excelente autor británico que fue el primero en recibir el Premio Nobel de Literatura e 1907.

Grandes cuentos en el club de lectura de Libro vuela libre. DOKTOR IN FAUSTUS RECOMIENDA: “El OJO DE ALÁ”, de Rudyard Kipling. ARGUMENTO:

  Tras un viaje por Andalucía, John de Burgos, destacado pintor medieval, regresa al monasterio inglés de Saint  Illod  portando un extraño y fascinante artefacto: un rudimentario microscopio, por el que es posible asomarse a otra dimensión de la vida, velada a la oscura mirada humana. 

  Entre los dirigentes religiosos se plantea un trascendental dilema: ¿es siempre conveniente la difusión del saber? o, por contra, ¿puede causar grave peligro al receptor si éste no se halla preparado para asimilarlo? Y en ese caso: ¿es moral destruir la causa de tan grave peligro?

  Pero lo que se descubre en una simple gota de agua, a través del artilugio del pintor, no es el Infierno sino la Vida, en otra de sus infinitas dimensiones. Y de un plumazo provoca la muerte de un sinfín de falsas apariencias. Aunque todo siga igual, ya nada volverá a ser lo mismo.

“El OJO DE ALÁ”, de Rudyard Kipling. Datos de la edición elegida por DOKTOR IN FAUSTUS:

Editor: Germán Sánchez Ruipérez, para Ediciones B

Año de la edición recomendada: 1991, en colección “Biblioteca de El Sol”, del diario “EL SOL”.

Traducción: Jaime Zulaika.

Introducción: Horacio Vázquez Rial.

“El OJO DE ALÁ”, de Rudyard Kipling. Grandes cuentos en el club de lectura en Valencia. Fragmento 1º (págs.33, 34 y 35 de la edición recomendada):

  “Componía las márgenes del cuadro una filigrana de compartimentos células irregulares pero equilibradas, donde estaban sentados, bañándose o revolcándose, demonios en blanco, por así decirlo: cosas aún incontaminadas por el mal: indiferentes, pero anárquicamente fuera de la imaginación. Sus formas semejaban, nuevamente, escalas, cadenas, látigos, diamantes, capullos abortados o esferas grávidas y fosforescentes, algunas casi estrellas.

  Roger de Salerno las parangonó con las obsesiones de un cerebro eclesiástico.

  —¿Malignos? —inquirió el fraile de Oxford.

  —Considerad horrible todo lo desconocido —citó Roger con desprecio.

  —Yo no. Pero son maravillosos… una maravilla. Creo…

  El fraile retrocedió. Thomas se adelantó haciéndose un hueco para ver mejor, y entreabrió la boca.

  —Hablad —dijo Stephen, que le había estado observando—. Aquí somos todos más o menos doctores.

  —¡Pues yo diría —se apresuró Thomas, como quien arriesga en el empeño la convicción de su vida— que estas formas inferiores de los márgenes quizá no sean tan malignas o diabólicas, sino modelos y diseños con los que John ha ataviado y  embellecido a sus auténticos diablos que ha puesto entre los cerdos!

  —¿Y eso significaría… ? —preguntó bruscamente Roger de Salerno.

  —Según mi humilde parecer, que él puede haber visto esas formas…sin ayuda de fármacos.

  —Ahora decidme quién —dijo John de Burgos, después de un rotundo y desconsiderado juramento, —quién os ha hecho tan sabio de repente, hermano Escéptico.

  —¿Sabio yo? ¡Dios me libre! Sólo que, John, acordaos de aquel invierno, hace seis años, en que los copos de nieve se derretían sobre vuestra manga en la puerta de la cocina .Me los enseñasteis a través de un diminuto cristal que agrandaba las cosas pequeñas.

  —Sí. Los árabes llaman a ese cristal Ojo de Alá —corroboró John.”

 Grandes cuentos en el club de lectura en Valencia. “El OJO DE ALÁ”, de Rudyard Kipling. Fragmento 2º (Págs. 36, 37 y 38 de la edición en papel recomendada):

  “John sacó del pecho una caja de cuero grabada, de unas seis u ocho pulgadas de largo, en cuyo interior, envueltos en descolorido terciopelo, se hallaban lo que parecían ser compases con orla de plata y vieja madera de boj, con un tornillo en la cima que abría o cerraba las patas hasta diminutos ángulos. Las patas no terminaban en punta, sino en forma de cuchara, una espátula estaba perforada por un agujero con forro metálico de menos de un cuarto de pulgada de diámetro, y la otra por un agujero de media pulgada. En este último John introdujo, después de haberlo limpiado cuidadosamente con un paño de seda, un cilindro de metal que contenía vidrio o cristal, al parecer, en cada extremo.

  —¡Ah! ¡Arte óptico! —dijo el fraile—.

                                                                         (…)

—¡Bien! —Miró a través del artefacto—. Aquí están todas mis figuras. ¡Ahora mirad, padre! Si no las captáis al principio con la vista, girad este borde estriado, que se mueve de derecha a izquierda. 

  —No lo he olvidado —dijo el abad, ocupando su sitio—. ¡Sí! Aquí están…, igual que en mi tiempo…, mi tiempo pasado. Me dijeron que no tenían fin… ¡No tienen fin!

  —Va a marcharse la luz. ¡Oh, dejadme ver! ¡Permitid que yo también lo vea!, —suplicó el fraile, empujando casi a Stephen para apartarle del ingenio visual. El abad le cedió el paso. Sus ojos estaban en el tiempo pasado.  Pero el fraile, en vez de mirar, dio vueltas al artefacto en sus manos diestras.

  —No, no —le interrumpió John porque el hombre estaba ya manoseando las tuercas—. Dejádselo al doctor.

   Roger de Salerno miró durante minutos. John vio que sus pómulos de venas azules se tornaban blancos. El italiano se retiró por fin, como fulminado.

   —Es un mundo nuevo, un mundo nuevo, ¡oh Dios injusto! ¡Soy viejo!

   —Y ahora Thomas —ordenó el abad.

  John manipuló el tubo para el enfermero, cuyas  manos temblaban y que también se demoró mucho contemplando.

  —Es la vida —dijo enseguida, con voz entrecortada—. ¡No el infierno! Vida creada y gozosa, la obra del Creador. Viven, aunque los haya soñado. Entonces, no era pecado soñar. ¡No era pecado, oh Dios, no lo era!”

“El OJO DE ALÁ”, de Rudyard Kipling. Grandes cuentos en el club de lectura en Valencia. 3er. Fragmento (Págs. 42 y 43 de la edición en papel recomendada):

  “Thomas, el enfermero, levantó otra vez la cabeza, y esta vez no tartamudeó.

  —Lo mismo que en el agua, ¡en la sangre tienen que rabiar y guerrear mutuamente! He soñado con ello los últimos diez años. Creí que era pecado, pero ¡mis sueños y los de Varrón son ciertos! ¡Pensadlo nuevamente! ¡Tenemos la Luz debajo mismo de las manos!

  —¡Callaos! No resistiríais la hoguera mejor que otros. Os expondré el caso como la Iglesia, y yo mismo, lo enjuiciaría. Nuestro John vuelve de entre la morisma y nos muestra un infierno de diablos porfiando en el compás de una gota de agua. ¡Mágica supresión del pasado! Hasta se oyen crepitar los haces de leña.

  —¡Pero lo sabíais! ¡Lo habíais visto antes! ¡Poe el bien del hombre! ¡Por nuestra antigua amistad… Stephen!

  El franciscano intentaba guardarse los compases en el pecho mientras imprecaba.

  —Lo que Stephen de Sauré conoce, sus amigos lo conocen también. ¡Os conmino ahora a obedecer al abad de St. Illod. ¡Dádmelo!

  Extendió su mano anillada.

  —¿No puedo…, puede John, aquí presente… ¡siquiera hacer el dibujo de un… un tornillo? —dijo el fraile, con voz temblorosa, a pesar de sí mismo.

  —¡De ninguna manera! —Stephen cogió el instrumento—. Vuestra daga, John. Envainada servirá.

  Desatornilló el cilindro de metal, lo dejó sobre la mesa, y con la empuñadura de la daga machacó el cristal hasta convertirlo en un polvo chispeante que luego barrió hasta el hueco de la mano y arrojó detrás de la chimenea.

  —Parecería —dijo— que la elección estriba entre dos pecados. Denegar al mundo una Luz que tenemos debajo de la mano o ilustrarlo antes de que sea tiempo. Lo que habéis visto yo lo vi hace mucho entre los físicos de El Cairo. Y yo sé qué doctrina extrajeron de ello. ¿Vos habéis soñado, Thomas? Yo también, con mayor conocimiento. Pero este nacimiento, hijos míos, es prematuro. No será más que la madre de más muerte, más tortura, más división y mayor oscuridad en esta era tenebrosa. Por consiguiente yo, que conozco tanto mi mundo como la Iglesia, hago esta elección en mi conciencia. ¡Idos! Asunto terminado.

  Introdujo la madera de los compases muy hondo entre los leños de haya, y no tardó en consumirla el fuego.”

                             D.I.F.  “Mi alma por una gran obra”

Club de lectura de verano: Scott Fitzgerald en Doktor in Faustus

28 Jul Club de lectura de verano de los cursos de escritura de Libro vuela libre en Valencia

Club de lectura de verano, recomendaciones de temporada de los talleres de escritura de Libro vuela libre: Los sonrientes, del escritor estadounidense Scott Fitzgerald, es la última recomendación literaria de Doktor in Faustus, una de las secciones del club de lectura Libros de Papel que actualmente está sugiriendo las lecturas de verano de nuestras comunidades literarias en Valencia.

Club de lectura de verano de los cursos de escritura de Libro vuela libre en Valencia

Disfrutad en este momento tan propicio para la reflexión, en el que el foro de creatividad de Libro vuela libre también acaba de sumar a sus propuestas veraniegas un interesante debate sobre creatividad y cambio, de esta obra de Scott Fitzgerald recomendada por Doktor in Faustus y Juan Agustín Vigil, el responsable de dicha sección de nuestro club de lectura cuyo lema es: “Mi alma a cambio de una gran obra”.

 La nueva propuesta de Doktor in Faustus para el club de lectura de verano de Libro vuela libre: Los sonrientes, de Scott Fitzgerald

Se trata de una de las primeras tentativas del autor de obras tan brillantes como “El gran Gatsby”,  “Suave es la noche” o la inconclusa “El último magnate”.

El joven escritor en ciernes (Fiztgerald tenía 23 años) nos deleita con este cuento en el que plantea un curioso enigma, no resuelto  aún en este inquietante año de gracia de Nuestro Señor de 2020:

¿Por qué esa obcecación en el ser humano por mostrarse sonriente?; y mejor aún: ¿Qué se esconde detrás de tanta blancura de escayola?

D.I.F.: “Mi alma a cambio de una gran obra”

Ficha técnica de esta edición recomendada de Los sonrientes en el club de lectura de verano de nuestros talleres de escritura:

  • “EL PRECIO ERA ALTO”, selección de cuentos de Scott Fitzgerald.
  • Título original: “The Price was high” (Copyright 1979, by Frances Scott Fitzgerald Smith)
  • Título del cuento seleccionado: “LOS SONRIENTES”(publicado por la revista The Smart Set, en junio de 1920)
  • Traducción de Marcelo Cohen (1981)
  • EDITORIAL BRUGUERA  (1ª edición: febrero, 1982)

Las tres puertas de entrada de Doctor In Faustus para Los sonrientes, de Scott Fitzgerald:

Club de lectura de verano de los talleres de escritura en Valencia de Libro vuela libre. Primera puerta de entrada de Los sonrientes, de Scott Fitzgerald. Pág. 13 del volumen El precio era alto:

“¡Todos conocemos ese momento de exasperación!

Hay veces en que uno sería capaz de decirle a la viejecita inofensiva que vive al lado lo que realmente piensa de su cara: que más le valdría trabajar de enfermera nocturna en un asilo para ciegos; en que le preguntaría al sujeto que está esperando desde hace diez minutos si no se siente acalorado de tanto haber perseguido al cartero por toda la manzana; en que le sugeriría al camarero que si el hotel descontara un céntimo por cada grado que alejaba a la sopa de su condición de tibia, le estarían debiendo medio dólar; en que —y esta es la prueba infalible de la genuina exasperación— una sonrisa provoca el mismo efecto que la camiseta roja de un magnate petrolero  en el marido de una mujer de pueblo.

Pero el momento pasa. Pueden quedar cicatrices en el perro, el cuello de la camisa o el auricular del teléfono, pero el alma ha vuelto a instalarse en su sitio, entre el extremo inferior del corazón y el borde superior del estómago, y vuelve a reinar la paz.

Sin embargo, el diablillo que abre la ducha de la exasperación, al parecer usó el agua tan caliente cierta vez, durante la adolescencia de Sylvester Stockton, que éste nunca se atrevió  a entrar de nuevo para cerrarla, y en consecuencia jamás ha existido un actor de carácter aficionado en el teatro victoriano tan acosado y atosigado por los hechos cotidianos de la vida como Sylvester a los treinta años.”

Club de lectura de verano de los talleres y cursos de escritura en Valencia de Libro vuela libre. Segunda puerta de entrada de Los sonrientes, de Scott Fitzgerald. Pág. 14 del volumen El precio era alto:

“Había estado enamorado de Betty Tearle a los veinte años. Pero había acabado por deprimirla. Se había dedicado a analizar misantrópicamente  cada comida, viaje o comedia musical que habían compartido, y en las pocas ocasiones en que ella había intentado mostrarse particularmente agradable con él —deseable, habría opinado una madre—, él había entrevisto motivos ocultos y se había sumido en una bruma aún más densa que la acostumbrada. Un día, ella le  advirtió que se volvería loca si se atrevía a depositar tanto pesimismo en su salario.

Y desde entonces ella no había dejado de sonreír, con una sonrisa inútil, insultante, encantadora.

—¡Hola, Sylvo! —gritó ella.

—Ah, hola Betty.

Hubiera preferido que no le llamara Sylvo; parecía el nombre de un mono o algo por el estilo.

—¿Cómo te va la vida?  —preguntó ella alegremente—. No muy bien, supongo.

—Oh, sí —respondió él con rigidez—. Vamos tirando.

—¿Sumándote a la feliz multitud?

—Sí, por desgracia. —Miró a su alrededor—. Betty, ¿por qué son felices? ¿De qué sonríen? ¿Qué es lo que les hace sonreír?

Betty le dirigió una centelleante mirada de radiante diversión.

—Tal vez las mujeres sonríen porque tienen dientes hermosos, Sylvo.

—Tú sonríes —continuó Sylvester con cinismo— porque estás cómodamente casada y tienes dos hijos. Imaginas que eres feliz, por lo tanto supones que todos los demás lo son.

Betty asintió.

—Quizás hayas dado en el clavo, Sylvo. —El chófer echó una mirada hacia atrás y ella le hizo una seña—. Adiós.

Sylvo la contempló con una punzada de envidia que se trocó en exasperación cuando la vio volverse y sonreírle una vez más. Después el coche se perdió entre el tráfico y con un profundo suspiro, él devolvió su bastón a la vida y continuó su paseo.”

Club de lectura de verano de los cursos de escritura en Valencia de Libro vuela libre. Tercera puerta de entrada de Los sonrientes, de Scott Fitzgerald. Pág. 22 del volumen El precio era alto:

   “Sylverster Stockton se movió inquieto en su cama. Grande como era, la habitación lo sofocaba, y la brisa que se filtraba, envuelta en un rayo de luna, sólo parecía acarrear las preocupaciones del mundo al que debía enfrentarse a la mañana siguiente.

<<No comprenden —pensó—. No ven, como yo, la miseria que hay debajo de todo este maldito mundo. Su optimismo está vacío. Sonríen porque creen que siempre van a ser felices>>.

—Oh, ya está bien —murmuró soñoliento—. Mañana iré a Rye y soportaré más sonrisas y más calidez. En eso consiste la vida. Sólo en sonrisas y calidez, sonrisas y calidez…”

 

D. I. F.: “Mi alma a cambio de una gran obra”

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