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POEMAS DE LAS TINIEBLAS Y DE LAS SOMBRAS. Taller de escritura, clave T-91

4 Nov Taller de escritura en Valencia de Libro, vuela libre. Clave T-91

Poesía de la oscuridad, tributos literarios en curso de la clave T-91. El lado más oscuro de la poesía está a punto de visitar de nuevo nuestro taller de escritura en Valencia con varios poemas sobre las tinieblas y la noche.

Taller de escritura en Valencia de Libro, vuela libre. Clave T-91

“Tinieblas”, el poema modernista del autor belga Émile Verhaeren, y los inquietantes símbolos de “A la espera de la oscuridad”, de la poeta argentina Alejandra Pizarnik, formarán parte de los  tributos al género de terror de nuestro taller de creación literaria en Valencia.

Taller de escritura, actividades complementarias de la clave T-91. Poemas de las sombras, de las tinieblas o la noche

Las tinieblas de Emile Verhaeren. Ejercicios literarios del taller de escritura en curso de LIBRO, VUELA LIBRE, clave T-91

Tinieblas, de Emile Verhaeren 

La Luna, con su atento y glacial Ojo,
observa al crudo invierno entronizado,
vasto y pálido sobre la tierra yerma;
la Noche se agita en traslúcidos azules;
el Viento, con súbita presencia, nos apuñala.

A lo lejos, sobre el horizonte, danzan
los ondulantes senderos del hielo;
se los ve a la distancia, perforando el llano.
Y las Estrellas de Oro, suspendidas en el éter,
siempre más alto en la Oscuridad,
desgarran cruelmente el azul del cielo.

Los campesinos tiemblan en las planicies de Flandes,
cerca de los brezos, de los antiguos ríos,
y de los grandes Bosques;
entre dos lívidos infinitos, estremeciéndose de frío,
agrupándose junto a las viejas chimeneas,
removiendo las cansadas cenizas.

Las oscuridad de Alejandra Pizarnik. Disparadores literarios del taller de escritura en curso, clave T-91

A la espera de la oscuridad, de Alejandra Pizarnik 

Ese instante que no se olvida,
tan vacío devuelto por las sombras,
tan vacío rechazado por los relojes,
ese pobre instante adoptado por mi ternura,
desnudo desnudo de sangre de alas,
sin ojos para recordar angustias de antaño,
sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma,
ponle tus cabellos escarchados por el fuego;
abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies,
a tus pies donde mueren las golondrinas
tiritantes de pavor frente al futuro.
Dile que los suspiros del mar
humedecen las únicas palabras
por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada,
acurrucado en la cueva del destino
sin manos para decir nunca,
sin manos para regalar mariposas
a los niños muertos. Sigue leyendo

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