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Biblioteca de talentos: Sofía Tébar Ardila

17 Feb Sofía Tébar Ardila en la biblioteca de talentos de los talleres de escritura creativa de Libro vuela libre

La biblioteca de talentos de los talleres de escritura creativa de LIBRO VUELA LIBRE en Valencia ha recibido la visita de Sofía Tébar Ardila, una joven autora que forma parte de la selección de escritores en formación de sus cadenas literarias y que recientemente ha ganado el Concurso de Relatos y Poesía Gloria Fuertes 2019 en la Categoría Infantil-Juvenil.

Desde nuestras comunidades literarias queremos felicitar por su pasión por escribir a esta jovencísima escritora (a la que recientemente entrevistó LIBRO VUELA LIBRE, aquí os dejamos el enlace: entrevista a Sofía Tébar Ardila) y compartir un pequeño fragmento de La verdad sobre Serafín de Dulema, el texto con el que ha ganado el Concurso de Relatos y Poesía Gloria Fuertes.

Sofía Tébar Ardila en la biblioteca de talentos de los talleres de escritura creativa de Libro vuela libre

Sofía Tébar Ardila en la biblioteca de talentos de LIBRO VUELA LIBRE con el ejemplar que contiene su obra premiada en el Concurso de Relato Gloria Fuertes

 

Sofía Tébar Ardila: La verdad sobre Serafín de Dulema

“Y me interpuse entre el asesino y él. Escuchaba sollozos y notaba palpitar mi corazón de una forma tan violenta que creía que se me iba a salir del pecho. Toda la garganta me quemaba como si me hubiera tragado lava hirviendo, irritándome toda la piel, reduciéndola a cenizas. Dos sentimientos me invadieron impidiéndome pensar con claridad. Uno, era el miedo indescriptible por perder mi vida tan preciada. El segundo no lo logré identificar, pero hizo que olvidara el otro mágicamente. El hombre que agarraba implacablemente la pistola ni siquiera me miró antes de disparar la bala que posteriormente me atravesaría sin causarme ningún daño, y que impactaría en la espalda del joven al que quería proteger. Los ojos del criminal brillaron de satisfacción, y noté que un resplandor demente relucía en sus pupilas; esbozó una sonrisa despiadada. Me toqué el estómago y me giré desesperada para socorrer al joven por el que habría dado la vida, por el que sentía algo tan intenso que me había quitado el miedo a morir y me había dado fuerzas para afrontar la situación con un coraje casi irreal.

En un principio estaba de espaldas a su verdugo con las manos atadas apoyadas en un árbol de corteza seca, la cual arañaba debido al pánico de ser asesinado y el pavor de sentir la potente bala atravesar sus costillas. Después del disparo ensordecedor, se escuchó un gemido y vi impotente cómo de la herida brotaba líquido rojo como de una caudalosa cascada. No tuve tiempo de reaccionar cuando la segunda bala llegó y él tuvo que sucumbir, lo hizo cayéndose de rodillas recostándose contra el árbol, manchándolo de sangre. Me arrodillé junto a él llorando como una niña, comencé a acariciarle las mejillas; loca de impotencia. Al ver su propósito cumplido, el asesino se fue alejando por el prado haciendo crujir las hojas secas del suelo con sus botas al caminar. Mientras se iba, se podía observar cómo las florecillas silvestres que aún quedaban del otoño y estaban dispersas por los bordes del camino se marchitaban debido a su atmósfera maligna. De pronto, me sorprendió notar que el moribundo me agarraba de la muñeca, pero al mismo tiempo arañaba la tierra del suelo con los dedos. Sus ojos marrones suplicantes y trastornados de dolor buscaban algo de esperanza a la que aferrarse. Pero, sin embargo, cuando me miraba, tenía la ligera sensación de que no lo hacía. Sigue leyendo

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