Archivo | septiembre, 2022

Mujeres y hombres libro en Valencia

13 Sep

Mujeres y hombres libro es el título de una nueva actividad para el fomento de la lectura que las comunidades literarias de Valencia Espaciocrea y los talleres de escritura creativa de LIBRO VUELA LIBRE realizarán próximamente para celebrar su decimosexto aniversario.

Aurora Luna, directora de los talleres de escritura de LIBRO VUELA LIBRE, y Maiakovski. Hombres y mujeres libro en Valencia

Mientras se amplían las propuestas de la clave P-66 sobre los poetas de la antigüedad clásica, los grupos presenciales del taller de escritura creativa de LIBRO VUELA LIBRE en Valencia serán los primeros en formar parte, en este curso 2022-23, de esta experiencia literaria que hemos bautizado con el nombre de Encuentros entre mujeres y hombres libro, inspirada en las afinidades electivas y en la obra de Ray Bradbury «Farenheit 451«, y que propondrá explorar a los integrantes de los distintos grupos de escritura de LIBRO VUELA LIBRE itinerarios de lectura muy diversos para formar parte de un sorprendente juego de afinidad, en el que los escritores en formación que presenten mayores coincidencias en sus paneles de lectura serán invitados a protagonizar una propuesta de escritura artística conjunta y un intercambio literario entre mujeres y hombres libro.

Leer máshttps://escrituracreativavalencia.com/2022/09/12/nueva-colaboracion-entre-valencia-espaciocrea-y-los-talleres-literarios-de-libro-vuela-libre/

Experiencias creativas en curso: tributos a Ray Bradbury de la clave M3 y primer encuentro de hombres y mujeres libro:

Clave M3 de los talleres literarios de LIBRO VUELA LIBRE: sigue las instrucciones de tu grupo de escritura para participar en el primer encuentro de hombres y mujeres libro en Valencia de LIBRO VUELA LIBRE con esta clave literaria:

La muerte y la doncella, de Ray Bradbury (fragmento)

—¡Te veo, Muerte! —exclamaba la vieja Mam—. ¡Hoy vienes como afilador de tijeras! Pero la puerta tiene triple cerradura y doble tranca. ¡He puesto papel matamoscas en las rendijas, cintas en los agujeros de las llaves, trapos en las chimeneas, telas de araña en los postigos, y he cortado la electricidad para que no entres deslizándote con la corriente! No hay teléfono para que no puedas llamar a mi casa a las tres de la oscura mañana. Y tengo tapones de algodón en las orejas para no oír lo que respondes a lo que estoy diciendo. ¡Vete, pues, Muerte!

Así había sido a lo largo de la historia del pueblo. La gente de aquel mundo que estaba más allá del bosque hablaba de ella y a veces los chicos que dudaban del cuento, tiraban palos a las tejas del tejado para oírle gritar a la vieja Mam:

—¡Sigue, adiós, tú que vas de negro con la cara blanca, blanca!

Y el cuento era que la vieja Mam, con semejante táctica, viviría siempre. Después de todo, la Muerte no podría entrar, ¿verdad? Los viejos microbios de la casa ya habían abandonado la lucha hacía tiempo, y se habrían ido a dormir. Todos los microbios nuevos que corrían por el país con nombres nuevos cada semana o cada diez días, si uno les creía a los periódicos, no podrían atravesar el olor del musgo, la ruda, el tabaco negro y la semilla de ricino en puertas y ventanas.

—Nos enterrará a todos —decían en el pueblo alejado por donde pasaba el tren.

—Los enterraré a todos —decía la vieja Mam, sola y haciendo solitarios en la oscuridad con barajas en Braille.

Y así fue.

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