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Club de lectura de verano: Scott Fitzgerald en Doktor in Faustus

28 Jul Club de lectura de verano de los cursos de escritura de Libro vuela libre en Valencia

Club de lectura de verano, recomendaciones de temporada de los talleres de escritura de Libro vuela libre: Los sonrientes, del escritor estadounidense Scott Fitzgerald, es la última recomendación literaria de Doktor in Faustus, una de las secciones del club de lectura Libros de Papel que actualmente está sugiriendo las lecturas de verano de nuestras comunidades literarias en Valencia.

Club de lectura de verano de los cursos de escritura de Libro vuela libre en Valencia

Disfrutad en este momento tan propicio para la reflexión, en el que el foro de creatividad de Libro vuela libre también acaba de sumar a sus propuestas veraniegas un interesante debate sobre creatividad y cambio, de esta obra de Scott Fitzgerald recomendada por Doktor in Faustus y Juan Agustín Vigil, el responsable de dicha sección de nuestro club de lectura cuyo lema es: “Mi alma a cambio de una gran obra”.

 La nueva propuesta de Doktor in Faustus para el club de lectura de verano de Libro vuela libre: Los sonrientes, de Scott Fitzgerald

Se trata de una de las primeras tentativas del autor de obras tan brillantes como “El gran Gatsby”,  “Suave es la noche” o la inconclusa “El último magnate”.

El joven escritor en ciernes (Fiztgerald tenía 23 años) nos deleita con este cuento en el que plantea un curioso enigma, no resuelto  aún en este inquietante año de gracia de Nuestro Señor de 2020:

¿Por qué esa obcecación en el ser humano por mostrarse sonriente?; y mejor aún: ¿Qué se esconde detrás de tanta blancura de escayola?

D.I.F.: “Mi alma a cambio de una gran obra”

Ficha técnica de esta edición recomendada de Los sonrientes en el club de lectura de verano de nuestros talleres de escritura:

  • “EL PRECIO ERA ALTO”, selección de cuentos de Scott Fitzgerald.
  • Título original: “The Price was high” (Copyright 1979, by Frances Scott Fitzgerald Smith)
  • Título del cuento seleccionado: “LOS SONRIENTES”(publicado por la revista The Smart Set, en junio de 1920)
  • Traducción de Marcelo Cohen (1981)
  • EDITORIAL BRUGUERA  (1ª edición: febrero, 1982)

Las tres puertas de entrada de Doctor In Faustus para Los sonrientes, de Scott Fitzgerald:

Club de lectura de verano de los talleres de escritura en Valencia de Libro vuela libre. Primera puerta de entrada de Los sonrientes, de Scott Fitzgerald. Pág. 13 del volumen El precio era alto:

“¡Todos conocemos ese momento de exasperación!

Hay veces en que uno sería capaz de decirle a la viejecita inofensiva que vive al lado lo que realmente piensa de su cara: que más le valdría trabajar de enfermera nocturna en un asilo para ciegos; en que le preguntaría al sujeto que está esperando desde hace diez minutos si no se siente acalorado de tanto haber perseguido al cartero por toda la manzana; en que le sugeriría al camarero que si el hotel descontara un céntimo por cada grado que alejaba a la sopa de su condición de tibia, le estarían debiendo medio dólar; en que —y esta es la prueba infalible de la genuina exasperación— una sonrisa provoca el mismo efecto que la camiseta roja de un magnate petrolero  en el marido de una mujer de pueblo.

Pero el momento pasa. Pueden quedar cicatrices en el perro, el cuello de la camisa o el auricular del teléfono, pero el alma ha vuelto a instalarse en su sitio, entre el extremo inferior del corazón y el borde superior del estómago, y vuelve a reinar la paz.

Sin embargo, el diablillo que abre la ducha de la exasperación, al parecer usó el agua tan caliente cierta vez, durante la adolescencia de Sylvester Stockton, que éste nunca se atrevió  a entrar de nuevo para cerrarla, y en consecuencia jamás ha existido un actor de carácter aficionado en el teatro victoriano tan acosado y atosigado por los hechos cotidianos de la vida como Sylvester a los treinta años.”

Club de lectura de verano de los talleres y cursos de escritura en Valencia de Libro vuela libre. Segunda puerta de entrada de Los sonrientes, de Scott Fitzgerald. Pág. 14 del volumen El precio era alto:

“Había estado enamorado de Betty Tearle a los veinte años. Pero había acabado por deprimirla. Se había dedicado a analizar misantrópicamente  cada comida, viaje o comedia musical que habían compartido, y en las pocas ocasiones en que ella había intentado mostrarse particularmente agradable con él —deseable, habría opinado una madre—, él había entrevisto motivos ocultos y se había sumido en una bruma aún más densa que la acostumbrada. Un día, ella le  advirtió que se volvería loca si se atrevía a depositar tanto pesimismo en su salario.

Y desde entonces ella no había dejado de sonreír, con una sonrisa inútil, insultante, encantadora.

—¡Hola, Sylvo! —gritó ella.

—Ah, hola Betty.

Hubiera preferido que no le llamara Sylvo; parecía el nombre de un mono o algo por el estilo.

—¿Cómo te va la vida?  —preguntó ella alegremente—. No muy bien, supongo.

—Oh, sí —respondió él con rigidez—. Vamos tirando.

—¿Sumándote a la feliz multitud?

—Sí, por desgracia. —Miró a su alrededor—. Betty, ¿por qué son felices? ¿De qué sonríen? ¿Qué es lo que les hace sonreír?

Betty le dirigió una centelleante mirada de radiante diversión.

—Tal vez las mujeres sonríen porque tienen dientes hermosos, Sylvo.

—Tú sonríes —continuó Sylvester con cinismo— porque estás cómodamente casada y tienes dos hijos. Imaginas que eres feliz, por lo tanto supones que todos los demás lo son.

Betty asintió.

—Quizás hayas dado en el clavo, Sylvo. —El chófer echó una mirada hacia atrás y ella le hizo una seña—. Adiós.

Sylvo la contempló con una punzada de envidia que se trocó en exasperación cuando la vio volverse y sonreírle una vez más. Después el coche se perdió entre el tráfico y con un profundo suspiro, él devolvió su bastón a la vida y continuó su paseo.”

Club de lectura de verano de los cursos de escritura en Valencia de Libro vuela libre. Tercera puerta de entrada de Los sonrientes, de Scott Fitzgerald. Pág. 22 del volumen El precio era alto:

   “Sylverster Stockton se movió inquieto en su cama. Grande como era, la habitación lo sofocaba, y la brisa que se filtraba, envuelta en un rayo de luna, sólo parecía acarrear las preocupaciones del mundo al que debía enfrentarse a la mañana siguiente.

<<No comprenden —pensó—. No ven, como yo, la miseria que hay debajo de todo este maldito mundo. Su optimismo está vacío. Sonríen porque creen que siempre van a ser felices>>.

—Oh, ya está bien —murmuró soñoliento—. Mañana iré a Rye y soportaré más sonrisas y más calidez. En eso consiste la vida. Sólo en sonrisas y calidez, sonrisas y calidez…”

 

D. I. F.: “Mi alma a cambio de una gran obra”

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