Los tributos literarios de la clave TL28 llegan al taller de escritura en Valencia Luna de Papel para homenajear, junto al resto de comunidades de escritura creativa adscritas a la liberación de talentos de Libro Vuela Libre en la capital del Túria y a sus próximas cadenas literarias con el ámbito internacional, las estrategias y los mecanismos de ficción de las obras seleccionadas en nuestro próximo bloque de narrativa.
Después de que los grupos presenciales y en línea de nuestro taller de escritura hayan experimentado con las técnicas narrativas de la clave A58 y con las últimas propuestas literarias inspiradas en los relatos en cadena de Valencia Espaciocrea, Los dominios de lobo (la primera novela de Javier Marías) y Extraños en un tren (un relato breve del escritor español Eduardo Solana Hernández) serán las primeras narraciones con las que se abrirá nuestro próximo bloque formativo y las carpetas de ejercicios de esta clave.

Tributos literarios a Javier Marías de la clave TL28
Dos días después vino la noticia en los periódicos. El abuelo Rudolph compró todos como de costumbre. No se encontraba una explicación a aquel asesinato. Se pensaba en un loco homicida y en Ford Curzon, el sobrino de la pastelera, pero pronto se averiguó que éste había partido rumbo a Australia tres meses antes, por lo que no existían sospechosos. Se decía que el asesino era un sádico y que se había ensañado con su víctima clavándole el arma multitud de veces. No se sabía qué clase de instrumento se había empleado para cometer el crimen: se hablaba de un hacha, de un puñal, de un clavo, de un picahielos. El abuelo Rudolph no cabía en sí de gozo. Se sentía feliz y más inteligente que nadie. En cuanto vio al señor Finnerty le pidió su opinión del caso, y éste le dijo que estaba verdaderamente desconcertado. Tan sólo veía la posibilidad de un asesino perturbado.
Fragmento de Los dominios del lobo, de Javier Marías
Clave de escritura TL28, tributos literarios a Eduardo Solana Hernández:
Viajan solos, aunque les han correspondido asientos contiguos. Él empuja su bolso rojo y gastado hacia el fondo del portaequipajes y hace sitio para la maleta de ella, que se lo agradece con una sonrisa. No hablan en sus asientos, pero por casualidad vuelven a coincidir más tarde en el vagón cafetería y sonríen. Él insiste en invitarla a un café, ella lo acepta. Charlan. Descubren que su estación de destino es la misma. Vuelven a sus asientos (ahora el compartimento ha quedado vacío para ellos dos) y hablan de la ciudad a la que se dirigen, del futuro que esperan, nunca de lo que dejan atrás. Hay miradas sostenidas entre ellos, hay un roce de las manos, hay un gesto de asentimiento casi imperceptible y luego los labios que se juntan.
Extraños en un tren, de Eduardo Solana Hernández
Taller de escritura Luna de Papel. Carpetas de ejercicios del bloque de narrativa en curso:
JEMPLO 1: En un pasillo del instituto
A. “Manuel caminó por el pasillo y vio al profesor Urrutia al final. Siguió andando hasta llegar a su aula.”
B.“Manuel caminó por el pasillo. El profesor Urrutia estaba al fondo, inmóvil, como si lo esperara. El joven bajó la mirada y aceleró un poco aunque no sabía muy bien por qué, mientras se daba cuenta de que, en el pasillo vacío, sus pasos sonaban demasiado fuerte.”
EJEMPLO 2: En una parada de autobús
A. «Carmina esperaba el autobús. Un hombre con un traje color castaño se acercó y se sentó a su lado en el banco. Ella miraba la carretera.»
B. “Carmina esperaba el autobús. Un hombre con un traje color castaño se acercó y se sentó a su lado en el banco, demasiado cerca. Ella miraba la carretera, pero no veía venir ningún autobús. El hombre también miraba hacia el frente inmóvil, pero Carmina sentía que estaba atento a cada uno de sus movimientos.”
EJEMPLO 3: En un ascensor
A. “El ascensor se acababa de detener en el tercer piso. Vio entrar una mujer. El ascensor siguió subiendo.”
B. “El ascensor se acababa de detener en el tercer piso cuando él vio entrar a una mujer que no dijo nada y no pulsó ningún botón. El ascensor siguió subiendo, pero el silencio entre los dos le fue pareciendo cada vez más estrecho que el propio ascensor.”
EJEMPLO 4: En una biblioteca
A. «El chico buscaba un libro en la estantería. Un hombre mayor se colocó a su lado. Él siguió buscando.»
B. «El chico buscaba un libro en la estantería. Un hombre mayor se colocó a su lado, tan cerca que podía oír su respiración. El chico fingió seguir leyendo los títulos, pero no veía ninguno. Sentía la presencia del otro como un peso seco y constante en el aire.»



«Las más afanosas preguntas llovían de todas partes, y la masa movediza comenzó a atascarse, debido a que, evidentemente, se paraban los que iban delante. Circulaba el rumor de que había sido dada la orden de detenerse, y todos siguieron en medio de la carretera fangosa. Se encendieron las hogueras. La conversación se hizo más perceptible. El capitán Tuchin, después de dar órdenes a la compañía, envió a un soldado en busca de la ambulancia o de un médico para el suboficial, y después se sentó al lado del fuego que los soldados habían hecho en medio de la carretera. Rostov se arrastró también a su lado. Un temblor febril, ocasionado por el dolor, el frío y la humedad, sacudía todo su cuerpo. Se apoderaba de él un sueño invencible, pero el dolor de la mano lesionada, que no sabía dónde posarse, le impedía dormir. Tan pronto cerraba los ojos o miraba el fuego, que le parecía resplandeciente y acogedor, como contemplaba la figura curva y desmedrada de Tuchín, sentado a la turca a su lado.»
«Al franquear el umbral no había recobrado aún su presencia de espíritu; a lo menos, hasta que llegó a la mitad de la escalera no se acordó de que llevaba todavía el hacha. La cuestión que tenía que resolver era muy grave: se trataba de dejar el hacha donde la había tomado, sin llamar lo más mínimo la atención. Si hubiera estado más tranquilo habría comprendido, seguramente, que en vez de dejar el arma en su antiguo puesto, hubiera sido mucho mejor deshacerse de ella arrojándola en cualquier corral. […] En seguida subió la escalera y llegó a su habitación sin tropezarse con nadie; la puerta del cuarto de la patrona estaba cerrada. Cuando entró en su aposento se sentó vestido en el diván , y aunque no se durmió, quedó en estado inconsciente. Si hubiese entrado alguien en su habitación, habríase levantado bruscamente gritando despavorido. Mil ideas distintas le hormigueaban en el cerebro.» 
















