Taller de escritura: torneos literarios en curso

23 Dic

Taller de escritura en Valencia adscrito a Libro Vuela Libre. Curso 2025-26: panel de juegos de la decimotercera edición de los torneos literarios de invierno

En esta decimotercera edición de los torneos , que coincide con el reciente hermanamiento literario en Valencia de Libro Vuela Libre con Colombia, los catorce cuentos de Gabriel García Márquez que reúne la antología Ojos de perro azul inspirarán (junto a Dientes Blancos, la novela que dio a conocer a la escritora británica de ascendencia jamaicana Zadie Smith⁣, y los versos de la poeta venezolana Ida Gramcko recogidos en la colección de poesía Plateado sobre plateado) a los escritores en formación de los diferentes grupos presenciales y en línea deltaller de escritura adscrito a la liberación de talentos de Libro Vuela Libre.

Si formas parte de nuestra comunidad de escritores o de la de Valencia Espaciocrea, sigue las instrucciones de tu grupo y viaja a través de los tributos a la literatura universal de esta edición de nuestros premios literarios en Valencia, que este año tendrán tres paneles de juego: el azul eliseo, el blanco nácar y el plateado.

Paneles de juego torneos literarios del taller de escritura creativa de Libro Vuela Libre en Valencia decimotercera edición

(2 de 3)

Allí estaba otra vez ese ruido. Aquel ruido frío, cortante, vertical, que ya tanto
conocía pero que ahora se le presentaba agudo y doloroso, como si de un día
a otro se hubiera desacostumbrado a él.
Le giraba dentro del cráneo vacío, sordo y punzante. Un panal se había
levantado en las cuatro paredes de su calavera. Se agrandaba cada vez más
en espirales sucesivas, y le golpeaba por dentro haciendo vibrar su tallo de
vértebras con una vibración destemplada, desentonada, con el ritmo seguro de
su cuerpo. Algo se había desadaptado en su estructura material de hombre
firme; algo que las otras veces había funcionado normalmente y que ahora le
estaba martillando la cabeza por dentro con un golpe seco y duro dado por
unos huesos de mano descarnada, esquelética, y le hacía recordar todas las
sensaciones amargas de la vida. Tuvo el impulso animal de cerrar los puños y
apretarse la sien brotada de arterias azules, moradas, con la firme presión de
su dolor desesperado. Hubiera querido localizar entre las palmas de sus dos
manos sensitivas el ruido que le estaba taladrando el momento con su aguda
punta de diamante. Un gesto de gato doméstico contrajo sus músculos cuando
lo imaginó perseguido por los rincones atormentados de su cabeza caliente,
desgarrada por la fiebre. Ya iba a alcanzarlo. No. El ruido tenía la piel
resbaladiza, intangible casi. Pero él estaba dispuesto a alcanzarlo con su
estrategia bien aprendida y apretarlo larga y definitivamente con toda la fuerza
de su desesperación.

Fragmento de La tercera resignación, en Ojos de perro azul, de Gabriel García Márquez

3, 2 o 1

Panel blanco nácar Torneos literarios en curso del taller de escritura en Valencia de Libro Vuela Libre

rostro blanquecino / promesas níveas / sábana de algodón

(2 de 3)


» En la sección masculina todo era charla, risa y broma; allí reinaba un ambiente relajado al que no era ajena la circunstancia de que el corte de pelo nunca pasaba de seis libras ni de quince minutos. Era una transacción relativamente sencilla, en un ambiente desenfadado: el zumbido de la cuchilla giratoria junto al oído, la enérgica fricción de una mano cálida, espejos delante y detrás para que el cliente admirara la transformación. Se entraba con picos y remolinos escondidos debajo de una gorra de béisbol, y se salía al poco rato convertido en otro hombre, oliendo a dulce aceite de coco y con un corte limpio y afilado como la espada del juramento.⁣
En comparación, la sección de señoras de P. K. era nefasta. Aquí el imposible deseo de lisura y «movimiento» se estrellaba diariamente contra la rebeldía del curvo folículo africano; aquí el amoníaco, la plancha, las horquillas y el puro fuego eran movilizados para la guerra y se empleaban a fondo para someter hasta el último rizo.⁣
«¿Está lacio?», era la única pregunta que se oía cuando retiraban las toallas y las cabezas salían del secador, doloridas y palpitantes. «¿Está lacio, Denise? ¿Está lacio, Jackie?»⁣
A lo que Jackie o Denise, que no estaban sujetas a las obligaciones de las peluqueras blancas (no tenían que hacer té ni besar culos, ni adular ni dar conversación, porque ellas no trataban con clientes sino con infelices pacientes desesperadas), resoplaban con escepticismo mientras sacudían el peinador verde bilis. «Está todo lo lacio que puede estar.». «⁣

Fragmento de Dientes Blancos, de Zadie Smith⁣

3, 2 o 1

(2 de 3)

Silencio.
Cirio.
Cráneo
sobre damasco rojo.
Viento
azotando el recinto
callado,
solo.
Lluvia: estertor de diamante,
metálico sollozo.
Alguien:
poeta melancólico
extiende un pergamino amarillento,
borroso.
Cuando se inclina, lívido, bebiendo
la fuente de la vida, sorbo a sorbo,
su cabeza es un cuervo
desmelenado y lóbrego.

Colección de poesía Plateado sobre plateado. Poema de En Cámara de cristal (1944), de Ida Gramcko

3, 2 o 1

Normas de la decimotercera edición de los torneos literarios de invierno de LIBRO VUELA LIBRE en Valencia

En estos decimoterceros torneos de invierno, de temática libre, pero sujetos a premisas de escritura comunes, los participantes volverán a dar rienda suelta a su imaginación y formarán parte de una dinámica grupal que los posicionará tanto en el rol de creadores como en el de jurado. En esta edición de los torneos participará también un jurado externo, integrado por especialistas de la cultura y la crítica literaria, cuyas votaciones tendrán este año un peso en la valoración final del 60%.

Si eres uno de los autores en formación de los talleres de creación literaria de LIBRO VUELA LIBRE que ya ha sido invitado a participar desde las 00:00 h del 23 de diciembre de 2025 a las 00:00 h del 7 de enero de 2026 en alguno de estos paneles de juego, sigue las instrucciones de tu grupo de escritura presencial o en línea y participa en la primera fase de los decimoterceros torneos literarios de LIBRO VUELA LIBRE, que este año obsequiarán al ganador o ganadora con una cesta literaria personalizada por el comando liberalibros, el diploma acreditativo del ganador 2025-26 de los torneos y la publicación del relato premiado.

36 respuestas to “Taller de escritura: torneos literarios en curso”

  1. Avatar de Madame cocotte
    Madame cocotte 25 de diciembre de 2025 a 22:00 #

    Domadora de algas

    El maldito Sebastián se transformaba en reptil cuando las risas se apagaban. Empinaba el codo mientras señalaba el mínimo error de sus compañeros circenses. Su única virtud era ponerse rojo como su personaje gracias al vino de Don Simón y salir tambaleándose al escenario a punto de vomitar sobre algún niño. Ese payaso serpenteaba por la platea para escudriñar secretos y advertir a Elsa, la vendedora de palomitas que manejaba los entresijos de nuestras vidas nómadas. Gracias a ese cangrejo amargado me había convertido en un amasijo de algas: sin voz ni rostro.Diana realizaba espirales sucesivas en las telas más altas de la carpa; su perfume acuático impregnaba mi mohoso disfraz en cada movimiento.Y el corazón se me encogía cuando dejaba caer todo su cuerpo hacia la arena; mi vestimenta verdosa se movía de forma disimulada para intentar frenar la posible caída. Sus ojos siempre se paraban frente a mí. Deseaba decirle algo, pero el ruido frío de la inferioridad me atacaba cada vez que mi harapiento disfraz se ponía frente a ella.Soñaba con charlas, encuentros sin maquillaje, las dos con el rostro al descubierto. Pero las pinzas de aquel estúpido cangrejo me impedían erguirme ante ella.Una noche sentí un impulso animal, decidí plantarme delante de su puerta celeste, me asomé tímida a la ventana y allí la vi; sostenía una foto con mi cara real que parecía haber salido de la Polaroid que estaba en su mesa. La vi suspirar, mientras mi cabeza caliente encontraba nuestro recuerdo juntas. Sucedió una mañana de verano, en la que ella se duchaba con la manguera; sus ojos de tinta de color zafiro se abrieron para alcanzar el jabón, y nuestras miradas se saludaron.En nuestra última función juntas decidí romper con el pacto de silencio, y cuando ella se paró en seco frente a mi húmedo traje, susurré, casi en un murmullo:

    —La chica de la foto soy yo.

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  2. Avatar de gtlpastor
    gtlpastor 30 de diciembre de 2025 a 7:43 #

    El susurro del agua

    En aquel pueblo donde la niebla se posaba como un secreto sobre las tejas, las noches parecían hechas de terciopelo y ceniza. Las farolas, cansadas de alumbrar los pasos de los vivos y las promesas de los muertos, derramaban un oro pálido sobre las calles desiertas, y el silencio era tan profundo que parecía contener la respiración de todos los habitantes, como si el aire mismo temiera quebrarse y revelar lo oculto. El ambiente se impregnaba de una espera inconfesable, un suspense latente que flotaba entre las sombras, como si todo fuese preludio de un acontecimiento que nadie se atrevía a nombrar.

    Una noche, mientras la luna se deshacía en jirones entre las nubes, Clara, una mujer de manos finas y ojos que guardaban tempestades, se deslizó por los pasillos de su casa ancestral, guiada por la intuición, ese mapa invisible tejido por generaciones. De repente, un ruido frío se deslizó por debajo de la puerta, como el susurro de un fantasma que arrastra los recuerdos detrás de sí. Era un sonido imposible de definir: no era el viento, ni el crujido habitual de la madera, sino una presencia helada capaz de encoger el alma.

    El misterio se condensó en el aire, y al avanzar por el corredor, un perfume acuático la envolvió, denso y palpitante, como si la casa hubiera absorbido en sus paredes el aliento del río cercano, ese que por las noches se lamentaba en voz baja. El aroma era tan real que parecía convocar imágenes de peces fugaces y plantas sumergidas, y con cada respiración la protagonista sentía que la realidad se deslizaba hacia el territorio de los sueños. Las metáforas se agolpaban en la penumbra: la casa era una isla y ella una náufraga, buscando el secreto que la noche traía consigo.

    De pronto, el suspense se hizo carne, y el impulso animal brotó de sus entrañas, como si fuera un jaguar oculto en la selva de su corazón. Movida por una fuerza ancestral, se acercó a la puerta tras la que el ruido frío persistía. Su mano tembló, no de miedo, sino de una excitación salvaje, instintiva, la misma que mueve a los pájaros a migrar y a los peces a desovar contra la corriente. Toda la casa parecía latir al compás de su deseo de descubrir, y la noche, cómplice y testigo, se recogía en sí misma, aguardando el desenlace de aquel ritual primigenio.

    Abrió la puerta y, en el umbral, solo encontró la sombra líquida del río reflejada en el suelo, como un espejo roto que devolvía fragmentos de su propia historia. El ruido frío se disipó en la brisa, el perfume acuático persistió unos instantes más, y el impulso animal, satisfecho y aún palpitante, se acurrucó en el rincón de su pecho. No hubo respuesta ni revelación; solo la certeza de haber danzado con el misterio, de haber sentido la pulsación secreta de la noche, y de saber, en silencio, que a veces la verdadera resolución es permanecer en la frontera entre el sueño y la vigilia, donde el suspense es eterno y la poesía nunca termina.

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  3. Avatar de Eliza
    Eliza 31 de diciembre de 2025 a 17:59 #

    Zafiro

    Elsa dejó la mochila sobre la cama y empezó a desabrocharse las zapatillas. Había tenido un día duro en el colegio con los exámenes finales y la clase de teatro. Miró de reojo la mesita de noche vacía junto a la cama de su hermana, se sorprendió tontamente de no encontrar enchufado el cargador del móvil.

    Hacía ya tres meses que Laura se había ido. Elsa suspiró mientras abría la puerta celeste de su armario. Del primer cajón, sacó una libreta y un bolígrafo. Era un boli especial de tinta color zafiro que Laura le había regalado por su cumpleaños. Su hermana le había explicado que el zafiro era la piedra preciosa que los caballeros medievales incrustaban en sus armaduras para protegerles de la batalla. Elsa sentía esa protección cuando escribía sus relatos con ese bolígrafo. Sabía de buena tinta que los personajes de sus historias saldrían victoriosos de sus hazañas, aunque tuvieran que lidiar con numerosos obstáculos en el camino.

    A veces, por la noche, Elsa escuchaba un ruido frío proveniente de algún lugar cercano a su cama. Era en esos momentos cuando Elsa echaba más de menos a su hermana. Cuando el miedo se instalaba en su cuerpo, encendía la luz y repasaba con su boli mágico las flores azules que había dibujado en la portada de la libreta. Llegado el momento, Elsa veía las flores saltar del cartón al aire, transformándose en espirales sucesivas de un azul tan intenso que le calmaban el corazón. Ella era, entonces, la protagonista victoriosa de su propia historia.

    Pero esa noche será distinta. Sus padres ya la estaban esperando para ir al aeropuerto cuando Elsa escribió la fecha en la libreta junto a una frase muy corta: Hoy vuelve Laura. Sonrió mientras se cambiaba de ropa. Eligió un vestido azul claro de tirantes y unas sandalias. Volvió a meter la libreta y el boli en el cajón y bajó corriendo las escaleras de la casa. Fuera, el sol brillaba.

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  4. Avatar de Manati
    Manati 1 de enero de 2026 a 11:36 #

    Corre

    Me dijo: Corre, mira las estrellas y contempla cómo hacen brillar hasta las rocas llenas de moho, sigue el camino de piedras de colores por estar  impregnadas por una sombra lunar que se apiada de la seriedad que la noche abarca contra las colinas y deja que sus rayos acaricien el oscuro abismo que marca el horizonte.Yo lo sigo con paso ligero, logro despegarme de ti pero no de tu silueta callada que se desentiende de su brillo una vez todo se aleja, como si necesitaras algo que sostuviese tu luz.No paro de visualizar tu sombra mientras te despido, temblando por si no vuelvo a alzar la mano para decirte adiós. ¡Te has apartado de todo! no te importa quedarte atrás y casi veo una sonrisa en tu rostro, aun sabiendo que puede que no te vuelvas a despertar. ¿Por qué ese amago de comprensión ante la muerte?¿ Por qué te parece fascinante? cuando solo lograra romper el lazo que te ata a mi vida. No lo pensé bien antes de correr y ahora retroceder podría cobrarme un sabor amargo contra el suelo, sabor metal del que aún podría hacerte venir para sacarme como siempre.Pero no te he tenido nunca en cuenta, nunca has sido mi mundo principal, pero ahora mi existencia se desenvuelve junto a la tuya y parece que pretendes decir adiós como si tal cosa.De todas la personas que conozco tu eres la menos indicada para decir adiós, nunca me has juzgado de mas y sin ti no tengo un hogar o al menos un hogar como el tuyo, lleno de noticias, chistes y juegos, tu no lo sabes, pero tu me has hecho de casa como nadie y ahora pretendes irte como si nada, con una sonrisa, viendo venir lo peor, sabiendo que si pasa no lucharas. Yo no conozco tan bien la muerte como tu, pero de todos los que se pueden morir ¿Por qué tú?¿Por qué pareces querer ser la primera? sin darle siquiera importancia

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  5. Avatar de Invicto
    Invicto 1 de enero de 2026 a 12:36 #

    EL LATIDO DEL TORNEO

    Llegué con miedo, sí, pero con una esperanza pequeña que no quise soltar y una ilusión que no supe esconder.
    El suelo era un espejo de acero y en él me reconocí frágil pero vivo.
    Caminé callado, con un cirio encendido en la memoria, promesa mínima contra la duda, guardando fuerzas y sueños.
    El aire tenía un sabor metálico, no a derrota, sino a final importante.
    Pensé en todo lo que había dejado atrás, en todo lo que había recorrido para llegar. En las veces que quise rendirme, en las manos que me ayudaron a levantarme y en quienes creyeron en mí cuando dudé.
    Pensé en todo lo que podía perder y en todo lo que podía ganar.
    Ls noche cayó despacio, en silencio, y en ese silencio entendí que no estaba solo.
    Sobre mí cayó la sombra lunar, afinando los nervios y la esperanza.
    Recordé por qué había venido.
    Por primera vez sentí gratitud, porque pasara lo que pasara, yo había llegado hasta aquí.
    Caer no me rompió.
    Levantarme me enseñó quién era y algo dentro de mí volvió a encenderse.
    Entonces lo entendí: la fuente de la vida es no abandonar, seguir y mantenerse encenderse pie, incluso temblando.
    Y eso, al volver a casa, fue la victoria que me hizo llorar.

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  6. Avatar de Molineraenuncastillo
    alwayspapera482012b48 1 de enero de 2026 a 19:46 #

    Transhumancia

    El perfume acuático del riachuelo inundaba la verde y frondosa montaña, decorada con gran variedad de ejemplares arbóreos. Entre ellos podía divisarse una hilera de colmenas grises con dibujos en tinta de color zafiro. Estos servían de guía para que las abejas reconocieran exactamente su hogar.

    El silencio era interrumpido solo en breves ocasiones: cuando una fugaz brisa movía las hojas de los árboles, haciéndolas chocar entre sí; cuando algún pájaro cantaba; incluso se podía oír alguna rana croar.

    Raúl se acercaba al asentamiento apícola entre los crujidos de sus pasos y comenzó a escuchar ese cálido sonido que lo llevaba a su infancia: la vibración del aleteo de las abejas, que esperaban impacientes a ser liberadas tras un largo viaje nocturno.

    Con la agilidad y destreza que solo puede tener un veterano, Raúl fue destapando cada piquera mientras el sol se abría paso sorteando las ramas de los árboles, y los pequeños insectos comenzaron a desplegarse en el cielo, dibujando espirales sucesivas, identificando su nuevo entorno y buscando flores, en un instinto animal por alimentarse y sobrevivir.

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  7. Avatar de Pinor noir
    Pinor noir 2 de enero de 2026 a 8:45 #

    Calor humano

    No sonaba el Concierto de Año Nuevo de la Filarmónica de Viena y las persianas estaban bajadas. Sentí el mismo temor de siempre, el que se me amarraba al estómago cuando mi madre no me cogía el teléfono o no respondía a mis wasaps. No te alarmes, me dije, seguirá en la cama bajo sus sábanas de algodón y una pila de mantas de diferentes épocas y texturas. “El nórdico no es para mí”, siempre decía eso, a lo que yo contestaba que, a falta de calor humano, era lo mejor. 

    Apenas había dormido. La noche había sido larga e intensa. No para bien. Tras las uvas todo se había precipitado hasta el final irremediable que no supe prever. Qué podía esperar de todas sus promesas níveas. Un capullo más.

    Me estallaba la cabeza. 

    Nada más entrar en la casa, el olor a amoniaco me perforó la nariz. Esa manía de mi madre de limpiarlo todo con amoniaco. Sentí la necesidad de abrir las ventanas de par en par, pero era invierno, y los últimos días parecía que Valencia se había vuelto nórdica.    

    Sigilosamente me dirigí a su dormitorio para darle un beso en la frente. Me quedé paralizada al descubrir que, pegado a la colina de su cuerpo, otro bulto de mayor anchura y longitud roncaba como un elefante. Retrocedí sobre mis pasos. Mi corazón bombeaba con tanta fuerza que temí despertarles. A pesar de que lo más sensato habría sido marcharme, la conmoción, con la resaca que no ayudaba, me hizo desplomarme en el sofá. Y de repente, una voz cascada: “Feliz año amor. ¿A por el tercero?”. 

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  8. Avatar de carpediem7769
    carpediem7769 2 de enero de 2026 a 10:58 #

    Las nubes no rezan

    Entre Sigüenza y Campillo de Ranas existe un lugar que no aparece indicado en los mapas. Es una zona árida extensa. Sin atractivo especial. Tampoco aparece mencionado en los free tours de la región. Pero algo cambia cuando llegas, levantas tus ojos y miras al cielo. Si te detienes a observarlo, empieza a suceder. Comienzan a aparecer nubes de la nada, a transformarse, a crear figuras que me obligan a cerrar los ojos por un segundo. Con formas identificables. Siluetas demasiado precisas para ser azar. El proceso no es lento. Tampoco es rápido. No es Dios, pienso. Las nubes no rezan. Es puro algodón moldeable. La música del coche se detiene. El silencio lo invade todo. El vehículo sigue circulando y las nubes transmutan sin cesar. Un sabor metálico invade nuestras papilas gustativas. Las figuras de algodón se trasladan a lo lejos. Evolucionan. Las ves fugarse mientras se forman nuevas. Ahora veo dragones de algodón enfrentados en el cielo. Miro a Ana. ¿Lo estás viendo? Respira profundamente y confirma con la cabeza. Los dragones se escapan evaporándose y cambiando más allá. Surgen nuevas. Diferentes. Demasiado precisas para perdurar. El coche se ha convertido en un espejo de acero que refleja el espectáculo. Nuestros cuerpos creen flotar. Nos miramos callados. Aparecen, se muestran y evaden. La experiencia nos obliga a detener el vehículo. Al hacerlo, el cielo se vacía. No desaparece: se apaga. Vuelve a ser el de esta mañana, como si nada hubiera pasado. El coche deja de reflejarlo. Ya nada flota. Ana y yo respiramos como después de un susto que no sabes explicar.

    Durante unos segundos tengo la impresión de que hemos estado en un punto del cielo donde las nubes empiezan. No como creación. Un origen sin testigos.

    Arranco el coche. No vuelvo a mirar el cielo. Algunas cosas, si se miran dos veces, se niegan.

    @carpediem7769

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  9. Avatar de cheerful7a74aafdc7
    Itzen 2 de enero de 2026 a 18:29 #

    Mis poetas

    Con lágrimas en mi rostro y ante una audiencia generosa que atiende a mi actuación, emocionada susurro la última línea del poema: “…Compañero del alma, compañero”. 

    Después, acosada por mi soledad, me cuestiono con cierta severidad cuál es la fuente de mi llanto. No es a Sijé a quien le lloro. ¿Acaso lo tomo prestado para encubrir mi propio duelo? ¿Acaso mi razón se esconde tras un cirio callado que guía el camino de otro cuerpo y que con su mustia y temblorosa flama, revela la esencia de otros huesos? Porque no es a tu muerto al que le lloro Hernández, es a otro.

    ¿O acaso lloro al cadáver de Marciano que Cavestany vio tendido y sangrante sobre la arena del circo en Roma, víctima de mentiras perniciosas? ¿Me presta Amado Nervo a su Anita inmovil para que llore su interrumpida historia de amor idealizado? ¿Y Sor Juana me brinda sus desgarradoras confesiones de callado fervor, cuando sufro al sentir… “que muero porque no muero”? ¿Le pido acaso a Juan de Dios Peza sus máscaras para “llorar a carcajadas” escondiendo así mi verdad y mi tristeza?

    ¿Quién soy en realidad?  ¿Un rescoldo de la memoria de aquellos que se atrevieron a plasmar sus sentimientos sobre papel? ¿Aquellos que hilvanaron sus ideas con potentes hilos capaces de bordar ilusiones y pesares? ¿Aquellos que van por la vida retando al tiempo y al espacio y que por años han dado tumbos y provocado historias?

    ¿A dónde termina mi actuación  y empieza mi existencia? Ante mis dudas, el destino malicioso me responde cual espejo de acero y brillo contenido, crea una sombra tras la luz de mis poetas y encuentro algunos versos de Sor Juana. Entonces, “junto diablo carne y mundo” y me pierdo entre ecos y palabras. 

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  10. Avatar de Vivo Mintiendo
    Vivo Mintiendo 2 de enero de 2026 a 22:05 #

    Título: Buenas noches

    Olor de cloaca, asco, detritus. Son las palabras que me salen antes de pensar cuando mi terapeuta dice: Vomita.

    Amoníaco. brota del wáter, se eleva desde pila del lavabo, se filtra por el sumidero de la terraza. Se arrastra por toda la casa, me envuelve, me empuja fuera de mí misma. El aire pesa, sabe que soy su enemiga.

    Continúo como si fuera algo aprendido de memoria: amoniaco, litros y litros de amoniaco salen del wáter, de la pila del lavabo, del sumidero de la terraza. Aire impuro me empuja fuera de mí misma.

    Sé que es un sueño, repetitivo, un bucle que ya conozco. Debo decirle a mi mente: voy a salir, no me tienes, quiero hacerlo. Pero cada intento es más penoso, se disuelve entre el olor y el ruido de los desagües, y todo vuelve a empezar.

    Una, dos, tres semanas. Vivo mintiendo: trabajo, río, acudo a las citas. La normalidad como disfraz. Pero una noche, sobre mi sábana de algodón preferida, me acurruco para no levantarme más.

    Una vez más no cumplo mis promesas. Buenas noches

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  11. Avatar de Buhl
    Buhl 3 de enero de 2026 a 20:10 #

    “La cumbre”

    Había perdido la cuenta de cuántos días llevaba de expedición, pero la cumbre parecía estar al alcance de la mano. Embriagado, apuró la marcha, y un sabor metálico invadió su boca. Sus piernas se debilitaron y las arcadas solo fueron el preludio de los vómitos.

    Tuvo que detenerse. Con la mirada fija en el pico, podía sentir el pulso como martillazos rítmicos en sus sienes. Tanto el tanque como sus pulmones se habían quedado prácticamente sin oxígeno. Su físico desmejoraba, pero la certeza de que la cima era alcanzable se expandía. Siguió subiendo.

    Alcanzó la cima reptando y se dio cuenta de que la montaña, además de ser maravillosa, podía castigar con la muerte. Mientras se recuperaba, permaneció callado. Contemplando un mar de picos inferiores en silencio. Como si fuera un espectador en el gran teatro del mundo. Incapaz de centrar la vista en un solo punto, sintió que sus pupilas se dilataban.

    No tardó en comprender que tenía que regresar, pero lo que sucedió lo hechizó por completo. El sol fue escondiéndose detrás de las montañas y un candilazo encendió el cielo de un rojo carmesí. La cordillera se tiñó de rosa y todo parecía un infierno colosal. Por un momento creyó que se trataba de otro planeta. Era una belleza tan sobrenatural que se olvidó del mundo que lo rodeaba, del tiempo y hasta de sí mismo.

    Con el crepúsculo, las primeras estrellas comenzaron a multiplicarse. La luna venció el horizonte y pintó de plateado las montañas enteras. Nunca se había sentido tan cerca. Pudo distinguir cada relieve, cada accidente, cada sombra lunar. El final se acercaba. Un final digno para su pasión dominadora.

    Aun en trance —inmune a la extraña sensación indolora de la congelación— y sumido en un estado de sosiego, supo que aquellas no eran las montañas que conocía: eran las montañas de sus sueños.

    El frío mata, pero también conserva. Su cadáver quedó intacto, la naturaleza había ejercido de embalsamadora con una maestría divina. Como si aún viviera. Como si aún contemplara lo que la cumbre ofrece.

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  12. Avatar de violeta
    violeta 3 de enero de 2026 a 21:04 #

    HASTA QUE LA MUERTA LOS JUNTE

    Tenía que ir a ver a Carmen. Era el amor de mi vida. Rompió conmigo y me dejó destrozado. No era fácil llegar a su nuevo hogar: vivía a las afueras de la ciudad y los atascos eran insoportables, pero estaba enamorado.

    Siempre iba a llevarle sus flores favoritas. La saludaba, intentaba hablar con ella, le preguntaba por qué había acabado con nuestra relación de una forma tan cruel. Le rogaba que volviéramos y nunca recibía respuesta alguna.

    Su nuevo hogar estaba en un pequeño lote situado, para ser exactos, en el cementerio central. Así que, la verdad, prefería no obtener respuesta. Aun así, me gustaba saludarla, hablarle, contarle que las cosas iban bien y pensar que algún día podría hacerle compañía en ese mismo lote y vivir juntos por el resto de nuestra muerte.

    Un día todo cambió. Mientras le comentaba las tonterías que hacían los políticos de turno y lo afortunada que era por no tener que conocerlos, una puerta celeste apareció de repente sobre su tumba. De ella brotó un olor a perfume acuático: su perfume favorito, ese que yo siempre había odiado. El aroma se me impregnó en el olfato en cuestión de segundos.

    Movido por un impulso animal, hui tan rápido como pude, como alma que lleva el diablo, maldiciéndola por asustarme y dejarme apestando. Es cierto que la echaba de menos, pero tampoco tanto como para querer verla convertida en un fantasma sobre su tumba.

    No le voy a perdonar nunca el susto ni el olor, que aún me tiene mareado. Quiero morir pronto para encontrarme con ella cara a cara y, de igual a igual, reclamarle el espectáculo que montó aquel día en el cementerio.

    Ya no voy con tanta frecuencia a visitarla y procuro no hablarle de política, porque sé que tenemos opiniones distintas y siempre acabo asustado y apestando. Es increíble que ni muerta me dé la razón… y que ni siquiera con los muertos se pueda hablar de política.

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  13. Avatar de Solete
    Solete 3 de enero de 2026 a 21:19 #

    Reflejo metálico

    Espejo de acero
    que rasga mi cara
    y devuelve
    un reflejo callado.

    Dentro de mí
    una voz débil,
    escondida,
    con miedo,
    sobrevive
    en el lado oscuro que reza:

    «Me veo
    y no soy.
    Pienso,
    y una voz insiste».

    Arde luz de cirio,
    un brillo obstinado
    que muerde las tinieblas
    y arranca
    una claridad mínima
    a la sombra lunar.

    Con las manos
    formo un cuenco.
    Tengo sed.
    De un milagro.

    Bebo
    de la fuente de la vida:
    líquido que me destruye
    día a día
    para que, quizá,
    exista un mañana.

    Hoy la vida
    tiene un sabor metálico,
    denso,
    amargo,
    más pesado que la realidad.

    Apago la luz,
    dejando atrás
    a un cuerpo que resiste.

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  14. Avatar de Osa Mayor
    Osa Mayor 3 de enero de 2026 a 21:39 #

    LA DESPEDIDA

    Todo adiós es un baile con la muerte, una coreografía que se aprende al danzar.

    Dejo atrás un nombre, un lugar, una manera de estar en el mundo. El viento cierra la puerta celeste y algo de mí se queda al otro lado. No grita. No se resiste. Simplemente deja de acompañarme. Con ruido frío se abre un espacio en blanco que me asusta: un camino diferente, un nuevo escenario, otra realidad…

    El papel sostiene lo que mi cuerpo ya no puede retener. En él escribo lo que un día fui, lo que callé por miedo y lo que hablé con dolor.  Con tinta de color zafiro narro mi historia: espirales sucesivas de sueños que vienen y van.

    Observo el vacío. No existe nada, pero hay espacio para todo. La soledad y el miedo son parte del duelo inevitable. Es la muerte quien da paso a la vida. Y mi vida continúa, a pesar de no saber quién seré cuando el camino termine.

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  15. Avatar de practicallya0a40f10ca
    Genoveva Manuel 4 de enero de 2026 a 11:44 #

    Magia

    La mañana de Navidad amaneció con un perfume acuático que venía del patio recién fregado y del frío colándose por las rendijas, ese olor limpio que anunciaba casa llena. En aquella vivienda antigua, la Navidad siempre empezaba así, sin prisas y con las luces aún apagadas, pero con las velas del nacimiento encendidas.

    Sobre la mesa del comedor había una tarjeta escrita con tinta color zafiro. Se había utilizado la pluma buena, la de los mensajes especiales y las fechas señaladas, porque la tinta duraba más y no se borraba con los años. La abuela decía que ese color hacía que las palabras parecieran más sinceras, como si pesaran un poco más al leerse, y nunca se olvidaban.

    Los niños de la familia, despiertos desde antes del alba, recorrían la casa en espirales sucesivas, dando vueltas entre la cocina y el salón, incapaces de caminar en línea recta. El suelo crujía bajo sus pasos y el árbol, cargado de bolas viejas, parecía observarlos en silencio, como queriendo capturar cada sonrisa infantil.

    En la cocina, el caldo empezaba a hervir y alguien tarareaba un villancico sin darse cuenta. Cuando el reloj dio las doce, la familia se reunió alrededor de la mesa, la tarjeta pasó de mano en mano y, sin que nadie lo dijera, todos entendieron que la magia estaba ahí: en lo sencillo, en lo repetido, en lo que vuelve cada año y nunca cansa.

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  16. Avatar de Pablo del Alba
    Pablo del Alba 4 de enero de 2026 a 13:12 #

    El Viaje

    Un silbido, y el tren arranca. Las puertas se cierran y el convoy cobra vida. Un hombre mayor, solo, mira a través del cristal de la ventanilla. A ritmo hipnótico, observa campos dorados, estaciones dormidas de pueblos de hadas, tejados color cobrizo, callejuelas y campanarios adornados con cigüeñas. Cada parada posiblemente evoque un recuerdo: la infancia en el campo, amor de juventud o un breve viaje de novios. Está callado, vive el momento. Viste un abrigo marrón que huele a muchos inviernos. Custodia una pequeña y vieja maleta, que guarda lo esencial y una caja de galletas caseras envueltas con esmero. El recorrido ofrece manchas verdes de arboledas que serpentean humedales. Una claridad se cuela entre las rendijas de las copas de los árboles. Se oscurece el cielo y desaparecen las nubes de algodón reflejadas en aguas transparentes. En el pasillo junto a él, un espejo de acero irradia un brillo opaco. No se reconoce. Entre sus manos rugosas y manchadas por los años, sostiene un papel y una foto. Los ha revisado tantas veces que están muy arrugados. Lo guarda con cuidado, para que no se le pierdan ni se los roben. Este es un viaje muy especial para él. El tren se detiene con un quejido metálico Llega a su estación. Vuelve a consultar el papel y la foto. El hombre desciende hasta el andén con paso titubeante. Dos niñas gritan, levantan sus brazos hacia el cielo y corren hacia él. Las mira y no las recuerda. Tampoco sus nombres. Algo le parece familiar. Con una tierna e insegura sonrisa se agacha para responder a sus abrazos infantiles. Cree reconocer aquellas voces, aquellas risas. Le repiten una y otra vez lo que le escriben en sus dibujos: “Te queremos, abuelo”. De la mano de sus nietas siente seguridad y sonríe. Ha logrado llegar hasta allí, aunque no rememora todo.  En su lucha silente contra esa sombra lunar que oscurece su memoria, al fin tiene un respiro, una esperanza. Tal vez mañana no lo recuerde. Pero hoy es un gran día. Quisiera contarle a su médico que ha ganado una pequeña batalla: el amor ha sustituido al olvido.

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  17. Avatar de Cohiba
    Cohiba 4 de enero de 2026 a 14:10 #

    Título: Cromograma

    El pasado fue color rojo. Como un cielo herido por el viento de poniente. O la sangre de Eva cuando brota, se acumula y coagula junto a su cuerpo.

    Su rostro blanquecino destaca en la penumbra. Iluminado por un haz de luz que no existe. Fuego helado que acaricia sus mejillas. Ojos sin vida que reflejan como espejos húmedos. Escarchados.

    Junto a ella un hombre. Fue él quien la mató. Sus manos bañadas en fluidos salados y férricos. Viscosas. Febriles. Culpables, traspasaron sus huellas a la sábana de algodón. Un negativo cargado de identidad y ornamento. Renglones curvos de un texto incompleto.

    El presente es amarillo. Agudo. Él la observa, buscando una absolución imposible. Ella ya no puede perdonar. Ella ya no puede nada. Amarillo como el insecto que muere si para de volar. En círculos. Sin fin. Un zumbido que penetra en los oídos y conduce a la locura. O tal vez él ya estaba allí. Loco. Desolado. Porque ella no debía morir, tan sólo amarle.

    El futuro no existirá. Negro profundo. Abisal. Intencionado. Llega a esa conclusión cuando el amoniaco inunda su garganta. Dejando de volar. Insecto.

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  18. Avatar de Karin Wolf
    Karin Wolf 4 de enero de 2026 a 15:39 #

    Misa exequial 

    Aún puedo ver sus dedos acariciando las cuentas del rosario. ¿Por qué fingimos que esto sirve para algo? No consigo apartar la vista de ellos. Siempre me ha parecido un ritual hipnótico. De fondo, escucho oraciones, lamentos y fútiles intentos por asegurar la expiación del alma de mi madre. “Hemos venido a realizar una cosa extraña. Hemos venido a celebrar la muerte de nuestra hermana”, pronuncia el sacerdote. 

    Mamá ha muerto. Sin ninguna piedad y sin ternura. El cirio pascual se consume junto al féretro que guarda su cuerpo, pero nadie grita, como ocurre en algunas películas. ¿Hemos perdido el juicio? Mamá ya no está y hay que festejarlo.

    Recuerdo las marcas de saliva en la almohada blanca, la sangre, el sabor metálico, la agonía y la podredumbre que se respiraba en cada habitación de la casa. La muerte llevaba meses husmeando, impregnando los cajones y las vitrinas. Cada rincón era ella. La fruta, los gatos, la televisión: todo estaba muerto. Todo. 

    Yo misma morí un día. Y ya nunca pude resucitar. En una ocasión lo intenté. En la habitación de mi madre, sentada en su cómoda y frente al espejo de acero, me miré. Observé mis ojos, mis labios, mi pelo, pero no adiviné ni un ápice de vida. Nada que pudiese salvarme. Juro que lo intenté con todas mis fuerzas. 

    Enseguida vi el reflejo de Guzmán, que me observaba callado desde el marco de la puerta. Nos miramos durante unos minutos. No hizo falta decir nada. Él también lo sabía.  

    Ella era el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin de todo. 

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  19. Avatar de Amparito Jones
    Amparito Jones 4 de enero de 2026 a 17:26 #

    En busca de la coma perdida.

    No sé cuál es mi sitio. No encajo con nadie. Que si aquí divides la idea principal, que si separas el sujeto del verbo, que aquí está el complemento directo, que si esto, que si lo otro. Un horror, parece que estorbo en todos lados. Me coloco detrás del inciso, enseguida los verbos “dicendi” a contarlo: “está aquí, se ha puesto en el inciso”. Acusicas, no pueden callarse nada, pues me voy.  Me pongo en otra frase y no falla, el punto y coma mirándome con ese aire de superioridad tan suyo: “aquí no puedes estar, comita, solo gente importante”. No lo aguanto. Me largo. Igual mis primas, las comillas, tienen sitio para mí. Pero qué va. Como están por arriba y lo ven todo, están siempre cotilleando, en un ambiente desenfadado y tal dicen ellas, pero a mí ni caso. Vaya familia me ha tocado. Tengo que encontrar dónde ponerme, se dice que hay un malvado Gerundio De Posterioridad merodeando por aquí. Acercándose, acechando en la frase más inocente, deslizándose, reptando, mirando, moviendo las palabras, robando el sentido a las frases. Me convertiré en una proscrita si me junto a él.

    Tengo que esconderme, buscaré entre esas palabras que el Autor ha tenido que poner a martillazos: el rostro blanquecino oculto en sus sábanas de algodón enterrando sus promesas níveas, falsas como su alma. Vaya cursilada, pero claro, con semejantes palabritas… Si ha podido poner eso, seguro que cabe una humilde coma, vamos, digo yo. De pronto se hace el silencio. Habla el Autor. Nos persignamos en el reclinatorio y escuchamos Su Palabra.

    —No sé qué hacer con esta coma, no me encaja en ningún sitio.

    Se me ponen los pelos como escarpias, debo parecer un asterisco. Veo cómo los demás signos me ignoran, las comillas me señalan, los paréntesis se cierran. El autor pone su dedo en la tecla borrar y la pulsa. Sigo aquí, ¿Qué ha pasado?, ¿qué soy?, ¿un espacio en blanco?, ¿un salto de página? Por fin lo sé: soy algo que ningún Autor puede borrar, soy lo que busca y teme al mismo tiempo. Soy el punto final.

    Amparito Jones Enero 2026

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  20. Avatar de devotedlychocolate86d4da03d6
    devotedlychocolate86d4da03d6 4 de enero de 2026 a 17:38 #

    El Manto De La Virgen

    El Monje Angélico recibió la orden de pintar el cuadro de la Virgen, estaba profundamente conmovido por tal privilegio; salió a caminar por la playa helada buscando inspiración. Un perfume acuático llenó sus pulmones y rápidamente la tinta de color zafiro, vino a su mente. El manto de la Virgen debía ser de ese azul sagrado. Volvió a su humilde taller, abrió la puerta celeste y se lamentó frustrado al ver ese tono de azul pálido, muy lejano a la intensidad que él quería lograr.

    Un ruido frío retumbó dentro de él; espirales sucesivas lo aturdían cuestionando su fe, suplicó arrodillado por conseguir el pigmento Divino, y, así, pasó varios días sin comer ni dormir, enloqueció entre súplicas y agonías, pues, no lograba obtener el color preciado mientras que el tiempo de la entrega se acababa. Con la cabeza caliente y desesperado invocó al Diablo, le ofreció su vida a cambio de la tintura.

    El Demonio astuto puso sobre la mesa de trabajo un saco de polvo de lapislázuli y otro con polvo de oro. “Tienes hasta el amanecer para terminar la obra y luego vendré a buscarte”, le dijo.

    El Monje, preparó la pintura con estos polvos y obtuvo el celestial óleo que debía llevar el manto.

    Conforme amanecía y la obra se terminaba, el famélico monje luchaba por su vida, miró el cuadro reluciente, se miró en los ojos de la Virgen y le ofreció la obra.

    Una luz dorada envolvió el cuerpo que yacía inerte en el duro suelo, vino el Diablo a reclamar su alma.

    La Virgen vertió sus lágrimas y se vistió de azul Eliseo desde ese día y para siempre.

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  21. Avatar de Andrea Pablo
    Andrea Pablo 4 de enero de 2026 a 19:40 #

    VERDADES A MEDIAS

    Cuando abres esa caja de zapatos que tiene tu madre guardada como una reliquia llena de antiguos vestigios de la vida plasmados en esas fotografías, aunque la hayas abierto año tras año, parece que, de nuevo, se rememoran muchos momentos felices . Nunca se presagia en ellos una época difícil o una circunstancia dolorosa. La instantánea siempre transmite felicidad, gozo, ilusión; pero es una imagen que se asemeja a un espejo de acero de los que no solo tienen el poder de reflejar la realidad, si no que también pueden distorsionarla o al menos, enmascararla y entonces, cuando más tarde descubres esa perversión, el brillo del papel fotográfico adquiere un sabor metálico y amargo:

    La boda de tus padres con la calle sin asfaltar y el vestido de novia danzando por la tierra pero con grandes sonrisas y ese flash de júbilo. La procesión del santo Entierro en Semana Santa vestida de negro y con la cera de los cirios cayendo al suelo en un aire callado con la sombra lunar de color morado y aspecto dolorido o cuando naciste y estás en el brazo de tu madre con leotardos, gorro y zapatitos de charol y cuando se compraron un seiscientos para hacer turismo de provincia.

    Esas instantáneas eran reales, sí, no decían mentiras, pero, no decían toda la verdad. Esa verdad de posguerra donde con una tela barata hacían abrigos para toda la familia. Esa verdad donde en la escuela, si eras niña, no te permitían llevar pantalones y te devolvían a casa para que te cambiaras el atuendo y esa verdad que decía que aquellos que emigraban a Francia no eran turistas que volvían ricos, ni cobardes que no levantaban al país. Era esa verdad que olía a trabajo, miseria y ganas de volver con los suyos: a compartir la paella con pollo y los geranios en el balcón, a pesar de ir con las suelas de los zapatos remendadas por el zapatero remendón que hacía casi milagros con ellas: con olor a caucho, a cuero, porque era cuero de verdad, eso sí y a betún que se deslizaba con el cepillo después de concluir la obra de arte y que se posaba en los clavos de la pared como obra terminada y que al zapatero remendón le servía para poder completar su sueldo nimio en la empresa.

    Y sí, en la vida hay muchas verdades que se pueden contemplar, pero muchas de ellas son… verdades a medias.

    Andrea Pablo

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  22. Avatar de castilloguevara2025
    castilloguevara2025 4 de enero de 2026 a 19:43 #

    EL ÚNICO OBJETIVO

    Se miró a los ojos en el espejo de acero. La mirada era fría, gris, distante, como si fuera la de un ser sin alma. Así se sentía: muerto. Muerto en un cuerpo autómata, un cuerpo pesado y lento, sin calor humano, sin recuerdos.

    El sabor metálico en su boca, cuando apenas el agua mojaba su lengua, se convertía en una sensación insípida al instante siguiente. Nada le afectaba, ni lo bueno ni lo desagradable. No había sentimientos ni sensaciones. No tenía pensamientos ni juicios. No era más que un robot humano desde que ella murió.

    La imagen del amanecer, con su danza de azules en el cielo, carecía de belleza ante sus ojos. No podía notar el paso de las nubes, ni la luz del sol pintando el mar desde el horizonte hasta la playa. Estaba ciego, sordo y mudo ante los estímulos de la vida.

    Su mente en blanco solo sentía un vacío que lo inundaba todo. Llevaba así tres días y tres noches, desconectado del mundo.

    Y ahora, bajo la sombra lunar, despertó al dolor inmenso de una muerte cruel que le rompió la vida, que le arrancó el deseo de vivir, que le condenó para siempre a ser un espectro de lo que una vez fue. En sus ojos nació entonces un brillo aterrador, con un solo objetivo: matar a sus asesinos.

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  23. Avatar de Vera Morales
    Vera Morales 5 de enero de 2026 a 9:03 #

    En un instante

    Los mayores acontecimientos pasan casi sin que nos demos cuenta, como espirales sucesivas cargadas de tiempo, espacio, recuerdos y anhelos. Los mejores y los peores momentos de nuestra vida acontecen sin pausa, incesante goteo de tinta de color zafiro derramada sin querer. La había visto en aquel parque cada mañana, de lejos, ensimismada, y nunca me había atrevido a acercarme, tan embelesado como estaba mirándola leer. Nunca pude reconocer el libro, tenía una puerta celeste pintada en la portada, parecía viejo, gastado. Un día, la vi levantarse y, como en un impulso animal, la seguí. Esa primera vez no me atreví a acercarme mucho, temía que se diera cuenta, que también me hubiera visto. Nada pasó, claramente yo era invisible para ella. Empecé a pensar en ella al llegar a casa, al despertarme por las mañanas, al irme a dormir… Su presencia se convirtió en un ruido frío en mi cabeza, no diría que era una obsesión. Quizás sí lo era.

    Hace tres días empezó a llover, recogió sus cosas y echó a andar más rápido de lo que acostumbraba, mis pasos tamborileaban en el suelo al compás de los de ella. Empecé a aproximarme más y más, sentía mi corazón en las sienes, me temblaban las manos. No sé cómo pasó, no sé cuándo lo había decidido, recuerdo empujarla, ponerle la mano en la boca, recuerdo su mirada de horror al verme, a mí, el libro bocabajo deshaciéndose en un charco… No sé qué hice, ni por qué, lo único que sé es que necesito entregarme porque no he podido dejar de ver sus ojos vacíos en la oscuridad y porque estoy muerto de miedo.

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  24. Avatar de Luz Switzer
    Luz Switzer 5 de enero de 2026 a 10:02 #

    Carta

    Tomó el papel arrugado. Le faltaba un pequeño fragmento en una de las esquinas. Intentó alisarlo contra su muslo: dobló la pierna y lo presionó con insistencia, pero apenas logró suavizar algunos pliegues. No surtió mayor efecto. Entonces lo sostuvo con ambas manos y lo contempló como si las palabras que aún no había escrito ya estuvieran en él. Lo observaba con devoción, como si viera un tesoro. Para él lo era.

    Sacó un lápiz pequeño del segundo bolsillo a la izquierda de la chaqueta.

    Escribió escogiendo las palabras una a una. Le parecía que el tiempo se hubiera detenido, como si el mundo guardara silencio y no se oyera siquiera el batir de las alas de un pajarillo.

    Sin apuro, como si se hubiera quedado completamente solo bajo la sombra lunar, comenzó a escribir: “Si estuvieras aquí, besaría tus labios con suavidad, con la delicadeza que he imaginado tantas veces. Los besaría con la certeza de que ese beso tendrá un final. Tomaría tu delicado rostro entre mis manos y lo contemplaría con detenimiento; grabaría cada rasgo para conservarlo en la imagen de mi mente y poder evocarlo después, cada vez que cerrara los ojos.

    Si estuvieras aquí, abrazaría tu cuerpo ligero, firmemente, pero no en exceso. Intentaría que todo mi cuerpo tocara el tuyo para retener tu aroma y llevarlo conmigo. Buscaría el calor de tu aliento y mantendría mis brazos alrededor de tu talle con el deseo de permanecer así, para siempre.

    Pero no estás aquí… y me alegra que así sea, porque este lugar no es para ti; no es para nadie. Tengo en la boca un sabor metálico y sé que no volveré, pero mi alma se quedará contigo, aunque mi cuerpo callado se pierda en esta guerra interminable. Te amo con todo lo que soñé que habría sido nuestra vida, con todo aquello que mis ansias anhelaban compartir contigo.”

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  25. Avatar de MadMax
    MadMax 5 de enero de 2026 a 17:56 #

    La búsqueda

    Los zarzales han derribado las lindes de la vieja casa, sin embargo, permanece soberbia, decadente, bella. Es como una cápsula del tiempo que nadie parece atreverse a abrir. La puerta cede ante mi palanca y un chirrido violenta la quietud. El suelo cruje bajo mis pasos. A través de las cortinas rotas penetra una sombra lunar en la que flotan las telarañas. Prendo la linterna. Entre dos mohosas butacas se enroscan las escaleras. Un baúl tronchado ha escupido sus documentos, son bastante antiguos. Hablan en clave sobre una especie de investigación, una búsqueda de algo muy codiciado. Hay símbolos y dibujos; me recuerdan a los manuscritos sobre alquimia de la universidad. Algunas notas parecen elaboradas por alguien desesperado, psicótico.

    De repente escucho un ruido tras de mí. Es sutil, sedoso; pero evidente. Salgo de mi embeleso. Sin respiración dirijo la luz. Unos nudillos enormes se aproximan a mi cara. Mi cara aterriza contra el suelo. Un sabor metálico anega mis dientes. Todo se envuelve en la negrura.

    Recupero la consciencia. La cabeza me va a explotar. Estoy amordazada y atada, supongo que a una silla. Un tipo corpulento enciende un cirio que ilumina la estancia. Está de pié, callado; mirando con atención una bandeja llena de utensilios metálicos. Esto no puede ser real. Me revuelvo y trato de gritar, pero es inútil. Se acerca, clava sus decrépitos ojos en mí, y con voz serena me dice: «No te desgastes, no tiene sentido. Viniste buscando aventura y no vas a salir con vida para contarla. Pero deberías estar agradecida, tu muerte no será en vano; formarás parte de mí para siempre. Hace demasiado que no me restauro: hoy tendrás el gran honor de ser mi fuente de la vida como otros tantos incautos lo fueron antes que tú».

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  26. Avatar de Kratos
    Kratos 5 de enero de 2026 a 18:50 #

    ¿Qué nos queda?

    Errantes en un bosque de esencias quebradas y vínculos desgarrados, solo la sombra custodiólas promesas níveas que susurrábamos.

    La penumbra presidió nuestros encuentros clandestinos en la laguna, caricias y anhelos se entrelazaron a la brisa del ambiente desenfadado.

    Hoy, las tinieblas guardan tu rostro blanquecino, fundiéndose en las profundidades de la laguna, entre máscaras vacías.

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  27. Avatar de K.D Nathan
    K.D Nathan 5 de enero de 2026 a 19:53 #

    No es una noche estrellada: nubarrones de colores oscuros, densos y abismales, se aproximan hacia la orilla del Hudson. Aunque embarazadas y pesadas, tal vez consigan cruzar el Atlántico. Viajarán más allá de lo que ella ha viajado en su vida. Más de lo que en su vida viajará. Ese pensamiento, aunque conocido como un vecino carcamal y molesto, le hace sentir incómoda en su propia piel, y le obliga a incorporarse. Los truenos rompen a una distancia tan cercana, que se escuchan desde la habitación, y la luz de los rayos le iluminan medio rostro; las sombras acentúan el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Los ojos miran de lado a la nada, mientras piensa en la oferta. Se da una vuelta por la habitación: no sabe si va a ser la última vez que dormirá ahí. El espejo de acero que cubre toda la pared, justo arriba de la cómoda de madera y frente a su cama, la mira desde su reflejo. No lo evita porque la imagen devuelta sea grotesca, desagradable o vulgar. No es una caricatura, sino ella en la máxima expresión de su identidad, y toda ella, vinculada a una carga insondable y frágil. Piensa en romper su reflejo, comerse los cristales, y que el sabor metálico de los trozos se funda con la sangre, hasta penetrarse el dolor agudo y, tras él, el sueño infinito. Se pregunta si alguien encendería un cirio solitario por su alma mientras se celebraba su funeral, callado y oculto, en una capilla sin nombre. Puede hacer eso… o aceptar el encargo. Fuera cual fuera el transcurso de los acontecimientos, sería el último.

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  28. Avatar de Olivia
    Olivia 5 de enero de 2026 a 20:48 #

    NOCHEVIEJA

    Su rostro blanquecino destacaba entre los invitados a una fiesta de ambiente desenfadado. Era Nochevieja y se había puesto un vestido de lentejuelas que dejaba al aire la mayor parte de la espalda. 

    La habían invitado a esa fiesta en la que no acababa de encontrar su sitio. Se sentó en la barra y pidió la primera copa de la noche. Un chico que había cerca la sacó a bailar, y ella puso su mejor versión en ese baile que al terminar la dejó tan sola como estaba.Uno tiene que ser valiente y hacer frente a las circunstancias, se había dicho esa tarde, antes de enfundarse en un vestido tan atrevido que dejaba ver los achaques de la edad. Pero ahora no sabía qué pensar. 

    Había mucha gente, gente diferente. Unos querían bailar y mostrarse, y así se sentían cómodos; otros intentaban encontrar las emociones que en su vida diaria faltaban; y un tercer grupo, se sentía incómodo, pero no quería quedarse aislado en su casa en una noche tan señalada. Ella pertenecía al segundo grupo, y más específicamente al grupo de aquellas personas de cierta edad en las que los sentimientos no envejecen, aunque quizá estén más trabajados, y siguen manifestándose con la misma tenacidad con la que nos levantamos cada día. No creía en las promesas níveas de la juventud inocente, pero quería una nueva oportunidad de ser feliz.

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  29. Avatar de insightful9e10c1fe89
    Morgan 5 de enero de 2026 a 22:58 #

    La decisión

    Poco después de las once comenzó la ceremonia en el salón principal de la residencia familiar. Una puerta celeste sobre el blanco suelo de mármol le daba a la estancia un toque distintivo. Los relojes estaban detenidos a la hora exacta del fallecimiento y los espejos, cubiertos con un crespón negro. Allí se encontraban las personas más poderosas y ricas de Nueva York, amigos íntimos y miembros de “Los Cuatrocientos”; todos habían recibido una invitación al funeral manuscrita con tinta de color zafiro.

    Margaret estaba sentada frente al ataúd. Vestía de luto riguroso con velo largo de crepé. Parecía observar los motivos de los herrajes del féretro, pero en realidad tenía la mirada perdida y desconectada de lo que allí ocurría. Nadie debía descubrir el secreto que su madre se llevaba a la tumba.

    Partió el cortejo fúnebre. Una carroza, tirada por caballos negros cubiertos con gualdrapas, trasladó el féretro al cementerio. En el transcurso del sepelio, Margaret permanecía sumida en un delirio de espirales sucesivas, que a medida que iban acaeciendo, la comprimían cada vez más hacía el vacío. Su cuerpo, sus pensamientos, sus recuerdos ya no le pertenecían. Sus raíces enterradas bajo el olvido.

    —Por cuanto ha placido a Dios Todopoderoso, en su gran misericordia, recibir para sí el alma de nuestra hermana aquí presente; por tanto, encomendamos su cuerpo a la tierra; tierra a la tierra, cenizas a las cenizas, polvo al polvo, con la esperanza firme y segura de la resurrección a la vida eterna —entonó el clérigo.

    —Es hora de acercarse —le dijo su hermano, devolviéndola a la realidad.

    Ambos arrojaron un puñado de tierra sobre el ataúd, sonó un terrible ruido frío. Fue en ese instante cuando Margaret revivió el día en que, siendo una niña de ocho años, escuchaba una disputa de sus padres: su madre había resuelto hacerse pasar por blanca. Ese fue el último día que vio a su padre.

    —¿Qué hubiera sido de nosotros si nuestra piel hubiera sido más oscura, hermano mío?

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  30. Avatar de Merlín_Gentil
    Merlín_Gentil 6 de enero de 2026 a 11:15 #

    Bon Rençer 

    La oscuridad de la noche envolvió el recinto como el mal envuelve a las personas; de forma rápida e inesperada. 

    Los pasillos aparentaban infinitos sin luz que les diera forma, dejando en manos de la imaginación lo que pudiera haber dentro de aquel velo negro que los cubría. 

    Solamente el jardín interior había quedado libre de las manos oscuras que dominaban el lugar, protegido por el gentil abrazo de la Luna.

    En medio de las flores y el cantar de los insectos, un cirio ayudaba a la dama blanca a iluminar el hermoso ecosistema desde las manos de Arturo, el consagrado dueño de Bon Rençer.

    Arturo se encontraba callado y con la mirada fija en el cielo nocturno. Si alguno de sus conocidos lo vieran ahora creerían que se encontraba de nuevo perdido en su mente, ahogándose en un mar de pensamientos producto de una vida llena de arrepentimientos y malas decisiones. 

    Decisiones que lo habían devorado por dentro durante años hasta el punto que, cada vez que observaba la negrura infinita del espacio, solo veia un sombrío reflejo de su alma.
     
    Pero hoy no estaba perdido, ni su mirada estaba nublada por memorias de un pasado no deseado. Está noche el dueño y señor de Bon Rençer se encontraba a la espera.

    Un fuerte sonido retumbó por todo el jardín. Sonaba antiguo, pero poderoso a la vez. Arturo bajó la mirada, aquello solo podía significar una cosa; la fuente de la vida había despertado.

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  31. Avatar de LuNa
    LuNa 6 de enero de 2026 a 18:03 #

    No puedo

    No puedo decirte que te quiero. No sé saltarme los condicionantes: tu mujer, tus hijos, nuestra edad, mis arrugas, mi historia. No sé si quiero que me digas lo que más deseo. Quizás da igual. Ya tengo un poco de ti. Te veo, te sueño, te cuento. Compartimos sonrisas y miradas. Tenemos momentos. Esos momentos. Pero ni tú ni yo los dejamos avanzar. Nos deslizamos hacia la amistad, es más fácil. Hablamos de problemas y experiencias. Nos ayudamos y nos llamamos amigos. Tomamos café de la máquina mientras me hablas de tu perro, de la vecina o del mes de abril. Se nos ve cómplices, compañeros. 

    Parece bueno, un trato amable, una sábana de algodón. Es cómodo, huele bien. Mantenemos promesas níveas, puras y sin manchas. Pero me rompe, me amordaza, me secuestra. No me calma sentirte así. No me gusta ese ambiente desenfadado en el que nos movemos más libres y podemos tocarnos, abrazarnos y fundirnos, o confundirnos, sin riesgo. 

    Lo quiero todo. Quiero ser la A de tu móvil, elegir tu serie por la noche, encender la lamparita si toses. Quiero ser tu hogar y tu memoria. Quiero ser lo mejor del día, tu clímax, tu argumento. Quiero entrar en tu mente, ser tu primer pensamiento, tu obsesión, tu imagen intrusiva. Quiero contaminar cada paso que des. Quiero ser contigo. Quiero tu llanto, tu ira, tu siesta. Quiero quererte, vivirte y hasta morirte. 

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  32. Avatar de instantlyharmony1ba86490bc
    instantlyharmony1ba86490bc 6 de enero de 2026 a 21:14 #

    Misión

    Como cada dos de enero, hacia el mediodía, un grupo de jóvenes, muchachas y muchachos, se preparaba para arrojarse a las aguas del puerto de Lipadia, una pequeña villa de casas blancas y puertas celestes, con el fin de recuperar la arqueta con las reliquias de san Basilio.

    Ciento dieciséis años habían transcurrido ya desde el naufragio del barco que las trasladaba en secreto a la ciudad de nacimiento del santo para protegerlas de la guerra con el país vecino. Lo que sucedió entonces fue que, apenas unos minutos después de zarpar, un rayo lanzado desde el más oscuro de los cielos impactó en el casco y lo partió en dos con un ruido frío y colosal. Esto dejó estupefactos a los lipadianos, que vieron hundirse su más preciado tesoro mientras se preguntaban qué clase de señal era esa.

    Cuatro familias experimentaban con especial intensidad la obligación y el honor de participar año tras año en la búsqueda porque eran descendientes de los desdichados tripulantes de aquella nave. A una de esas familias pertenecía Ariadna, una chiquilla morena y de mirada decidida en sus ojos azul turquesa cuyos padres habían permitido unirse a la tradición por primera vez. Llevaba tres años insistiendo en que tenía una misión y todos en su entorno habían asumido que se refería a rescatar las reliquias.

    Mientras escuchaba la bendición del sacerdote desde el malecón y aspiraba el perfume acuático que envolvía a los fieles, recogidos y en silencio, Ariadna se sintió internamente confirmada en el encargo que san Basilio le había hecho en sueños: hallar la arqueta con sus restos, hundirla profundamente en la arena del fondo, colocar algún peso encima y regresar a la superficie sin revelar nada. El santo manifestaba así su voluntad de permanecer con los habitantes de Lipadia y ser la razón de su unión para siempre.

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  33. Avatar de Cinturoniano
    Cinturoniano 6 de enero de 2026 a 21:16 #

    Anorexia

    Mira la grotesca figura que le devuelve el espejo de acero. No se reconoce. Solo ve el reflejo de un hombre que ha perdido toda batalla contra la comida. Se rechaza. «Ese no puede ser yo», se dice a sí mismo. Utiliza sus enclenques dedos a modo de concertinas en un ritual que lleva años realizando. Vomita un líquido amarillo verdoso con un ligero tono rojo sangriento que ya no le sorprende. Se enjuaga para eliminar el sabor metálico. Al escupir, el tintineo de un diente desprendido le resquebraja sus emociones. Hace tiempo que aceptó el alto precio por obtener la figura deseada: sus dientes, sus uñas, su pelo, su piel.

    Cuando se da la vuelta para salir del baño, observa la sombra de luna que su cuerpo proyecta a contraluz. Cabizbajo y derrotado, acude a la nevera. Sabe que tiene que comer, aunque no haya nada que le aborrezca más. Una manzana, una naranja y un plátano es todo lo que hay; él solo ve azúcares y grasas que se acumularán en su cuerpo. Decide que puede aguantar un poco más sin comer.

    «Cuanto menos me mueva, menos tendré que comer», se repite a modo de mantra. La atmósfera apática de su habitación ya no le incomoda. Con la tenue luz de un cirio eléctrico, callado y debilitado, se tumba en su mugrienta cama. Su respiración se ralentiza, siente que en cada exhalación su fuente de vida se apaga. Cierra los ojos.

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  34. Avatar de raulrepe
    raulrepe 6 de enero de 2026 a 22:30 #

    Título: Una puerta que no quiero abrir.

    Cuando yo era un cordero y la vieja Blanca sujetaba el cayado con mano dulce, ahí mi mayor decisión era si repetía o no de la cazuela. Pero hacía tiempo que no olía su perfume acuático.

    No había elegido escuchar esa reunión velada. Simplemente pasaba por allí. «La boticaria tendrá algo para desoír», pensé. Pero ya no había vuelta atrás. Y cargaba sobre mí todo el peso del libre albedrío.

    —¿Flechas? ¿Vendas? No olvides nada, Gael —farfullaba Leandro, mientras revisaba las provisiones, acelerado.

    —Sí, sí, todo en orden… —dije para mí mismo.

    —No vamos a arruinar esta misión. —Me miró fijamente, y yo noté una punzada en mi culpa.

    Sobre su nariz, una puerta celeste y una cobriza. Yo no tenía valor para abrir ninguna. Leandro tenía una prometida en su tierra. Un futuro apacible y seguro. Se lo arrebataría todo… Pero no podía ignorarlo más. Iba a repartir mi carga con él.

    Llevábamos unas horas de travesía. Nosotros dos solos, por caminos abandonados. Y no había logrado sincerarme. Solo daba espirales sucesivas sin rozar la única cuestión importante.

    —Escúchame, amigo. —Le miré con los ojos vidriosos—. Ojalá no fuera real, pero nuestro objetivo es el verdadero heredero del trono. Es un chico inocente, Leandro. ¿Qué estamos haciendo?

    —Estas bromas te podrían costar la vida. Tienes suerte de que te sienta de mi sangre.

    —Ojalá fuera broma, hermano mío. Escuché al capitán mientras daba uno de mis paseos nocturnos. Nos envían a proteger la legitimidad de un impostor.

    Mis palabras dejaron tras de sí el ruido frío de un flechazo. Y ahí yacía mi querido camarada, asimilando la gravedad de la situación. Tras un silencio bloqueado, su mirada se abrió. Ahí supe que su lealtad seguía en pie. Si en ese instante todas las fuerzas del rey hubiesen caído sobre mí, ese hombre se habría lanzado a la muerte para salvarme.

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  35. Avatar de Theo
    Theo 6 de enero de 2026 a 22:50 #

    Mar de Flores

    El embravecido mar en calma de Flores conectó con el pequeño Theo nada más verlo subir a bordo de aquella embarcación que surcaba sus aguas.
    Aquel curioso chaval, atraído por el perfume acuático de un mar tan distinto al suyo, asomaba su diminuta nariz por la popa al tiempo que inhalaba su salinidad. Lucía una sonrisa contagiosa y esa mirada perdida propia de una descarada inocencia.

    Flores estaba seguro de que ese diminuto ser, llegado de tierras lejanas, en realidad era Naga, un semidiós con forma de serpiente que en raras ocasiones adoptaba forma humana. Una deidad protectora de las aguas que viviría eternamente en su regazo, traería prosperidad a todos sus habitantes y abriría una puerta celeste entre lo humano y lo divino.

    La noche era cálida y la travesía transcurría sin incidencias pero…, una sucesión de inesperadas corrientes, la llegada de unas inmensas olas y, en cuestión de segundos, todo cambió. El navío se partió en dos con un ruido frío, engullendo todo tras de sí.

    Ráfagas de espirales sucesivas: burbujas, arena, espuma y sal; el inmenso azul con su belleza letal.
    El mar alzó su petición a los cielos. Había algo tan salvajemente sincero en su llamada que Theo no tuvo más opción que aceptar. Abandonó su vida humana para proteger al mar de Flores y convertirse en un ser ancestral.

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  36. Avatar de Madinat Qurtuba
    Madinat Qurtuba 14 de enero de 2026 a 22:12 #

    1 / 1 (Rescate técnico: participación enviada a otro panel, en forma y tiempo. Recuperada para la fase de votación)

    VUELTA A CASA

    Caminas sin descanso. Te aferras a la mano de tu tía, aunque preferirías que fuera la de tu madre o tu padre. No es así. Ellos ya no están, no estarán nunca más. Estáis solos.

    El sol, implacable, lacera tu débil piel de niño desnutrido. Aun así, sigues caminando. Tienes hambre y sed. No te atreves a decir nada a tu tía, porque, aunque ella es buena, también es algo cascarrabias. Por eso miras tus sandalias llenas de polvo, para ver si contando los agujeros de las suelas, se te pasa esa sensación de vacío en el estómago.  

    Quieres llorar, pero no lo haces. Tu tía te arrastra como si fueras un fardo. Parece no darse cuenta de que ya no puedes más. Camina y camina sin detenerse. De repente, acelera el paso. Apenas puedes seguirla cuando ves, a lo lejos, algo que llama tu atención. Parece una montaña de piedras.  

    —¿Qué es eso, tía? —te atreves a decir.

    —Camina, ya llegamos.

    Entonces, se detiene frente a un cúmulo de cascotes. Un pedazo de metal retorcido asoma entre los escombros. Parece el espejo de acero de tu madre.  Tu tía extiende en el suelo un paño que extrae de su pequeña bolsa, coloca un trozo de pan y una cantimplora de agua y te dice:

    — Ven pequeño, vamos a cenar. Ya estamos en casa.

    La miras, permaneces callado. Notas un sabor metálico que te llena la boca. Entonces das rienda suelta a tu desazón y rompes a llorar.  

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