RELATOS DESDE EL BALCÓN

14 Abr

   Relatos desde el balcón es la siguiente actividad online de complemento de la clave Cor-33  que proponen los talleres de escritura de LIBRO VUELA LIBRE a los seguidores de sus cadenas literarias desde Valencia en este tiempo de cuarentena creativa.

Relatos desde el balcón, actividades gratuitas y de libre acceso de la clave Cor 33:

Relatos desde el balcón. Actividades de escritura gratuitas

La elección de un balcón como los que aparecen en esta fotografía será el punto de partida para el siguiente relato de esta serie con clave abierta, pensada para que puedan participar en ella, de forma totalmente libre, todas las personas interesadas en entrenar su imaginación y expresarse a través de la creación literaria en este momento de confinamiento.

Instrucciones para participar en el primer hilo creativo de RELATOS DESDE EL BALCÓN:

Estos relatos desde el balcón que propone nuestro taller de escritura en Valencia para esta cuarentena creativa tendrán como protagonista el balcón que elijas y a un personaje inspirado en alguno de los vecinos o vecinas con los que estás cruzando tu mirada estos días desde el tuyo, a alguno de los desconocidos con los que estás compartiendo unos minutos diarios de aplausos para agradecer a nuestros sanitarios el valioso ejemplo que nos están dando de vocación de servicio y empatía.

Tu relato desde el balcón puede ser creado por ti para que disfrutes de la experiencia de escribirlo en solitario, desde la intimidad de tu casa, o para compartirlo en el apartado de comentarios de esta entrada y hacer posible que otros también puedan leerlo y disfrutar de él, como tú prefieras. Y los tres sencillos pasos que deberás seguir para empezar a escribirlo son los siguientes:

Paso 1: elige al vecino que quieres que sea el protagonista de tu próximo relato.

Paso 2: trata de imaginar qué paisaje urbano o a qué personas ve desde su balcón,  qué siente, qué planes tiene para esa tarde de confinamiento, con quien lo está viviendo, qué está pasando por su cabeza…

Paso 3: cuando sientas que ya has imaginado todo lo que necesitas para convertirlo en tu protagonista, escribe un relato inspirado en él.

Relatos desde el balcón: imaginación frente a confinamiento

Estamos necesariamente confinados, pero hay algo que siempre tiene alas: nuestra imaginación.

En las ciudades nuestro paisaje urbano ha quedado reducido a la vista que ofrece una ventana, un balcón, y nuestra experiencia de confinamiento nos está acercando a la de los pájaros, que dentro de sus jaulas tienen la misma visión que nosotros desde los barrotes de nuestras casas pero, fuera de ellas, no conocen límites en el espacio infinito del aire. Probemos entonces a pensar en un binomio fantástico que una dos palabras aparentemente muy alejadas: libertad y jaula, y en el que la idea resultante sea que ni en la más pequeña de las jaulas se le pueden poner barreras a nuestra imaginación.

Realmente no hay nada que le pueda poner límites a nuestra imaginación salvo nosotros mismos, así que disfruta, en esta semana de necesaria, solidaria y obligada vida interior,  en estos días en los que continúa floreciendo nuestra cuarentena creativa, de esta nueva actividad online de LIBRO VUELA LIBRE con clave abierta para renovar el aire de nuestros balcones y pensamientos.

 

7 comentarios to “RELATOS DESDE EL BALCÓN”

  1. Laura García Rábago 14 de abril de 2020 a 18:21 #

    Parece que los pájaros escuchan nuestra afonía en las calles.
    Que escuchan el eco que rebota en nuestras casas.
    Que nos sienten como una selva sin dueños,
    como un anuncio de paredes con alma.

    O simplemente, ahora, hay matices en su canto.
    En su vuelo sin huella de nosotros.
    En su jaula abierta de silencio.

    Ellos no quieren que les pidamos respuestas.
    Que les pidamos réplicas vacías,
    o consejos de sabios del aire.
    Porque no es el momento.

    Porque puede que ni aun así escuchemos su copla,
    ni percibamos el matiz de su gorgoteo,
    ni el movimiento sincronizado de su risa.

    Quizás estemos en un empeño maldito
    de insistencia en el percibir obligado.
    Y no, parece que no va de eso.

    Parece que el pájaro canta en las horas,
    canta en la mar, canta en el lugar recóndito de tu escondite.
    Canta…
    si tú le dejas cantar.

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  2. J.L.Blanco 15 de abril de 2020 a 11:47 #

    RELATOS DESDE EL BALCÓN J.L.Blanco

    Si se le diera a cada cual a escoger entre su propia destrucción y la del resto del mundo, no necesito adivinar qué decisión tomarían dos de mis vecinos.
    Debo denunciar el verdaderamente infernal sonido de la música electrónica y heavy metal y sobre todo los repetitivos “Resistiré” y “Que viva España” que resuena en las callejuelas de mi ciudad en el día de hoy y que priva a la vida cotidiana de toda tranquilidad y recogimiento como el ruido más irresponsable y perjudicial que existe.
    Estos dos enfrentados energúmenos nos obsequian a diario y a todas horas con su eufórico-patriótica musiquilla que exteriorizan con su intensa excitación y en clara competencia en mostrarnos su exaltación más individualista.
    Considero que nada como el permiso para usar la tecnología para escuchar música, pero también que su mala utilización indica tan claramente el grado de embrutecimiento y de irreflexión que ha alcanzado el género humano.
    Ese ruido repetitivo y dañino paraliza el cerebro, impide la concentración y aniquila cualquier pensamiento. Resulta doloroso para todos los que lleven en su cabeza cualquier asomo de idea y cercena e interrumpe sus actividades mentales.
    La misión de la música, de la buena música es disfrutar del buen instante de recogimiento que alguien pueda estar experimentando en su forzado confinamiento y ayudar a mantener el talante y serenidad necesaria en estos trágicos momentos.

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  3. Isabel Giménez Beút 17 de abril de 2020 a 17:39 #

    DESDE EL BALCÓN DE MI CASA… SERÉ FLOR

    Si salgo al balcón de mi casa para mirar la vida.. me convertiré en flor, pensé para mis adentros.
    Lo tenía claro. Desde mi maceta, podré atisbar la vida de los otros y aportar belleza a los que me miren a su vez desde sus balcones.

    Seré flor del desierto. Como aquella señora mayor que empuja su carro de la compra como si fuera Sísifo condenado a empujar su piedra a lo alto de la montaña, para volver a a verla caer, una y otra vez. Sin desanimarse, sin perder tenacidad.

    O seré Margarita. Como aquella barrendera sencilla que recoge las basuras tiradas de los otros, sin que nadie advierta su presencia, en una tarea callada y poco reconocida. Con sencillez, sin llamar la atención… sirviendo sin ser aplaudida.

    O seré Rosa. Como la cajera del supermercado que sonríe, saluda y repone toda suerte de artículos una y otra vez. Con su buen aroma, aguantando la pequeña espina del trabajo diario… y sin quejarse.

    O seré cactus que resiste la dificultad con poca agua, o seré geranio que alegra la vida a los otros, o seré jazmín… o seré…

    Pero desde el balcón de mi casa… seré flor, para poder aportar al mundo un poco de belleza, un poco de aroma, un poco de fragilidad, algo de ánimo, y sensibilidad.

    Es… lo que puedo aportar.

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  4. Carmela P. 18 de abril de 2020 a 17:39 #

    La niña del tercero

    –¡Mama! ¡Que ya son las ocho!
    –Voy, voy…

    Dejo la novela que estaba leyendo y salgo al balcón como cada día desde hace un mes. Ya no tengo la ilusión ni las ganas de los primeros días. Tampoco la vergüenza extraña de aplaudir que me acudía al principio. El homenaje es para mi profesión y no llego nunca a sentirme merecedora.
    Se ha convertido en una rutina a la que no se puede renunciar por miedo a perder la esperanza, pero mis manos suenan cada vez más grises.
    Luca en cambio aplaude a rabiar. Sonrío viendo su melena despeinada y rebelde. Quería dejarse crecer el pelo como su profesor de guitarra y ahora lo ha conseguido. Sólo ha hecho falta una pandemia para escapar al peluquero.

    Hago recuento mental de vecinos. Mi calle es ancha y veo a los de enfrente a lo lejos. Cuando salimos al balcón nos buscamos con la mirada. No nos conocemos, pero es tranquilizador comprobar que no falta nadie.
    Siempre me encanta ver a una niña de unos 5 años que ha cubierto el balcón del tercer piso con dibujos de arcoíris y unicornios. “Todo irá bien”, repite el colorido mensaje con letras irregulares de quien hace poco que ha descubierto la escritura.

    Hoy miro hacia el balcón de la niña y me quedo helada… suspendida en el aplauso. Han desaparecido todos los dibujos y no hay nadie. Acaban los aplausos y me quedo con la excusa de regar para mirar por el rabillo del ojo. Anochece, y no brilla la luz en esa casa que era espejo de la mía.

    Un poco más tarde cuando acuesto a Luca lo abrazo con fuerza. Las cifras sin cara son más soportables, pero hoy hay un rostro entre esos números inertes que me recuerda que nadie está a salvo.

    –Mama, ¿porqué no ha salido hoy la niña de enfrente?
    –¿Qué niña? –intento disimular.
    –La niña del balcón de los dibujos. Y hoy no estaban los dibujos.
    –No lo sé Luca. Anda, duérmete.

    Al día siguiente me toca trabajar y bien temprano salgo de casa con la identificación colgada al cuello.
    En la sala han habido seis nuevos ingresos y la mañana va a ser larga. Me visto para comenzar las visitas, cuidadosamente, como un ritual, y empiezo por los recién llegados. Me llevan más tiempo y además suelen estar más nerviosos que el resto de los pacientes; el miedo a lo desconocido se suma al miedo a la soledad y la enfermedad.

    La 6 es un ingreso de ayer, una mujer de 36 años con sospecha de COVID. Vino a urgencias tras varios días con fiebre y tos, y llevaba 24 horas con dificultad respiratoria. Tras revisar la historia llamo a la puerta y entro en la habitación.
    –¿Laura García? Buenos días, soy su médico.

    De pronto un estallido de colores llama mi atención. El sol entra por la ventana colándose a través de una docena de arcoíris y unicornios que alguien ha pegado en el cristal. “Todo irá bien” acompaña cada dibujo, con aquella caligrafía infantil que ya conocía.
    –Los pintó mi hija y me ha pedido que los cuelgue aquí para darme suerte.
    Reconozco a la mujer de pelo largo y castaño que acompañaba a la niña en el balcón de enfrente.
    –Son preciosos. Y su hija tiene razón: todo irá bien.

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  5. Andrea V.B. 2 de mayo de 2020 a 12:54 #

    RELATOS DESDE EL BALCÓN

    En esto nos pusimos de acuerdo.
    Después de un tiempo sin mirarnos y hablar lo justo, de criticarnos a las espaldas y menospreciar las ideas del otro.
    Después de esa infinita incomprensión, fuimos uno por otros.
    Era por ellos sí, pero fue por todos.
    Por los que no veíamos,
    por los besos y abrazos que no dimos y
    por las despedidas y encuentros en deuda.

    A las 8 de la tarde podía sentir como sus aplausos jugaban con los míos.
    Siempre recordaré esos minutos…, en el ambiente se palpaba toda diversidad de emociones que se abrazaban, sin tocarse, sin conocerse, a veces incluso sin reconocerse, daba igual.
    Estábamos los unos para los otros, a fin de cuentas, teníamos mucho más en común, inseguridades, responsabilidades e incertidumbres parecidas.

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  1. Historias colectivas on line | Luna de papel :: Talleres Literarios en Valencia - 21 de abril de 2020

    […] debajo de él las líneas con las que quieres contribuir a esta actividad on line grupal, a esta historia colectiva que irá tomando forma con vuestras aportaciones (aporta por lo […]

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