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Enganches cognitivos en el taller de escritura. Clave A79

30 Abr Enganches cognitivos y actividades de la clave A79 en el taller de escritura creativa en Valencia

Enganches cognitivos en el taller de escritura es el título de la clave literaria A79 que, después de nuestras actividades de abril, de los tributos a escritoras japonesas de Valencia Espaciocrea y de las actividades complementarias del resto de programas y cursos de escritura creativa adscritos este año a la liberación de talentos de Libro Vuela libre en Valencia, protagonizarán las próximas actividades de nuestra comunidad literaria. Sigue las instrucciones de tu grupo presencial u online para participar en las próximas dinámicas de grupo para autores en formación de esta fascinante clave.

El juego de las dos caras. Actividades complementarias de la clave A79 en el taller de escritura:

Tarjetas de SITUACIONES

  • entrevista de trabajo
  • reencuentro después de años
  • velatorio
  • fiesta de cumpleaños
  • sala de espera de un hospital
  • primera cita
  • discusión familiar que acaba de terminar
  • entrega de premios
  • confesión inesperada
  • despedida en una estación

Tarjetas de ACCIONES

  • sonríe con educación
  • toma notas con calma
  • sirve café a alguien
  • felicita a un rival
  • firma un documento
  • abraza a una persona
  • cierra una puerta con suavidad
  • brinda por algo
  • ayuda a recoger objetos del suelo
  • se ajusta la ropa frente a un espejo

Tarjetas de EMOCIONES

  • miedo paralizante
  • euforia contenida
  • culpa antigua
  • deseo prohibido
  • rabia que no puede mostrar
  • ternura inesperada
  • vergüenza profunda
  • alivio que intenta ocultar
  • tristeza que no entiende
  • orgullo herido

Enganches cognitivos en el taller de escritura creativa. Piezas textuales de la clave A 79:

La lluvia golpeaba los cristales con una insistencia que a ella le recordaba todo lo que estaba evitando. Sintió un nudo subirle por la garganta, áspero, casi infantil. Quería quedarse quieta, quería no entrar, quería no enfrentarse a nada. Pero prosiguió.

Empujó la puerta del despacho con una seguridad que no sentía. Sus pasos sonaron firmes sobre el suelo de madera y saludó con una sonrisa breve, perfectamente calculada, mientras sus manos buscaban algo que apretar y no encontraban más que aire.

—Buenos días —dijo, con una voz que sonó más estable de lo que esperaba.

Por dentro, la frase era otra: No estoy preparada. No quiero estar aquí. Ojalá pudiera desaparecer un minuto, solo un minuto.

El director levantó la vista. Ella sostuvo su mirada sin pestañear, como si no le temblara el estómago. Se sentó con aparente calma, cruzó las piernas con elegancia y abrió la carpeta como si fuera un gesto automático.

—He revisado el informe —continuó—. Creo que podemos seguir adelante.

Lo dijo con convicción. Lo sintió como una mentira necesaria.

Mientras hablaba, su pie derecho golpeaba el suelo con un ritmo nervioso que intentaba disimular bajo la mesa. Sus dedos, en cambio, permanecían perfectamente quietos sobre el papel, como si fueran de otra persona.